LOS SACRAMENTOS
De Max Heindel
Los Sacramentos están en relación con los átomos-germen, que forman el núcleo de los diferentes cuerpos.
El germen de nuestro cuerpo terrestre debe ser colocado correctamente en un suelo fértil para crecer y convertirse en un vehículo denso apropiado; por esta razón, como se cita en el Génesis 1:27:
"Los Elohim crearon al hombre varón y hembra".
Las palabras hebreas son Sacr Va N'Cabah. Estos son los nombres de los órganos sexuales.
Traducido literalmente, Sacr significa "el portador del germen"; y así, el matrimonio es un sacramento, pues abre el camino para la transmisión del átomo-germen físico del padre a la madre y tiende a preservar la raza contra los estragos de la muerte.
El Bautismo como sacramento significa el anhelo germinal del alma por la vida superior, la implantación de un germen espiritual.
La Comunión es el sacramento en el cual compartimos el pan hecho del germen de las plantas castas, y en el cual la copa —que simboliza la vaina del germen sin pasión— señala hacia la edad venidera; una edad donde el matrimonio ya no será necesario para transmitir el germen a través de un padre y una madre, sino donde podremos nutrirnos directamente de la vida cósmica y así conquistar la muerte.
Finalmente, la Extremaunción es el sacramento que marca la pérdida del cordón de plata y la extracción del germen sagrado, hasta que sea plantado nuevamente en otra N'Cabah, o madre.
Para obtener una comprensión consciente del significado profundo y de gran alcance de la manera en que se instituyó el sacramento de la Comunión, es necesario considerar la evolución de nuestra Tierra y del hombre compuesto, así como la química de los alimentos y su influencia en la humanidad. En favor de la claridad, recapitularemos brevemente los puntos involucrados.
El Camino de la Conciencia
Los Espíritus Virginales, que son nuestra humanidad actual, comenzaron su peregrinaje a través de la materia al alba del tiempo, para que, mediante la fricción con la existencia concreta, sus poderes latentes pudieran ser transmutados en energía cinética como poder del alma utilizable.
Tres velos sucesivos de materia cada vez más densa fueron adquiridos por los Espíritus involucionantes durante las Periodos de Saturno, Solar y Lunar.
Así, cada Espíritu fue separado de los demás, y la conciencia —que no podía penetrar el muro de prisión de la materia y comunicarse con los otros— se vio forzada a volverse hacia el interior, y al hacerlo, se descubrió a sí misma. Así se alcanzó la conciencia de sí mismo.
Una mayor cristalización de los velos mencionados tuvo lugar en el Periodo de la Tierra durante las Épocas Polar, Hiperbórea y Lemúrica.
En la Época Atlante, la mente fue añadida como un punto de enfoque entre el Espíritu y el cuerpo, completando la composición del hombre compuesto, quien quedó entonces equipado para conquistar el mundo y generar el poder del alma mediante el comportamiento y la experiencia, teniendo cada uno libre albedrío y elección, aunque limitado por las leyes de la naturaleza y sus propios actos anteriores.
La Evolución del Régimen Alimenticio
Durante el tiempo en que el hombre en formación evolucionaba, las Grandes Jerarquías creadoras guiaban cada uno de sus pasos. Absolutamente nada se dejaba al azar.
Incluso la comida que comía era elegida para él, a fin de que pudiera obtener el material apropiado con el cual construir los vehículos de conciencia necesarios.
Época Polar: La materia mineral pura se convirtió en parte del hombre; así Adam fue hecho de tierra (su cuerpo denso).
Época Hiperbórea: Se añadió el cuerpo vital; su constitución se volvió como la de las plantas, y Caín vivía de los frutos del suelo.
Época Lemúrica: Vio la evolución del cuerpo de deseos, haciendo al hombre similar a los animales actuales.
Entonces la leche fue añadida al régimen. Abel era pastor, pero no se menciona que matara animales.
En ese tiempo, la humanidad vivía inocente y pacíficamente en la atmósfera brumosa que envolvía la Tierra.
Los hombres eran como niños bajo la protección de un padre común, hasta que la mente fue dada a todos al inicio de la Atlántida.
La Carne y el Pensamiento
La actividad del pensamiento destruye tejido que debe ser reemplazado; cuanto más inferior y material es el pensamiento, mayor es el estrago y más urgente la necesidad de albúmina para reparaciones rápidas.
De ahí que la necesidad inaugurara la práctica detestable de comer carne. Mientras sigamos pensando únicamente en objetivos materiales, usaremos nuestros estómagos como receptáculos para los cadáveres en descomposición de nuestras víctimas animales asesinadas.
Sin embargo, esta comida cárnica nos permitió realizar el maravilloso progreso material alcanzado en el Mundo Occidental.
Cuanto más crezcamos espiritualmente, más se armonizarán nuestros pensamientos con el ritmo de nuestro cuerpo y menos albúmina será necesaria. En consecuencia, un régimen vegetariano bastará para nuestras necesidades.
El Nacimiento del "Yo Soy"
Con el tiempo, la bruma densa que envolvía la Tierra se enfrió, se condensó e inundó los valles.
La atmósfera se aclaró y ocurrió una adaptación fisiológica: los pulmones tomaron la función de respirar aire puro. Esto permitió al Espíritu insertarse dentro del velo de carne para expresarse en palabra y acto.
Allí, en medio de la Atlántida, el Sol brilló por primera vez sobre el hombre tal como lo conocemos; allí nació por primera vez al mundo. Al emerger de la atmósfera densa y ver los contornos claros de las montañas y el cielo, se percibió a sí mismo como separado de los demás, y brotó de sus labios el grito glorioso y triunfante: "¡YO SOY!".
El Vino y el Olvido Espiritual
El régimen de exceso de carne bloqueó su sistema, volviéndolo moroso y bruto. Perdió la vista espiritual que le revelaba a los Ángeles guardianes y solo vio las formas físicas.
Los Espíritus con los que había vivido en amor se oscurecieron por el velo de la carne. Tuvo miedo.
Fue necesario darle un nuevo alimento que ayudara a su Espíritu a dominar las moléculas de la carne y a estimular el espíritu humano en caída: el VINO.
La liberación de la autoridad absoluta de los guardianes supra-humanos y el don del vino se describen en las historias de Noé y Moisés.
El fenómeno del arco iris (imposible en la bruma atlante) marcó la nueva ley de los ciclos (día/noche, verano/invierno) a la que el hombre está sujeto hoy.
Noé cultivó la vid y proporcionó un espíritu (alcohol) para estimular al hombre. Así, equipado con una constitución compuesta, un régimen adecuado y las leyes divinas, la humanidad fue dejada para luchar en la batalla de la vida.
Traducido en Amoroso Servicio, por la Fraternidad Rosacruz de Mexico.