EVOLUCION DESDE EL PUNTO DE VISTA ROSACRUZ
POR AUGUSTA FOSS DE HEINDEL
FRATERNIDAD ROSACRUZ DE MEXICO
CENTRO DE ESTUDIOS DE LA SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO
POR AUGUSTA FOSS DE HEINDEL
FRATERNIDAD ROSACRUZ DE MEXICO
CENTRO DE ESTUDIOS DE LA SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO
EVOLUCION DESDE EL PUNTO DE VISTA ROSACRUZ
POR AUGUSTA FOSS DE HEINDEL
Traducido por la Fraternidad Rosacruz de Mexico
Rafael Iñiguez Herrera
«Para mayor gloria de Dios y salvación de la humanidad».
CAPÍTULO I
PERÍODOS PREHISTÓRICOS
Cuando miramos a la bóveda celeste estrellada, podemos ver un cuadro que inspira reverencia y cuanto más lo contemplamos, mayor es el número de estrellas que se presentan ante nuestra vista.
Entre ellas existen dos estrellas brillantes llamadas por los astrónomos las "lámparas de la noche".
Están siempre girando en torno a la Estrella del Norte o Polar, la guía del marinero. Estas dos estrellas son las principales de un grupo llamado Ursa Mayor (Osa Mayor) y están siempre apuntando la dirección hacia la Estrella Polar, que está casi estacionaria y, por esta razón, es más digna de confianza, pues es una amiga que da la dirección que el navegante debe seguir.
Admiramos el esplendor de estas estrellas brillantes, y nuestros ojos inmediatamente comienzan a localizar la figura de la Osa Mayor, de la cual son una parte.
Si miramos a través de un telescopio hacia las estrellas que admiramos, nos perderemos en un sistema de estrellas y mundos; mundos con los que el hombre jamás soñó y que son, muchas veces, mayores en tamaño que nuestra minúscula Tierra.
A medida que desarrollamos instrumentos más potentes y las lentes nos llevan más lejos, hacia las profundidades del espacio, el panorama se vuelve cada vez más sorprendente.
Si un instrumento hecho por el hombre tiene el poder de penetrar mucho más lejos que su limitada visión física, imaginemos cuán mayor debe ser el cuadro del universo de Dios para el hombre que puede viajar a través de estas grandes distancias.
Para el Adepto no existe distancia física.
El simple pensamiento lo llevará en alas espirituales a visitar un planeta o un mundo, y su penetración en esos espacios dependerá solamente de su desarrollo.
A medida que crece en conciencia espiritual, aumentará su poder de penetrar a través del espacio y los cuadros se volverán más comprensibles.
El hombre de mente materialista cree que todo aquello que ve con sus ojos (la belleza de la naturaleza que lo rodea en el mundo material, las montañas, los árboles, las flores, el brillo del sol, las nubes) son hechos físicos que existen en su mundo.
No puede concebir nada más allá de lo que puede ver, sentir u oír.
Incluso la vida que se presenta a través del telescopio, la acepta como parte de su minúsculo universo.
Es incapaz de reconocer la magnitud del mundo de Dios; no puede entender su grandeza, pues solo admite y valora las cosas que añaden comodidad y placer a su vida.
El astrónomo, con sus maravillosos instrumentos, es incapaz de conocer todos los mundos o asegurar que estos mundos estén habitados.
Cree que Marte está habitado, pero todos los intentos de comunicación con este planeta han fallado.
Sin embargo, es en la gran galería de imágenes de Dios donde estamos más interesados. Tocamos y admiramos los cuadros de la naturaleza, tal como el hombre los ve con sus ojos y con la ayuda del telescopio.
No obstante, los cuadros más maravillosos son los contemplados a través de una visión mucho más confiable que aquella que el hombre no consigue desarrollar con sus instrumentos.
Es una visión que está latente en él y que puede volver a desarrollar.
Esta es la visión que poseía en los primeros períodos de su existencia y que, después, fue empañada por el denso velo de la materia.
Esta visión espiritual es la que el ego poseía cuando, como un espíritu virginal, fue diferenciado en Dios.
El hombre tiene conocimiento del recto vivir y es capaz de estudiar los siete mundos y sus métodos de desarrollo evolutivo.
Si domina estas verdades, no teórica sino prácticamente, y hace de ellas una parte de su vida, viviéndolas, conseguirá remover lentamente los velos que, en su inmersión en la materia, atrajo hacia sí mismo.
Gradualmente, recuperará su estado espiritual y estará capacitado para ver las imágenes en la gran galería de Dios, a la cual llamamos Memoria de la Naturaleza.
Esta verdadera galería de imágenes de Dios se encuentra en la subdivisión más elevada de la Región del Pensamiento Concreto.
Para ser capaz de contemplar la gran pantalla cinematográfica del mundo y la luz en esta región, es necesario que el hombre pase a través de varias Iniciaciones.
Su desarrollo le permitirá, entonces, investigar este panorama de la creación, que está en movimiento; los cuadros de la naturaleza están siempre en movimiento.
Las películas modernas son una maravillosa imitación de lo que el hombre altamente desarrollado ve en los registros del universo.
Nuestros amados Hermanos Mayores, a través de este método de leer en la Memoria de la Naturaleza, han sido capaces de transmitirnos las grandes verdades contenidas en el "Concepto Rosacruz del Cosmos".
Max Heindel, haciendo los sacrificios necesarios y viviendo una vida de pureza y de servicio amoroso, fue capaz de remover los velos que oscurecían su visión espiritual y, con la ayuda de los Hermanos Mayores, tuvo permiso para investigar estos cuadros y divulgar más conocimientos en diez cortos años de lo que muchos otros místicos u ocultistas avanzados hicieron en toda una vida.
Toda formación de piedra, planta y animal, así como del hombre, está registrada en alguna parte de aquella imagen en movimiento.
Cada acontecimiento pasado, toda nuestra historia desde su inicio, todo está grabado allí.
Nada es tan pequeño o insignificante que pueda impedir que su registro quede impreso en esa película.
Sentémonos, cerremos los ojos e imaginemos cómo serían las sensaciones si tuviéramos estos cuadros ante nosotros, mostrando el comienzo de la Tierra, la fuerza de la primera gran causa, la neblina ígnea, luego la incrustación de la Tierra. Imaginemos cómo serían estos cuadros a medida que pasaran ante nuestra visión mental, desde el oscuro Período de Saturno y su condición caliente, semejante a la del mineral.
Imaginemos la vida de Dios, en su obra de desarrollo, pasando alrededor de los siete globos, cada globo un poco más desarrollado que el precedente, y luego el período de reposo o caos, que necesariamente ocurre entre el tiempo de la manifestación de cada globo o período y el siguiente.
Al alcanzar el segundo período, llamado Período Solar, imaginemos una nebulosa deslumbrante, iluminada, ígnea en su estado de constante mutación, de constante mejora, bajo la dirección de los Señores de la Llama.
En este período, los Señores de la Sabiduría irradiaron, desde sus propios cuerpos, el germen del cuerpo vital del hombre, que iba a interpenetrar su cuerpo denso que tuvo su comienzo en el Período de Saturno.
¿Podemos imaginar tal cuerpo, que se desarrolló desde un estado semejante al mineral hasta volverse semejante a la planta?
Después de que la ola de vida de este período realizó su trabajo, circundando siete veces los siete globos, entró nuevamente en un período de descanso o sueño.
Notemos cuán maravilloso es que toda vida, desde la más alta hasta la más baja expresión, pase por su noche.
Prosiguiendo con nuestro panorama en movimiento, pasamos los ojos ligeramente sobre los cuadros que pertenecen a la formación del mundo durante el tercero período o Período Lunar.
Encontramos aquí, nuevamente, el místico número siete (ver Diagrama 8 en el "Concepto Rosacruz del Cosmos").
Esto nos dará una idea del gran esquema de Dios, dado que los mundos se forman en ciclos de siete; siete globos en cada período, y siete períodos.
Siendo la Luna de naturaleza acuosa, el agua fue naturalmente el elemento añadido del Período Lunar al calor de Saturno y al fuego del Sol.
Podemos formarnos una idea de este período al tomar una ardiente bola roja de hierro, haciéndola girar a gran velocidad mientras arrojamos agua sobre ella.
Una neblina caliente se elevará en la atmósfera. Esto describe, de alguna manera, las condiciones atmosféricas encontradas en el Período Lunar.
Los Señores de la Sabiduría cooperaron con los Señores de la Individualidad, quienes entonces se encargaron de la evolutiva ola de vida.
El hombre en formación había alcanzado la etapa donde los embrionarios órganos de los sentidos y las glándulas se estaban desarrollando.
En la tercera revolución del Período Lunar, los Señores de la Individualidad irradiaron, de sí mismos, la sustancia de la cual el hombre, con la asistencia de estos grandes seres, construyó su cuerpo de deseos.
Antes de esto, los espíritus virginales que iniciaron su evolución en el Período de Saturno eran conscientes de los cuadros en la Memoria de la Naturaleza, pues estos estaban en movimiento a su alrededor, pero, a medida que se fueron añadiendo velos, uno tras otro, las imágenes se borraron.
Por ejemplo, en el Período Solar, la adición del cuerpo vital comenzó a oscurecer, en cierto modo, la luz espiritual.
Fue como si se hubiera levantado un velo entre el hombre y el Sol; la luz quedó ligeramente ofuscada.
En el Período Lunar se añadió el germen del cuerpo de deseos, lo que dio al hombre el impulso para la acción.
Al cuerpo evolutivo del espíritu virginal se le dio el poder de moverse, pero con la adición del cuerpo de deseos se sumó otro velo y la luz del espíritu se oscureció en un grado aún mayor.
Ahora estaba encerrado en un triple cuerpo.
Esta pérdida de la visión espiritual hizo que el espíritu se volviera hacia el interior de sí mismo, en busca de la luz que había perdido.
Entonces, la conciencia pictórica antes mencionada se interiorizó y comenzó la individualización.
Los seres lunares eran criaturas extrañas, semejantes a los animales. Max Heindel los describe con un cuerpo parecido a un saco, muy similar a una placenta en su desarrollo entre la cuarta y la sexta semana.
Parecían estar suspendidos por cordones en la atmósfera, de la misma manera que el embrión está suspendido en la placenta por el cordón umbilical.
La vegetación, como podemos observar en nuestra película en movimiento, estaba creciendo enormemente; la atmósfera cargada de vapor favorecía un crecimiento rápido.
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CAPÍTULO II
EL DESARROLLO DE LOS CUERPOS
Emergimos del largo sueño de una noche cósmica después del Período Lunar.
Como ya mencionamos en el capítulo anterior, una noche cósmica debe venir después de cada período.
Ahora, pasemos los ojos ligeramente sobre los escenarios del cuarto período o Período Terrestre.
Así como el espíritu humano necesita encontrar su desarrollo y expresión a través de vidas sucesivas en el cuerpo físico, también la Tierra, el cuerpo de un Grande Espíritu, está buscando su desarrollo a través de estos períodos sucesivos.
Haremos mención solamente de las principales escenas de esta gran galería de imágenes.
Imaginemos cuánto tiempo le toma a una persona observar las innumerables pinturas en una galería de arte.
Necesita pasar rápidamente por algunas, deteniéndose más tiempo para admirar los cuadros que atrajeron su sentido artístico.
De la misma manera debemos pasar la película del gran universo de Dios, tratando solamente de las cosas que más nos interesan.
En el cuarto período o Período Terrestre, encontramos cuatro elementos.
En el primer período o Período de Saturno existía solo el fuego; en el Período Solar teníamos fuego y aire; en el Período Lunar teníamos tres elementos, pues la humedad fue añadida, dándonos una atmósfera tibia y neblinosa.
En este cuarto cuadro, añadimos el elemento tierra.
Este es el período de la forma, cuando los Señores de la Forma ejercían su dominio.
Estos períodos del mundo se dividen en siete subperíodos o revoluciones que, de acuerdo con las enseñanzas Rosacruces, son designados por los nombres de los siete planetas (Saturno, Sol, Luna, Tierra, Júpiter, Venus y Vulcano) porque las condiciones de esos períodos en los globos eran similares a la naturaleza de esos planetas.
Observando las imágenes de la revolución más antigua del Período Terrestre, encontramos que existen aquí las condiciones saturninas.
Pero había una diferencia entre el Período de Saturno y la revolución saturnina del Período Terrestre, pues el primero tenía solo las fuerzas de Saturno en él, mientras que en el último estaban presentes las fuerzas de Saturno, del Sol y de la Luna, y el hombre ya no era un ser caliente como lo era en el Período de Saturno.
Corrientes de aire y de agua fueron añadidas al calor del cuerpo y el hombre comenzó a endurecerse y a volverse similar al mineral.
Los globos, en esta época, todavía estaban en condición ígnea, y la evolución del espíritu humano estaba confinada a las regiones polares del Sol, de la cual la Tierra era todavía una parte.
En la Época Polar, el cuerpo del hombre asumió gradualmente una forma, y el sentido del sentimiento se desarrolló lentamente, lo cual se volvió posible a través del órgano ahora conocido como la glándula pineal.
Este órgano se proyectaba a través de la parte superior del característico cuerpo en forma de saco, que no estaba suspendido por Cordones Etéricos como en el Período Lunar.
El cordón faltaba y encontramos, en su lugar, el órgano mencionado arriba como glándula pineal.
Pero, en aquel tiempo, este órgano era mucho mayor que el minúsculo órgano en forma de grano de guisante de hoy.
A través de este órgano, corrientes de fuerza eran enviadas a la región donde ahora se localiza el corazón.
En esta época, el sentido de percepción del hombre se extendía por todo su cuerpo.
Percibía el calor y el frío a través del órgano que se proyectaba de la cabeza.
En nuestro próximo cuadro observaremos la vida en la llamada Época Hiperbórea.
Aquí vemos las fuerzas de la luz y del aire funcionando, y el cuerpo del hombre, en forma de saco, se llenó de luz.
Comenzó a respirar y esto inició corrientes en el cuerpo que, más tarde, se desarrollaron en nervios.
En esta época, el cuerpo denso del hombre estaba permeado por el cuerpo vital, y esto hizo que el primero aumentara rápidamente en tamaño.
El hombre era, entonces, similar a la planta.
Al final de esta época, la Tierra fue lanzada hacia afuera del Sol y comenzó a girar alrededor de este cuerpo de origen.
En este período, la visión panorámica de esta imagen pasa por un cambio decisivo.
Ya no estamos viendo desde el Sol, sino desde la Tierra, que estaba comenzando a incrustarse.
Como estaba en ese tiempo separada del Sol, su gran calor comenzó a desaparecer.
Se enfrió, y la vegetación apareció sobre su superficie caliente y llena de vapor.
Podemos ahora observar a Marte, que, anteriormente, había sido lanzado hacia afuera del Sol.
Las corrientes de aire causadas por los giros de la Tierra enfriaron los minerales, y la vida en la Tierra comenzó a tener rápidos cambios.
En esta ocasión, las imágenes muestran la Época Lemúrica. Venus, Mercurio y otros planetas habían sido expelidos del Sol y los vemos, ahora, girando alrededor de él.
Los seres humanos, por la separación de la Tierra del Sol, habían perdido mucho de su iluminación interior.
A partir de este estado, similar al trance, el hombre comenzó a desarrollar una imagen de conciencia interna.
También desarrolló la conciencia del sonido.
Al final de la Época Hiperbórea, el hombre poseía un vehículo doble: los cuerpos físico y vital.
En este período del desarrollo de la Tierra, la Luna fue expelida de la propia Tierra y las corrientes, que en la revolución de la Luna habían comenzado el sistema nervioso, se transformaron en nervios y fueron conectadas con los embrionarios órganos de los sentidos.
Por lo tanto, un tercer vehículo, el cuerpo de deseos, fue desarrollado después.
En la Época Lemúrica, el hombre se volvió similar al animal.
En esta época, vinieron en su ayuda los grandes seres que eran la humanidad del Período Solar, los Arcángeles, y los Señores de la Mente, que eran la humanidad del Período de Saturno.
Ellos ayudaron a los Señores de la Forma con su trabajo y proporcionaron la mente germinal.
Hasta aquí poco hemos hablado sobre los rezagados que fallaron, los que no consiguieron acompañar la marcha avanzada de los pioneros.
En toda ola de vida encontramos rezagados.
En el presente momento, encontramos imperfección en el mineral, en las malas hierbas y en algunos animales.
En la ola de vida humana, los antropoides fueron dejados atrás en los Períodos de Saturno y Solar.
En las diferentes revoluciones del Período Terrestre, esta segregación continuó.
Al final de cada época, la raza humana debe pasar por un examen, que está bien descrito en el Capítulo 25 de San Mateo, donde Cristo hace una descripción del último juicio:
31.
o "Cuando el Hijo del hombre venga en Su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de Su gloria;
32.
o "Y delante de Él serán reunidas todas las naciones, y Él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos;
33.
o "Y pondrá las ovejas a Su derecha y los cabritos a Su izquierda;
34.
o "Entonces el Rey dirá a los que estén a Su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo".
Las ovejas son los elegidos que, al final de cada época, son llevados adelante hacia el próximo período.
Los cabritos son los rezagados, y pueden ser comparados al niño que falta a clases y se queda lejos de la escuela; cuando llegan los exámenes finales, es dejado atrás, quedándose en la misma clase por segunda vez, mientras que sus compañeros, que estuvieron atentos y trabajaron, pasan a un grado más elevado.
Estos rezagados tenían que ser dejados atrás cada vez que una ola de vida emergía de una noche cósmica.
Los progresistas, que estaban en la línea de frente, eran llevados adelante hacia la próxima revolución, pero los rezagados eran dejados.
Ellos tendrán, sin embargo, oportunidades para alcanzar a los pioneros algún día, en algún lugar.
Nuestras imágenes, a medida que avanzamos en las últimas épocas del Período Terrestre, se vuelven más interesantes y las escenas más familiares.
El reino vegetal aparece más natural para nosotros, aunque no en un estado tan desarrollado como lo encontramos en el presente momento.
Volviendo otra vez a la imagen de la Tierra durante la Época Lemúrica, encontramos la atmósfera todavía caliente y llena de una densa neblina, con hombres y animales viviendo en lugares de la Tierra que se habían, de alguna forma, endurecido y enfriado.
Ambos eran de tamaño enorme, y la vegetación había crecido, alcanzando grandes alturas.
Los helechos eran tan grandes y macizos como los árboles lo son hoy.
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CAPÍTULO III
LOS ESPÍRITUS LUCÍFEROS Y LOS HIJOS DE LA NIEBLA
Ahora llegamos a la parte de la gran película de Dios que retrata a la Tierra en la última fase de la Época Lemúrica.
El hombre adquiría, gradualmente, una posición erecta.
La columna vertebral comenzaba a endurecerse y la sangre estaba logrando absorber el hierro, suministrado por la influencia marciana.
El Ego, que hasta esa época había trabajado sobre sus vehículos desde fuera, fue, poco a poco, atraído hacia dentro, y el hombre comenzó a sentir las cosas fuera de él.
En este período, él era totalmente inconsciente de su cuerpo físico.
Sin embargo, estaba despierto en el Mundo del Deseo y podía, en esa etapa, comunicarse directamente con los dioses.
El sonido del rugido de los vientos, las tormentas, el ímpetu de las aguas, eran para él las voces de sus dioses.
Él estaba, por el sacrificio de parte de su facultad creadora, desarrollando una laringe, que le permitía producir sonidos.
Aprendía el uso de este órgano imitando el susurro de las hojas y el ruido de los vientos.
La misma facultad creadora iba también construyendo un cerebro, aunque él tuviera solamente una imperfecta facultad de observación.
Este hombre Lemuriano no tenía ojos, pero dos puntos sensibles, previamente mencionados, se estaban desarrollando.
Como la luz del Sol que aparecía muy tenuemente a través de la niebla se volvió más fuerte, estos puntos sensibles, con la ayuda de la luz solar, se desarrollaron en ojos.
En este período de la involución del hombre, una clase de seres entró en el cuadro, seres que desempeñarían un papel muy prominente en el modelado del futuro del hombre: la clase de los espíritus Lucíferos, que eran ángeles caídos, una clase de rezagados del Período Lunar.
Estos espíritus estaban a medio camino en su evolución entre el hombre y los ángeles, y necesitaban encontrar una forma por la cual pudieran obtener conocimiento.
Su evolución dependía de lo que obtuvieran a través de una ola de vida inferior y, como ellos no sabían cómo construir un cuerpo físico, no podían funcionar tan bajo como el hombre, que tenía un cuerpo físico.
Sin embargo, estos espíritus Lucíferos, al ayudar al hombre a desarrollar un cerebro, sabían que crearían un camino para ayudarlo en su evolución y, al hacerlo, ellos también obtendrían mayor experiencia y crecimiento para sí mismos.
Siempre ha sido y sigue siendo una ley en la naturaleza que todos los seres, no importa en qué ola de vida se encuentren (ya sean los grandes señores de la creación, los Arcángeles, Angeles, Espíritus Lucíferos, Espíritus-grupo o Espíritus virginales), al descender para auxiliar o guiar a los seres inferiores o olas de vida, ayudándolos en su desarrollo y crecimiento, adquieren mayor experiencia y crecen en la proporción de la ayuda prestada.
Podemos seguir esta ley hasta el reino más inferior: todas las clases están bajo ella.
Los Espíritus Lucíferos vieron una oportunidad de ayudar a la humanidad y, no obstante, hicieron que el hombre cayera en el Acto de la Generación, lo que ha causado mucho sufrimiento.
Mostraron el camino a través del cual ambos, tanto ellos como el hombre, podrían obtener una gran experiencia.
La experiencia es el camino del conocimiento, aunque pueda traer sufrimiento.
En verdad, para el hombre, esta caída en el pecado fue la apertura hacia mayores perspectivas y nuevos valores.
Estos espíritus Lucíferos, aparentemente malignos, fueron portadores de la luz.
Mientras el hombre era inconsciente del mundo externo, podía comunicarse con estos espíritus Lucíferos en el mundo Etérico.
A través de ellos se le enseñó la diferencia entre el bien y el mal.
Por medio de ellos, el hombre fue tentado y llevado al acto de la generación.
Mientras estaba inconsciente de la Tierra y de su entorno físico, percibía, espiritualmente, la presencia de sus hermanos, así como el hombre de hoy que, al poseer solo un leve desarrollo del sexto sentido, puede sentir y percibir una presencia invisible cuando, a veces, algún ser desencarnado está cerca de él, y al que es incapaz de ver con sus ojos físicos.
De la misma manera, el Lemúrico era consciente de su hermano.
Las condiciones, en aquella época, eran opuestas a las de ahora.
El hombre podía ver y comunicarse con su hermano, así como con los seres superiores en el Mundo del Deseo, pero en el Mundo Físico estaba en un estado de sueño, pues sus ojos físicos aún no habían sido abiertos.
Por otro lado, el hombre de hoy tiene sus ojos físicos abiertos y puede ver a sus hermanos en el cuerpo físico, pero sus ojos espirituales están ciegos: perdió la facultad de ver en el Mundo del Deseo.
Ahora volvamos nuestros ojos hacia el lugar de nuestro cuadro que abarca la primera y segunda partes de la Época Atlante. Todavía encontramos la atmósfera llena de una niebla espesa; era posible ver, pero solo a unos metros de distancia.
El cuerpo del hombre, que ya estaba erecto, era macizo; la parte superior era muy grande, con enormes hombros y brazos largos; su cabeza era pequeña en proporción a su cuerpo, la frente inclinada hacia atrás, una nariz muy achatada; la mandíbula era sólida y el cuello grueso.
Este primitivo hombre atlante aún no había adquirido el uso de sus pies para caminar, como lo hace el hombre hoy, sino que se movía saltando, de manera similar a la marcha del canguro.
Al comienzo del Período Atlante, la Tierra era frecuentemente asolada por inundaciones que hacían que hombres y animales abandonaran las tierras bajas.
Gradualmente, a medida que la niebla se condensaba, las tierras bajas quedaban cubiertas de agua, impulsando a todas las cosas vivientes a buscar seguridad subiendo a puntos más altos.
Esta migración hacia tierras más altas y la condensación de la niebla capacitaron al hombre para ver al Sol brillar a través de las nubes y, más tarde, para desarrollar sus ojos.
Entonces, Adán percibió a su compañera, Eva.
En esta etapa del desarrollo del hombre, él podía ver tanto en el mundo espiritual como en el físico.
Esto era necesario en este período, pues él tenía solo el germen del cuerpo mental.
Poseía, entonces, un cuerpo triple: un cuerpo físico, uno de deseos y uno vital, pero solamente los rudimentos de un cerebro; por lo tanto, él todavía tenía que ser guiado por los Líderes Divinos, con los cuales podía comunicarse en el Mundo del Deseo.
Cuando un atlante miraba a su hermano, inmediatamente reconocía su alma y sus atributos.
A medida que la niebla se retiraba hacia las tierras bajas, causaba grandes inundaciones.
El ser más avanzado de la humanidad de entonces, que simbólicamente leemos en la Biblia como Noé, líder de los semitas, y su familia, habían desarrollado pulmones con los cuales respiraban el aire puro por encima de la atmósfera cargada de niebla, y ellos fueron los primeros en ver el arcoíris.
El hombre ya no era un miembro infantil de la familia de Dios, pues, a medida que desarrollaba la memoria, se volvía ambicioso, y el egoísmo comenzó a aparecer, lo que dividió a la humanidad en razas.
Al llegar al tercer período de los atlantes, encontramos a la humanidad dividida en naciones; los reyes eran adorados, no por su bondad y amor, sino por su altivez y poder, que algunos usaban de una manera muy depravada y egoísta.
Templos fueron erigidos para la práctica de la magia negra, que los sacerdotes ejercían sobre el pueblo a fin de mantenerlos sumisos.
Arrogancia y brutalidad reinaban, pues el ego del hombre aún era débil.
La naturaleza animal, el cuerpo de deseos, regía la mente infantil de las personas de aquella época.
Esto hizo que los atlantes desarrollaran la facultad de la astucia, lo que los llevó a grandes perversidades.
La más brutal de todas las siete razas atlantes fue la de los turanios, la cuarta raza atlante.
La magia negra era practicada por esta raza de la manera más revoltante.
Las clases más bajas eran oprimidas cruelmente por aquellos que se consideraban líderes.
Vanidad y ostentación exterior eran la moda reinante.
Los semitas originales, la siguiente o quinta raza, fueron los primeros en esforzarse por desarrollar el pensamiento.
Aunque muy primitivos, aun así, procuraron regular sus deseos.
Estas personas eran muy celosas y, deseando mantener la raza pura, se casaban solamente dentro de la misma familia.
Esto sucedía con el propósito de mantener su contacto espiritual con los mundos invisibles.
Ellos todavía estaban en contacto consciente con líderes espirituales en el Mundo del Deseo.
Pero, a medida que las facultades mentales se desarrollaron, la glándula pineal (descrita en nuestros capítulos anteriores como el órgano de orientación que se proyectaba del cuerpo del hombre en forma de saco en la Época Polar, y que, a medida que el cuerpo se desarrolló y el hombre comenzó a andar erecto, se retiró hacia el interior de la cabeza) a través de la cual el hombre contacta los reinos espirituales, se retrajo hacia dentro de la cabeza, mientras la materia gris se condensaba y, de esta forma, impedía el contacto con los líderes espirituales.
Una condición similar puede notarse en los días actuales: por ejemplo, en las fases inferiores de la evolución, en algunas de las razas más atrasadas que aún no están iluminadas, encontramos, hasta cierto punto, facultades espirituales desarrolladas, mientras que, en el tipo puramente intelectual, el gigante mental del Occidente, tropezamos más frecuentemente con el que se burla de las cosas espirituales, que no cree en lo que no puede probar en el plano material.
No solo la visión espiritual fue sacrificada por el crecimiento del cerebro, a semejanza de una cúpula sobre la glándula pineal, sino que los abusos de la facultad generadora hicieron que esta minúscula glándula se atrofiara y se volviera mucho más pequeña.
Pasemos, ahora, al cuadro que es, tal vez, el más familiar para nosotros, el de la quinta época o Época Ariana.
El hombre que retratamos hasta el período actual se expresaba a través de un cuerpo cuádruple, esto es, un cuerpo físico, uno vital, uno de deseos y un cuerpo mental parcialmente desarrollado.
Pero, a medida que el hombre se desarrolla, ocurren cambios, pues la necesidad así lo exige.
Él está formando ahora la matriz para un nuevo cuerpo, el Cuerpo-Alma, el Traje brillante con el cual se encontrará con Cristo en el aire, y también con sus Maestros Espirituales, y se comunicará directamente con Ellos.
Muchos están trabajando para formar este cuerpo, purificando sus vidas, sintiendo la necesidad de vivir no solo para sí sino también para los demás.
A medida que el cuerpo de deseos es dominado y el cuerpo físico es purificado, los dos éteres superiores van siendo desarrollados, y este nuevo cuerpo-alma se forma.
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CAPÍTULO IV
CORRESPONDENCIAS BÍBLICAS Y LA TEORÍA DE DARWIN
[... el] camino de la evolución de la Tierra y del hombre hasta el período actual.
Veremos ahora cómo se relaciona esto con la descripción dada en la Biblia.
Génesis, capítulo 1, versículo 2: "Y la tierra estaba desordenada y vacía; y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo".
Cómo describe esto tan bien el oscuro Período de Saturno.
Génesis, capítulo 1, versículo 3: "Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz".
Esto, junto con los cinco versículos siguientes, se refiere al Período Solar tal como se describe en el "Concepto Rosacruz del Cosmos".
Dios reunió las aguas y hizo el mar, separando la tierra del agua, en el período de formación del mundo que llamamos Período Lunar.
Comparando estos diferentes días de la creación con las Épocas, el primer día de la creación, oscuro y sin forma, corresponde a la Época Polar.
El hombre era todavía similar al mineral. Cuando Dios mandó que la luz brillara y la vegetación creciera, se formó el reino vegetal, lo cual ocurrió en la Época Hiperbórea.
Dios dijo:
"Produzcan las aguas seres vivientes y aves que vuelen sobre la tierra, en el abierto firmamento de los cielos".
Esta parte de la historia bíblica sobre la creación se refiere a la niebla ígnea de la Época Lemúrica, cuando el cuerpo del hombre estaba comenzando a endurecerse.
Tenemos así la noche y la mañana del quinto día, cuando Dios dejó que la Tierra produjera criaturas según su especie, ganado y seres rastreros.
En el versículo 26 está escrito que Dios dijo:
"Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos, las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra".
El versículo 27: "Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó".
Tenemos aquí el sexto día.
Estos versículos se refieren a la Época Atlante.
Después de que el hombre se convirtió en un ser racional, habiendo adquirido una mente, Dios le dio el dominio sobre los reinos inferiores.
Después de que Dios transfirió el dominio de los reinos inferiores al hombre, Dios descansó, no como los religiosos ortodoxos pensaban que Él había hecho, es decir, sentarse, negándose a trabajar y teniendo siervos para servirle.
Dios estaba en la misma posición en la que está una madre al criar a sus hijos e hijas, orientándolos y cuidándolos para que se conviertan en adultos y responsables de sus propios actos.
Así, Dios expulsó al hombre del Jardín del Edén y lo hizo responsable.
Dios quedó entonces liberado de la tarea de dirigir todas sus actividades.
Sin embargo, si Él realmente detuviera Su trabajo, aunque fuera por un solo instante, el mundo entero se desmoronaría.
El séptimo día de la creación corresponde a la Época Ariana, época que estamos viviendo actualmente y en la cual el hombre asumió la responsabilidad de su propio futuro.
Dios colocó este trabajo sobre los hombros del hombre, pero el Creador no está descansando; la formación del mundo todavía continúa.
Al hombre se le dio el trabajo de cuidar, trabajar y perfeccionar los reinos mineral, vegetal y animal.
El hombre, al trabajar con estas olas de vida inferiores, excavando los metales y extrayendo el aceite de la tierra, refinándolos y perfeccionándolos, está ayudándolos en su evolución.
El desarrollo de las varias especies en el reino vegetal está colaborando para perfeccionar esta ola de vida.
Luther Burbank fue un verdadero dios en la tercera ola de vida, el reino vegetal.
Desarrolló algunas de las especies más bajas, elevando sus vibraciones de modo que se transformaron verdaderamente, ganando en tamaño y belleza.
El hombre cultivó la minúscula patata silvestre, logrando desarrollarla a tal tamaño y consistencia que se convirtió en uno de los alimentos básicos de la humanidad.
Su trabajo con el reino animal también ha hecho maravillas, a pesar de que el hombre ha sido, a veces, un amo cruel que usó su poder sobre esta segunda ola de vida causándole gran sufrimiento.
Aun así, ayudó a los animales a evolucionar.
Pero ¿fue eficaz este trabajo cruel?
¿Podría haber sido ayudada esta ola de vida con mayor intensidad a través de más amor? Se ha demostrado que el niño responde más rápidamente al amor que al castigo.
El jardinero que ama su trabajo tiene más éxito, siendo así, ¿por qué el animal no respondería al amor más deprisa que a la brutalidad?
Otro cuadro maravilloso que no podemos dejar de apreciar y que es una prueba del camino de la evolución que el hombre recorrió, se puede encontrar en la vida del feto.
Se retrata en esta minúscula forma los siete estadios a través de los cuales seguimos al hombre en su desarrollo, desde el Período de Saturno, pasando por varios otros períodos y épocas.
Esta vida fetal también corresponde a la ola de vida humana en su desarrollo durante los siete días de la creación, como está descrito en los capítulos primero y segundo del Génesis.
Vamos a seguir la formación del embrión humano y observar cómo la maravillosa vida que se desarrolla dentro del útero se compara con la evolución exterior del hombre.
El óvulo humano es una célula minúscula que, cuando es fertilizada, se convierte en una bola compacta que se divide en otras células pequeñas.
Este puede definirse como el período mineral o Período de Saturno de su existencia.
Esta nueva vida, hacia la mitad de la cuarta semana, asume una apariencia similar a la de una planta.
Este estadio es seguido por una fase como la de un renacuajo que, más tarde, pasa a tener un aspecto de reptil.
En uno de los estadios primitivos del embrión, este tiene forma de saco, igual a la forma del cuerpo del hombre en el Período Lunar.
Esta forma, similar a un saco, está suspendida por el cordón umbilical.
En el Período Lunar, este cordón era de naturaleza Etérica.
Max Heindel describe a los seres lunares en el libro "La Trama del Destino" como sigue:
"Imagine, en aquellos tiempos remotos, el firmamento como una inmensa placenta de la cual colgaban miles de millones de cordones umbilicales; cada uno con su apéndice fetal...
Estos cordones umbilicales y apéndices fetales eran moldeados de la húmeda materia de deseos por las emociones de los ángeles lunares".
Durante la quinta semana comienza a crecer una cola en el embrión, que llega a una sexta parte de la longitud de su cuerpo durante este período.
Adquiere ahí una apariencia de reptil, parecida a una lagartija, poseyendo también hendiduras branquiales.
Esta forma fetal también está rodeada por agua.
Entre la séptima y la octava semana el reptil cambia su forma.
La cola se atrofia y la cabeza se asemeja a la de un dogo (perro), con brazos y piernas cortos.
Las manos y los pies son garras, con dedos y artejos desarrollándose.
A partir de la décima semana el feto comienza a tomar forma humana.
La nariz comienza a desarrollarse. In este período, el hombre en formación se desarrolla más que el animal y se vuelve completamente humano, alcanzando su perfección en el séptimo mes.
Encontramos aquí, nuevamente, la perfección del trabajo de Dios.
Al término del sexto día cósmico, el hombre era un ser autoconsciente.
Se le permitió asumir su propio trabajo en el séptimo día y liberar a Dios del cuidado exclusivo de él.
Otro cuadro que es de vital interés es el de un minúsculo átomo físico que se menciona en Apocalipsis, capítulo XX, versículo 12:
"Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras".
Este libro de la vida es un minúsculo átomo simiente dentro del cuerpo del hombre, el único átomo que es permanente.
Se encuentra en el vértice del ventrículo izquierdo del corazón.
Se dice en el "Concepto Rosacruz del Cosmos" que la sangre es el vehículo directo del Espíritu y, siendo la más alta expresión física del Ego, está naturalmente en contacto más cercano con la Memoria de la Naturaleza.
A medida que la sangre es impulsada a través del corazón, graba las imágenes de la vida del hombre, hora tras hora, sobre este minúsculo átomo, haciendo un registro perfecto de su vida.
Este infinitesimal átomo no solo registra la vida actual, sino que tiene grabadas sobre él las imágenes de todas las vidas pasadas del hombre.
Desde el momento en que el niño respira por primera vez, cuando el foramen oval se cierra y la sangre es impulsada a través del corazón y de los pulmones, el aire inspirado imprime las imágenes del entorno sobre este átomo en el corazón, de manera similar a la impresión hecha sobre la película de una cámara fotográfica.
Esta impresión permanece por toda la vida.
La ruptura de la conexión entre este átomo simiente permanente y el corazón hace que este último detenga su pulsación, lo que termina en la muerte.
Durante los tres días y medio inmediatamente siguientes a esta ruptura, todas las imágenes que fueron impresas sobre este átomo son grabadas, a través del cuerpo vital, en el cuerpo de deseos.
A propósito, este es el momento más crítico para el Ego, y es de gran importancia para él que su cuerpo no sea perturbado.
Cuando la vida del Ego termina en el Mundo del Deseo, las imágenes, que contienen la quintaesencia de todas las experiencias pasadas, son transferidas a vehículos aún más elevados, y el Ego, en su retorno a la vida terrenal, trae consigo este maravilloso registro.
Es el átomo simiente físico el que atrae hacia sí los átomos que constituyen el nuevo cuerpo físico.
Hablaremos sobre la teoría de la evolución de Darwin y su correlación con la doctrina Rosacruz:
Darwin fue el científico pionero en relación con el origen y al desarrollo de la teoría materialista de la evolución, y demostró en su trabajo una gran genialidad y visión.
Indicó el camino que los sucesivos científicos, desde entonces, han seguido en mayor o menor grado.
La Teoría de Darwin se basó inicialmente en el origen de las especies a través de la "selección natural" y su desarrollo mediante la "supervivencia del más apto".
La selección natural es mencionada por los Rosacruces como Epigénesis, a saber, el poder del espíritu para originar nuevas causas.
Darwin ganó una gran reputación por el descubrimiento de este principio de la naturaleza, aunque el ocultista poseía este conocimiento desde hacía siglos.
La selección natural o Epigénesis es responsable del perfeccionamiento gradual de los cuerpos en los que el hombre funciona y también de la mejora del entorno en el que vive.
La teoría de Darwin de la "supervivencia del más apto" es un hecho evidente en toda la naturaleza. Darwin no consideró, sin embargo, el origen espiritual y la naturaleza del hombre, lo que constituye, realmente, la falla más seria de su teoría.
Como se mencionó en las páginas precedentes, el hombre es fundamentalmente una chispa de Dios, un espíritu triple que está haciendo una peregrinación evolucionaria a través de la materia con el propósito de obtener una mayor autoconciencia y nuevos poderes.
El conocimiento de este hecho, por sí solo, hace que la evolución sea racional y comprensible.
Los Rosacruces afirman enfáticamente que el hombre nunca fue un animal.
Jamás descendió ni ascendió de los animales.
La idea de que esto haya podido suceder es una particularidad desafortunada en relación con la versión de Darwin sobre la evolución.
Este es el punto de discordia entre los fundamentalistas en el momento actual.
La Ciencia considera al animal simplemente como una masa de materia viviente.
No sabe que el animal está animado por un espíritu virginal en un estadio de desarrollo inferior al nuestro.
El hombre jamás fue una simple masa viviente de materia sin alma. Él es y siempre ha sido un espíritu.
Pero hubo un tiempo en el pasado prehistórico en el que habitó cuerpos parecidos a los de los animales.
En un determinado estadio de nuestra historia, una pequeña parte de los Egos de nuestra ola de vida comenzó a alejarse del cuerpo principal y a degenerar.
Estos rezagados se convirtieron en los monos antropoides.
Sin embargo, nosotros jamás pasamos por este estadio.
Los antropoides son hombres degenerados.
Cuando la Iglesia entienda esta idea, la mayor parte de sus objeciones contra la enseñanza de la evolución sin duda desaparecerá.
Darwin presentó hechos materiales de la evolución de tal manera que incluso pueden ser comprendidos y aceptados en la era materialista en la que vivimos.
Al hacerlo, cumplió con un objetivo.
Pero es necesario que su obra sea suplementada por una afirmación de los hechos espirituales ligados a la evolución, y esto es lo que está haciendo la ciencia oculta.
¡Qué patética es la discordia entre los anti evolucionistas y el ocultista-científico, que puede ver con visión de rayos X, tiene prueba positiva de la evolución, puede observar los cuadros del microcosmos, así como los del macrocosmos y puede seguir los registros del hombre a través de muchas vidas!
¡Qué absurda es esta contienda, así como es absurdo que algunos hombres, limitados en su visión, hagan intentos de restringir el pensamiento religioso de la América libre y dicten en qué debe o no creer el mundo!
Un gran beneficio, sin embargo, derivará de la lucha sobre la evolución: si los fundamentalistas pudieran ver el efecto que su lucha contra la evolución tendrá sobre la humanidad, sabrían que están siendo usados como instrumentos por los Grandes Seres que nos guían detrás de escena para despertar un mayor interés sobre la evolución.
Las personas están leyendo a Darwin y comparando su teoría con el libro del Génesis, cosa que jamás pensaron en hacer antes, y están interesadas en leer libros que traten de este asunto.
El resultado será que muchos se convertirán a las doctrinas que los fundamentalistas están intentando prohibir por ley.
Así podemos observar que la controversia sobre la evolución, que está creando un gran interés en todas partes del mundo, es realmente una nube que tiene su aureola plateada.
FIN.
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