EMOCIÓN E INTELECTO
Por W. A. Rowdon
Una de las mayores atracciones y ventajas reales de la filosofía es el gran valor que posee como refugio para la mente.
Cuando una persona ha trabajado intensamente, ha soportado las tensiones y aflicciones de la vida cotidiana y se encuentra cansada, su mente se vuelve con alegría hacia el consuelo y la ayuda que ofrece la filosofía.
Entonces, aquellas cosas que parecían cubrir el horizonte con una oscura sombra de duda y temor disminuyen de importancia, y la vida adquiere un aspecto más alentador.
La filosofía es universal en su aplicación.
La persona intelectual necesita una filosofía que le proporcione una explicación racional e incluso científica de los misterios de la existencia.
También exige una explicación semejante para la religión.
Para ella, la fe es una cuestión de conocimiento.
La persona emocional, por otra parte, busca una apelación al corazón más que al cerebro.
No le preocupa tanto conocer las causas exactas de un acontecimiento o una afirmación como experimentar el valor emocional que contienen.
La primera se interesa por la causa física de un milagro; la segunda aprecia el asombro y la belleza que acompañan su manifestación.
La persona intelectual ayudaría a un semejante principalmente porque considera tal acción acorde con su comprensión racional de la relación entre los seres humanos.
La persona emocional actuaría movida por la simpatía sincera y el deseo genuino de aliviar el sufrimiento ajeno.
La persona compasiva, que siente amor por todas las criaturas de Dios y considera que nada es demasiado pequeño o insignificante para recibir ayuda, constituye un hermoso ejemplo de desarrollo humano.
Cada rasgo de su rostro se convierte en la expresión visible de una gracia espiritual. Verdaderamente, el espíritu moldea la carne para que refleje sus propias cualidades.
En la época actual, el intelecto y los logros materiales que de él se derivan parecen ocupar el lugar principal.
Es cierto que el desarrollo intelectual constituye un excelente medio para adquirir ciertas cualidades importantes del alma.
Sin embargo, la historia de quienes han desarrollado exclusivamente el intelecto y la voluntad, descuidando la emoción y la intuición, suele terminar en tristeza, desilusión y esterilidad espiritual.
Por otra parte, quienes cultivan solamente las emociones y descuidan la disciplina de la voluntad y del intelecto están igualmente expuestos a sufrir decepciones y sufrimientos.
Por ello, la Filosofía Rosacruz sostiene que el ideal consiste en desarrollar un carácter equilibrado: ni excesivamente intelectual ni excesivamente emocional.
Tal equilibrio constituye uno de los principios fundamentes para el desarrollo Espiritual.
Traducido en amoroso servicio de la Revista Rayos de la Rosacruz de Junio de 1915, por la Fraternidad Rosacruz de Mexico.