LIBRE ALBEDRÍO Y DESTINO
por Harold Percival
El libre albedrío es una frase que designa la libertad de sentir, desear, pensar o actuar de uno, en oposición a la necesidad inescapable de sentir, desear, pensar o actuar de una manera determinada.
Significa la ausencia de impedimento, restricción y coerción que interferirían con la acción e inacción física, psíquica y mental.
La frase significa que uno puede sentir, desear, pensar y hacer lo que le plazca, y no estar limitado por fronteras ni coaccionado por aguijones.
No solo en esta frase, sino en el lenguaje en general, la palabra voluntad se usa como si fuera diferente de lo que se llama deseo.
Pero la llamada voluntad es un aspecto del lado activo del hacedor-en-el-cuerpo, que es el deseo, nada más que eso.
La voluntad es una de las cuatro funciones del deseo.
El deseo, que es poder consciente, tiene cuatro funciones: ser, querer, hacer y tener.
Querer es la segunda función del deseo; le siguen hacer y tener.
La voluntad es aquel deseo que controla a los otros deseos, ya sea por un momento o por un período largo. Controla en la medida en que puede usar el poder consciente que es el deseo.
Obtiene fuerza mediante el ejercicio, es decir, mediante el desear continuo y prolongado.
Dura hasta que se alcanza su objeto o hasta que es superado por un deseo más fuerte, que se convierte entonces en la voluntad.
La causa o el iniciador de la voluntad es inmediatamente el sentimiento y remotamente el deseo insatisfecho, que es en última instancia el anhelo de perfección y de ser perfecto.
La voluntad se manifiesta mediante un resurgimiento, desde las profundidades internas, de un deseo de alcanzar un fin. Esta manifestación puede durar años.
La voluntad se debilita por la interferencia de deseos contrarios, y se fortalece mediante el ejercicio continuo y al superar y compeler a otros deseos.
La voluntad no es libre, no puede ser libre; está muy condicionada en todo momento.
Cada deseo es voluntad, pero debe designarse como voluntad aquel deseo que en cualquier momento controla al deseo opuesto.
Uno de los deseos como voluntad no siempre controla a los demás deseos.
En ningún momento el ser humano tiene libertad de voluntad, aunque no existan obstáculos físicos para las acciones, deseos y pensamientos.
El ser humano tiene una cantidad limitada de libertad para querer.
Él mismo ha fijado las limitaciones.
En la medida en que él mismo no se ha impedido actuar, desear y pensar, es libre de actuar, desear y pensar.
Todos sus lazos, obstáculos o limitaciones son de su propia creación, pero es libre de removerlos cuando quiere. Mientras no haya ejercido esa libertad, permanecen y lo limitan.
Los ha creado mediante la creación de pensamientos, y la única forma de removerlos es pensando sin crear otros pensamientos.
Los pensamientos pasados se exteriorizan en el cuerpo físico y marcan las limitaciones del cuerpo, que son también limitaciones para la voluntad.
Estas limitaciones físicas se extienden al momento en que comienza la vida, la raza, el país y la nacionalidad, el tipo de familia en la que nace el cuerpo, el sexo, la clase de cuerpo, la herencia física, las principales ocupaciones mundanas, enfermedades particulares, algunos accidentes, los eventos críticos de la vida y el momento y naturaleza de la muerte.
Las limitaciones que una persona ha creado se extienden a su disposición, temperamento, inclinaciones, estados de ánimo y apetitos, que son parte de su naturaleza psíquica, y a su perspicacia, comprensión, razonamiento y otros dotes mentales o a la ausencia de ellos.
Las limitaciones que son obvias, y por lo tanto principalmente las limitaciones físicas, son lo que la gente llama destino o predeterminación.
Debido a que las personas se limitan a sí mismas en sus percepciones y concepciones y por lo tanto ignoran la causa de estos trabas, especulan y las atribuyen a Dios y a la Divina Providencia o al azar.
Todo esto es su problema, nuestro problema, del libre albedrío. Seguirá siendo un problema indisoluble mientras los hombres ignoren su propia naturaleza y sus relaciones con lo que suponen que es una deidad extraña.
Lo que limita su libre albedrío y determina cuándo se precipitará su destino no es ningún ser extraño, sino el pensador del Triuno Yo, de cada uno.
Un ser humano siempre es libre de consentir u objetar a las condiciones en las que se encuentra, incluidas sus condiciones psíquicas y mentales. Incluso si uno de sus numerosos deseos lo fuerza a actuar, puede registrar acuerdo u objeción; es libre de estar de acuerdo u objetar; y esto se debe a otro deseo.
Su libre albedrío se centra alrededor de este punto de libertad, la única libertad que posee.
El punto de libertad es el deseo que él permite que gobierne.
Este deseo es algo psíquico. Al principio es solo un punto. Cada ser humano tiene tal punto de libertad y puede, mediante el pensamiento, extender el punto a un área de libre albedrío.
Originalmente el deseo era indiviso. Eso fue cuando el hacedor, como sentimiento-y-deseo, estaba con el pensador y el conocedor como el Triuno Yo y era consciente de ellos.
El deseo del hacedor era el Conocimiento de Sí Mismo, que era el deseo de su completitud con el Triuno Yo.
Luego llegó el momento en que el sentimiento-y-deseo parecieron separarse y estar en dos cuerpos, el deseo en el cuerpo del hombre y el sentimiento en el cuerpo de la mujer.
Por supuesto, no podía haber una separación real del sentimiento respecto al deseo, pero eso fue lo que mostró el uso de la mente del cuerpo cuando el hacedor comenzó a pensar con la mente del cuerpo a través de los sentidos.
Su pensamiento hizo que el hacedor viera al sentimiento-y-deseo en cuerpos separados el uno del otro y causó una división aparente pero no real, porque no puede haber deseo sin sentimiento ni puede haber sentimiento sin deseo.
El sentimiento-y-deseo estaban en el cuerpo de la mujer, pero el sentimiento dominaba al deseo.
Asimismo, el deseo-y-sentimiento estaban en el cuerpo del hombre, pero el deseo dominaba al sentimiento.
El pensamiento continuo con la mente del cuerpo prevaleció e hizo que el deseo de sexo se separara del deseo de Conocimiento de Sí Mismo.
Así, el deseo de sexo se exilió a sí mismo de la Luz Consciente (Conscious Light) en el Triuno Yo, y entró en la oscuridad de los sentidos.
Así, el hacedor perdió el uso libre de la Luz Consciente para hacerle conocida su relación con su pensador y conocedor.
El deseo de sexo se separó así del deseo de Conocimiento de Sí Mismo.
El deseo de Conocimiento de Sí Mismo nunca ha cambiado y nunca se puede hacer que cambie. Ese deseo de Conocimiento de Sí Mismo aún persiste en el ser humano.
Pero el deseo de sexo ha continuado dividiéndose y multiplicándose en innumerables deseos.
La multitud de deseos está toda alineada y dispuesta bajo el mando general de los cuatro sentidos [Percival considera el tacto como parte del sentimiento, el polo receptivo del deseo-y-sentimiento.—Ed.].
Se adhieren a objetos de uno u otro de los cuatro sentidos, con el propósito directo o remoto de gratificar, atender o servir a su deseo principal, el deseo de sexo. Todos estos deseos están adheridos, se han adherido a sí mismos, no son libres.
Sin embargo, tienen el derecho y el poder de permanecer adheridos o de liberarse de las cosas a las que están adheridos.
Ningún deseo individual, ni los deseos combinados de todos los demás poderes pueden compeler al menor de los deseos a cambiarse a sí mismo.
Cada deseo tiene el derecho y es el poder de cambiarse a sí mismo, y de hacer o ser lo que él mismo deseará hacer o ser.
Ese deseo puede ser dominado por un deseo más fuerte, pero no se le puede hacer cambiar ni hacer o ser nada hasta que él mismo quiera cambiar y hacer o ser.
En ese derecho y poder se constituye su propio libre albedrío.
El único deseo que es real y verdaderamente libre es el deseo de Conocimiento de Sí Mismo, de conocimiento del Triuno Yo.
Es libre porque no se ha adherido a nada y quiere no estar adherido a nada.
Y como es libre, no interferirá con el derecho de ningún otro deseo de adherirse a cualquier cosa. Por lo tanto, es libre.
Ni uno solo de los innumerables otros deseos es libre, porque todos han elegido adherirse a los objetos a los que están adheridos y a los cuales eligen permanecer adheridos.
Pero cada uno tiene el derecho y es el poder de soltar aquello a lo que está adherido; y entonces puede adherirse a cualquier otra cosa, o puede permanecer desadherido y libre de cualquier cosa, según lo quiera.
Cada deseo, por lo tanto, es su propio punto de libertad.
Permanece como el punto, o puede extender su punto a un área.
El deseo más fuerte controla al más débil y así extiende su punto a un área, y a medida que continúa controlando a otros deseos, extiende su área de control, y puede continuar dominando a otros deseos hasta que tiene voluntad o control sobre una vasta área propia y sobre los deseos de otros hacedores.
Y sin embargo, esa voluntad dominante no es libre.
No es libre porque los deseos que controla no son libres, y no son libres si están controlados: porque si son libres actúan de acuerdo, cada uno por su propia voluntad, y no son controlados.
El deseo dominante como la voluntad no es libre meramente por dominar a los otros deseos.
La prueba de su libertad como punto, o su extensión a un área es: ¿está ese deseo adherido a algo de alguna manera relacionado con los sentidos?
Si está adherido, no es libre.
¿Cómo extiende entonces su punto de libertad de voluntad a un área de voluntad, un dominio donde controla no solo sus propios deseos sino los deseos de otros?
Quiere, y puede extender su voluntad sobre sus otros deseos, mediante el pensamiento.
Meramente deseando, ningún deseo puede extenderse para controlar a otros deseos. Pero si es lo suficientemente fuerte, compelerá al pensamiento.
Mediante el pensamiento continuo, el deseo se extiende como voluntad.
La voluntad se incrementa con el ejercicio. Se ejercita mediante la persistencia en el esfuerzo de pensar, la persistencia contra y sin importar todos los obstáculos o interferencias al pensamiento.
Mediante la persistencia en el esfuerzo de pensar, los obstáculos se superan y las interferencias desaparecen.
Cuanto más continúa pensando el hacedor, mayor será su voluntad sobre sus otros deseos.
Su poder para pensar y controlar sus propios deseos determinará el dominio de su voluntad sobre los deseos de otros hombres.
Sin embargo, ese deseo dominante, aunque tiene dominio sobre la voluntad de otros, no es realmente libre.
Ese deseo ha aumentado su poder por su voluntad de pensar; solo así su pensamiento ha aumentado su poder de desear, de querer.
Cada uno de los deseos sobre los cuales ha ejercido su voluntad y extendido su dominio está controlado, pero no cambiado.
Cada uno de tales deseos permanecerá como está hasta que quiera cambiarse a sí mismo o cambiar otras cosas. Y el único medio que tiene cualquier deseo de cambiarse a sí mismo es pensando, pensando para lograr lo que quiere.
Cada deseo quiere conocimiento, conocimiento de cómo obtener o ser lo que quiere tener o ser.
Los muchos deseos continúan deseando, pero no piensan. Si no piensan, son controlados por un deseo dominante que sí piensa.
Y debido a que el deseo que sí piensa se niega a pensar sobre lo que es y por qué está adherido a cosas fuera de sí mismo, se adhiere a objetos que no continúa queriendo después de estar adherido.
Cuando se cansa de una cosa, cambia a otra y a otra y nunca está satisfecho. La razón por la que nunca está satisfecho y nunca puede estar satisfecho con ninguna de sus adhesiones es que ha perdido partes de sí mismo, y es vagamente consciente de que está perdido para ellas.
Y no estará ni podrá estar satisfecho hasta que todos los deseos del deseo original vuelvan a ser un deseo indiviso.
Por lo tanto, como tiene miedo o se niega a pensar sobre sí mismo, se adhiere a esta cosa y a aquella otra con la esperanza de que finalmente ha encontrado una parte de sí mismo que se había perdido.
Pero ninguna cosa a la que pueda adherirse puede ser también una parte de sí mismo.
E incluso cuando un deseo piensa, no pensará sobre sí mismo.
¿Por qué? Porque si realmente ha hecho el intento, descubre que tan pronto como intenta pensar sobre lo que es o quién es, debe soltar los objetos a los que está adherido.
Entonces el esfuerzo lo cansa, o tiene miedo de perderse si suelta las visiones y los sonidos.
¿Por qué sucede esto? Sucede porque desde los primeros años se le ha enseñado a usar la mente de los sentidos, la mente del cuerpo.
La mente del cuerpo puede pensar solo sobre los sentidos y los objetos o cosas relacionadas con los sentidos; no puede pensar sobre el deseo o sobre el sentimiento excepto en los términos de los sentidos.
Para pensar sobre el sentimiento o sobre el deseo excluyendo los sentidos, la mente del cuerpo debe ser inactivada, apaciguada.
Si o cuando el deseo hace un esfuerzo por pensar sobre sí mismo, debe ser un esfuerzo largo y persistente, y el esfuerzo debe repetirse una y otra vez, porque ese esfuerzo está llamando a la acción a la mente del deseo, que ha estado durmiente, inactiva, excepto cuando es movida por la mente del cuerpo que entonces recurre a ella para obtener más Luz en su pensamiento.
Sería demasiado esperar que el sentimiento o el deseo usen la mente del sentimiento o la mente del deseo para excluir a la mente del cuerpo de su pensamiento.
Por lo tanto, cuando un deseo piensa sobre sí mismo, déjesele pensar sobre sí mismo en relación con la cosa a la que está adherido. Con persistencia, el pensamiento mostrará a ese deseo lo que es esa cosa.
Tan pronto como el deseo es consciente de lo que es esa cosa, el deseo sabe que esa cosa no es lo que quiere. La soltará y nunca más se adherirá ni podrá ser adherido a esa cosa. Ese deseo queda entonces libre de esa cosa.
¿Qué sucedió durante el pensamiento para liberarlo de su adhesión?
El pensamiento es el sostén firme de la Luz Consciente interna sobre el sujeto del pensamiento. Al pensar solo con la mente del cuerpo, la mente del cuerpo puede mostrar mediante su Luz lo que los sentidos muestran que es la cosa.
Esa Luz no muestra ni puede mostrar lo que las cosas realmente son.
Pero cuando un deseo vuelve su pensamiento sobre sí mismo en relación con la cosa que quiere, entonces la mente del deseo y la mente del sentimiento enfocan la Luz Consciente sobre ese deseo y sobre la cosa que el deseo quiere o a la que está adherida.
Y el deseo de inmediato la suelta y se niega a volver a estar adherido jamás, porque ese deseo sabe entonces que no quiere esa cosa.
El hacedor en un ser humano para quien ciertas cosas no tienen atracción, ha sido liberado de las adhesiones de sus deseos a esas cosas por este proceso de pensamiento en una existencia anterior.
Pero entonces los deseos que se han liberado a sí mismos pueden adherirse a otras cosas.
¿Cómo, entonces, puede el deseo que se libera de una cosa permanecer libre de todas las demás cosas? Esto es de verdad importante.
Se hace de esta manera: cuando el deseo adherido quiere y piensa sobre sí mismo, está actuando sobre su punto de libertad. Está pensando para saber qué es y cuál es su relación con la cosa de su adhesión.
Desea saber. Muy bien. Entonces déjesele identificarse como el deseo de conocer la cosa de su adhesión.
Y déjesele al mismo tiempo relacionarse en el pensamiento con su otro deseo, "el deseo de Conocimiento de Sí Mismo".
Que el deseo de conocer persista entonces en pensar sobre la cosa de su adhesión y su relación con el deseo de Conocimiento de Sí Mismo, hasta que la Luz Consciente se enfoque sobre la cosa de su adhesión.
Tan pronto como la Luz Consciente muestra esa cosa tal como es, el deseo la conoce y sabe que es libre.
Entonces el deseo libre pensará en el deseo de Conocimiento de Sí Mismo y se relacionará o de inmediato se identificará con o como el deseo de Conocimiento de Sí Mismo.
Cuando esto se hace, el ser humano en quien está ese deseo tiene una aceleración de vida gozosa y experimenta un nuevo sentido de libertad.
Cuando el punto de libertad se ha identificado a sí mismo con o como el deseo de Conocimiento de Sí Mismo, hay un área de libre albedrío, y mediante una liberación similar de sus otros deseos de sus adhesiones, el área se puede extender para incluir toda la atmósfera noética del ser humano.
En el presente, los seres humanos tienen solo el punto de libertad; no lo extienden a un área de libre albedrío.
El libre albedrío será un problema hasta que los hombres entiendan que un ser humano es un ser humano de un hacedor y que el hacedor es una parte integral pero imperfecta de un Triuno Yo inmortal y de otro modo perfecto.
El libre albedrío está estrechamente relacionado con el destino noético.
El hacedor, desde las profundidades o alturas de su propio ser interno, proyecta una porción de sí mismo en un cuerpo de carne que se mueve entre otros cuerpos de carne en un mundo objetivo.
Los cuerpos son movidos por los cuatro sentidos, que también pertenecen a la naturaleza. Los cuatro sentidos son atraídos o repelidos por objetos de la naturaleza.
Los principales entre estos objetos son otros cuerpos de carne.
Los cuatro sentidos, que son elementales, unidades de la naturaleza, impersonadas en un cuerpo y uncidas a sus sistemas y órganos, juegan sobre los sentimientos de la porción encarnada del hacedor y producen las ilusiones de que el hacedor es los sentidos, que el sentimiento es un quinto sentido, que el cuerpo es el hacedor, que el hacedor no es nada si no está conectado con una persona o cuerpo, que los sentidos son la prueba de la realidad, y que lo que los sentidos no perciben es inexistente.
Los cuatro sentidos rodean de glamour a los otros cuerpos de carne que luego excitan amor y odio, codicia y crueldad, orgullo y ambición.
Los cuatro sentidos intensifican el hambre de alimento, que es el hambre de la naturaleza por la circulación. Los cuatro sentidos no muestran al hacedor la naturaleza como realmente es; esconden la naturaleza y proyectan un glamour sobre ella.
El ser humano está así en la ignorancia de su naturaleza real, de la organización de la cual es parte, de su constitución, de su origen y de su destino.
En un ser humano, lo esencial es la porción del hacedor, el sentimiento-y-deseo, que se proyectan periódicamente desde la parte del hacedor del Triuno Yo hacia un cuerpo de carne para una vida en la corteza terrestre.
El hacedor en el ser humano se extiende hasta lo más íntimo de la naturaleza, y más allá de la naturaleza hasta el conocedor y la Inteligencia.
El sentimiento-y-deseo son lo esencial del ser humano en la tierra; persisten después de la muerte del cuerpo y a través de la vida de otro y de otros cuerpos.
La sucesión de los seres humanos de un hacedor constituye las doce porciones del hacedor [fases en el ciclo de una a la siguiente encarnación física del Ego, y el hacedor entero es una de las tres partes del Triuno Yo.
Una vida en la tierra es parte de una serie, como un párrafo en un libro, como un paso en una procesión o como un día en una vida.
La noción del azar y la de una sola vida en la tierra son dos de los errores sobresalientes de los seres humanos.
El ser humano ve solo un aspecto exterior de una pequeña sección de la historia del hacedor, tal como se presenta en la vida de ese ser humano.
No ve las conexiones que, si las viera, aparecerían como causas productoras de lo que muestra la sección transversal.
Por lo tanto, no tiene una explicación de lo que ve y siente como las limitaciones físicas, psíquicas y mentales de su ser, y por eso usa términos como azar, accidente y Providencia para dar cuenta del misterio.
Pero esta cuestión dejará de ser problemática cuando el hombre sepa más sobre sí mismo y entienda que su destino está en sus propias manos.
De la Revista Rayos de la Rosacruz de marzo/abril del 2002, traducida en amoroso servicio por la Fraternidad Rosacruz de Mexico.