LA ASUNCION DE LA SANTISIMA VIRGEN
Como se ha insinuado hasta ahora, al completar su misión terrenal, la santa Virgen fue elevada fuera de la corriente de vida humana y trasladada a la evolución angélica.
Toda su vida había sido una preparación para esta Traslación, y Gabriel, el Príncipe de los Ángeles, fue su maestro y guía desde la más tierna infancia, preparándola para su exaltado destino.
Su Traslación al reino angelical es conocida en la Iglesia como la Asunción, y está muy bellamente descrita en las leyendas de la Iglesia. Sin embargo, su pleno significado esotérico se ha perdido desde los primeros días del Cristianismo.
Aunque la santa María se ha convertido ahora en una con las huestes angélicas, continúa trabajando con la tierra y su humanidad. El centro desde el cual se difunde su obra es la Jerusalén celestial, el lugar de gloria vislumbrado por Juan en su Apocalipsis.
La Jerusalén celestial, que brilla en los mundos celestiales sobre su contraparte terrenal, es el hogar de la verdadera Iglesia esotérica. Es el Templo iniciático del Cristianismo Místico.
Fue a este lugar glorioso donde María fue inducida por el Maestro Jesús en el momento de la Asunción.
Él le ordenó: "Asciende para que veas lo que hay en los cielos". María ascendió entonces a través del Segundo y Tercer Cielo, donde vio multitudes de Ángeles y los escuchó cantar: "Santo, santo, santo, Señor de los ejércitos".
"Sobre el Tercer Cielo pasó por la gran puerta para entrar en la Jerusalén celestial. Hay doce puertas en esta ciudad cuadrangular.
Estas doce puertas están decoradas con toda clase de piedras preciosas y al lado de cada puerta hay uno de los Apóstoles, y sobre cada puerta está escrito el nombre del Apóstol que se sienta junto a ella, y junto a cada puerta hay multitudes de Ángeles cantando alabanzas".
Si bien gran parte del material anterior está extraído de leyendas que han surgido alrededor de la Bendita Señora en el curso de los siglos y, por lo tanto, pueden estar fuera del ámbito de los hechos históricos estrictos, no obstante, son portadoras de verdades espirituales y pueden servir mucho mejor para revelar la vida interior y la alta misión de esta alma exaltada que los meros detalles pertenecientes únicamente a eventos externos experimentados en la rutina diaria de su vida personal.
Pero con respecto al trabajo del Templo en el plano interno del que hablan estas leyendas, no tenemos una mera representación simbólica de los estados del alma, sino una relación literal de actividades reales que son directamente reconocibles por todos aquellos que han desarrollado lo suficiente sus facultades del alma como para poder funcionar conscientemente en los planos internos y traer el recuerdo de ellos a su conciencia ordinaria y despierta.
Es el testimonio vivo de los Videntes de nuestro tiempo el que sella con autoridad las verdades esenciales incorporadas en las leyendas poéticas de los primeros siglos.
No deben ser aceptadas sobre la base de evidencia documental, pues, es admitido, no existe ninguna.
Hoy, como en la época de María, las santas estaciones del año se celebran en la Jerusalén celestial.
Estas no son "festivales" en el sentido ordinario de la palabra, es decir, no son meros tiempos de festejos. Sirven a una función definida en el mundo del alma de nuestro planeta.
Los Hierofantes en los Misterios están allí, y muchas almas todavía en la vida terrenal asisten en completa consciencia de vigilia, viajando allí en sus propios "carros de luz", como lo hicieron los antiguos discípulos, y participando en el trabajo de transferir la energía divina del cielo a la tierra
Esta Jerusalén celestial, y el trabajo que se lleva a cabo dentro de sus confines, constituyen el prototipo del Castillo del Santo Grial, y las Fiestas Sagradas son los Ritos de Iniciación mediante los cuales el mundo es continuamente nutrido y reavivado.
Muchas almas aspirantes y calificadas que todavía están en vida física son elevadas a los reinos celestiales durante las Sagradas Estaciones para conocer y participar de estas glorias espirituales.
El siguiente relato describe además tales festividades en el plano interno.
"Cuando la Santa María llegó a la Jerusalén que está arriba, vió que estaba adornada con todo tipo de decoraciones hermosas.
Vió que doce muros la rodeaban y que estos muros estaban construidos de oro fino, y sus piedras eran de perla y todas emanaban rayos de luz.
Al entrar por la primera puerta, muchos de los profetas estaban allí y se inclinaron en homenaje ante ella. En la segunda puerta fue recibida por los Querubines y en la tercera puerta por los Serafines.
Cuando pasó por la cuarta puerta, las Potestades la saludaron, y mientras caminaba por la quinta puerta, los espíritus del trueno y el relámpago se inclinaron ante ella.
Cuando pasó por la sexta puerta, vio y oyó por todos lados el sonido de Seres cantando: "Santo, Santo", y vio la fortaleza (santuario) que no puede ser tocada por el hombre (conocimiento humano).
"Cuando entró por la séptima puerta, los espíritus del fuego y la llama se inclinaron en adoración ante ella. Cuando llegó a la octava puerta, el Espíritu de la lluvia y el rocío le rindieron homenaje.
Cuando entró por la novena puerta, los espíritus de los vientos juntos se inclinaron ante ella."
Esta parte de la leyenda se refiere a la capacidad del Iniciado para controlar los cuatro elementos del mundo físico en su aspecto espiritual, que es uno de los secretos de la creación conocidos por los dioses.
Los elementos terrenales son simbolizados como Fuego, Tierra, Aire y Agua por los antiguos Iniciados, pero debemos entender por estos términos los elementos atómicos primordiales que componen nuestro universo objetivo.
La leyenda continúa.
"Cuando caminó por la décima puerta, los (Ángeles y Arcángeles del) Sol y la Luna le rindieron homenaje. Cuando entró en la undécima puerta, los Apóstoles se inclinaron en adoración ante ella."
En la gloria final de la Asunción, el Señor Cristo elevó a María para pasar por la puerta que ninguno (de la humanidad) ha pasado todavía.
Esto la condujo al Reino de Dios, donde participó de la religión del Padre, que es el siguiente Grado exaltado que espera a aquellos que han aprendido a conocer y vivir la religión del Cristo.
"Y Él le mostró allí el Reino de los Cielos y las cosas que son secretas", los placeres que están ocultos en el Reino, "Que no pueden ser dichos por la boca ni pronunciados por la lengua.
Vio las mansiones del esplendor, cuyo deleite nunca ha entrado en el corazón del hombre para imaginar. Y vio allí aquello que el ojo del hombre no puede mirar y que el hombre no puede describir ni manifestar".
Referencia Bibliográfica
“Vida Misión de la Bendita Virgen Maria”. (Corinne Heline)
Páginas 117-122.
En Amoroso Servicio
Centro de Estudios de la Sabiduría Occidental México.