HACER EL BIEN NUESTRA RELIGION




CENTRO DE ESTUDIOS DE LA

SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO


HACER EL BIEN ES NUESTRA RELIGIÓN.

CARTA MENSUAL AL ESTUDIANTE.

Julio de 1994.

Estimado (a) amigo (a):

Aunque nuestros miembros pertenecen a muchas variedades de iglesias cristianas, y están así contribuyendo con sus comunidades y vida familiar mediante ésta afiliación, es también nuestra creencia de que la verdadera religión enseña una vida bella en armonía con las leyes de la naturaleza, y en el silencio de nuestros corazones vamos más allá de los credos y de los dogmas, y decimos "HACER EL BIEN ES NUESTRA RELIGIÓN".

En la "Leyenda" Hermosa de Longfellow, leemos acerca de un monje que tuvo una visión del Cristo.

Extasiado con pura delicia deseaba quedarse con las vibraciones celestiales, pero sabía que esa era la hora en que los pobres hambrientos estarían aguardando alrededor de la puerta del convento por alimento, y él era aquel cuyo deber era atenderlos.

Después de una corta lucha con su consciencia, en la cual triunfó su naturaleza superior, se levantó por encima de su deseo de quedarse en las vibraciones celestiales que así llenaban su ser de alegría y arrobamiento, y alimentó a la hambrienta multitud en la puerta del convento.

Después de hacerlo así, retornó a su celda. La Visión Celeste estaba todavía allí, y oyó decir al Cristo:

"Si te hubieses quedado, debí haber desaparecido".

Es muy fácil citar la Escritura y desear elevarse a las sublimes alturas pero desear escapar de nuestros deberes cotidianos es una equivocada idea de servicio.

Estamos colocados exactamente donde estamos con el fin de que podamos tener ciertas experiencias y trasmutarlas en crecimiento anímico.

Cristo Jesús no vivió sobre la cumbre de una montaña, aunque hubo veces en que tuvo que retirarse de la multitud.

Nosotros también debemos entrar en el silencio a veces, y comunicarnos con el Espíritu con el fin de estar lo mejor capacitados para enfrentar los problemas de la vida, porque no debemos evadir las tareas que son puestas ante nosotros.

Nosotros, los que estamos estudiando la Filosofía Rosacruz, somos un pueblo puesto aparte, y nuestra responsabilidad es, por lo tanto, grande.

La espiritualidad siempre significa sacrificio.

No ayudará ni al mundo ni a nosotros que nos llamemos estudiantes de estas verdades más elevadas, y luego ser perezosos en el desempeño de nuestras tareas cotidianas.

Cuando nos volvemos negligentes con nuestros deberes merecemos el reproche de la comunidad.

Tal conducta se refleja sobre nosotros y las más elevadas enseñanzas que estamos esforzándonos por divulgar. Debemos enseñar con el ejemplo, siendo siempre útiles, y enviando pensamientos amorosos a aquellos que abusan de nuestra paciencia, porque la Hermandad Universal nunca puede ser realidad si amamos únicamente a aquellos que nos aman.

Debemos tratar de sentir lo mismo hacia aquellos que no nos demuestran ni cortesía ni bondad, como lo hacemos con aquellos que nos aman y cuidan de nosotros.

La oportunidad está siempre dondequiera en los pequeños deberes de cada día, mediante la ejecución de los cuales estamos preparándonos para más altas responsabilidades.

Ningún servicio es bajo, ningún trabajo es vil, cuando El MOTIVO ES EL AMOR.

Estamos colocados allí con un propósito especial. Ninguno puede hacer nuestro trabajo por nosotros.

Actuando así, rectamente, tejemos nuestro dorado vestido de bodas, el cuerpo anímico.

Después de que éste es tejido, el velo que separa al espíritu de la materia es levantado y las más elevadas esferas se vuelven claras ante nuestra visión.

Existen ideales elevados, pero apuntamos a los más elevados y nobles, y aunque podamos fracasar en alcanzar

nuestros ideales, seremos mejores para la aspiración.

Fraternalmente,

LA FRATERNIDAD ROSACRUZ

Departamento Esotérico.


En Amoroso Servicio

El Centro de Estudios de la Sabiduría Occidental Mexico

LONGFELLOW.

"La bellísima leyenda".

"Solo en su aposento, arrodillado en las losas, el monje, muy contrito, estaba rezando, acusándose de sus pecados de indecisión, y pidiendo fuerzas para un mayor altruismo y para poder resistir las pruebas y tentaciones; era la hora del medio día y el monje estaba solitario.

De repente, como un relámpago, un esplendor inusitado brilló dentro y fuera de él llenando de gloria su estrecha celda de piedra.

Y vio la Bendita Visión de Nuestro Señor, rodeado de luz celestial que le envolvía como si fuera una vestidura y como un vasto manto que le rodease.

"Este; sin embargo, no era el Salvador doliente, sino el Cristo dando de comer a los hambrientos y curando a los enfermos.

"En actitud implorante y con las manos cruzadas sobre el pecho, maravillado, admirado y en adoración, estaba el monje arrodillado y en profundo éxtasis.

"Y durante esta exaltación oyó de repente la llamada de la campana del convento, que sonaba con tal vehemencia y estridencia del patio al corredor, como nunca lo había oído antes."

La campana sonaba llamándole para cumplir con su deber de dar de comer a los pobres, como Cristo lo había hecho, porque él era el limosnero de la comunidad.

"Entonces su adoración se llenó de tristeza y vacilación, no sabiendo si debía marcharse o quedarse. ¿Dejaría a los pobres hambrientos que le esperasen a la puerta del convento hasta que la Visión hubiese pasado?

¿Debería abandonar a su visitante celeste para acudir a unos harapientos mendigos que en salvaje tropel le esperaban en el portal?

¿Es que la Visión permanecería allí, o volvería después?

Entonces una voz en su pecho susurró, muy claramente perceptible, como si entrase por los oídos:

"Haz tu deber que es lo mejor, y deja lo demás en manos del Señor."

"En el acto se levantó, y con suplicante mirada se inclinó ante la Bendita Visión, y despacito salió de su celda para cumplir con su santa misión.

"En el portal estaban los pobres esperando, con aquel terror en la mirada que sólo se nota en los que, estando en la miseria, ven que se les cierran todas las puertas y que nadie hace caso de ellos, pero que se hacen familiares tanto con la desgracia como con el sabor del pan que los hombres les dan.

Pero hoy, sin saber por qué, les pareció que las puertas del convento se abrían como si fueran las del paraíso, y el pan y el vino les pareció un divino sacramento.

El monje, interiormente, estaba rezando y pensando en los sufrimientos de los pobres sin hogar que sufren y aguantan lo que vemos y lo que no vemos, y la voz interna le decía:

"¡Aquello que hayas hecho al más pobre y miserable de los míos, es como si me lo hubieras hecho a mi!"

"¡A mi", pero ¿si la Visión se le hubiese presentado en forma de un mendigo harapiento, la habría recibido de rodillas y en adoración, o acaso se habría separado de ella mofándose?

"De este modo su conciencia le interrogaba con sutiles sugestiones, cuando él con paso rápido volvía hacia su celda; y viendo que todo el convento estaba lleno de una luz sobrenatural, como si una nube luminosa se extendiese por los techos y los suelos.

"Y en el umbral de su puerta se quedó inmóvil de espanto, viendo que la Visión aún estaba allí, tal como él la había dejado cuando la campana del convento le llamó para dar de comer a los pobres.

Durante toda su ausencia le había estado esperando, él sintió arder su corazón, comprendiendo todo su significado, cuando la Bendita Visión le dijo de este modo: "¡Si tú te hubieses quedado, yo me hubiera ido!".

En Amoroso Servicio

El Centro de Estudios de la Sabiduría Occidental Mexico