LA GLORIA DE SHEKINAH Y EL FEMENINO DIVINO
Por Ann Barkhurst
En este artículo consideraremos el significado místico de la Gloria de Shekinah.
Los videntes hebreos comprendieron que el intelecto y la visión humana, al ser finitos, no podían ver ni conocer a Dios, ya fuera como el Ser Supremo o como el Logos Solar en su esencia más pura; pues la razón humana no se eleva más allá del Mundo del Pensamiento Abstracto, donde funciona el Ego.
Sin embargo, también sabían que existe una percepción espiritual o intuición, tan por encima de la razón ordinaria como esta lo está de la astucia; pues esa percepción, o conocimiento divino, es el fruto de lo que los místicos Rosacruces llaman el Espíritu de Vida o el Cristo Interno: Sabiduría o Gnosis.
(La mitología griega también nos habla de Gnostos, quien fue el esposo de Circe y de quien descendía una de las Sibilas).
Si llamamos a esta impresión interior intuición, tendremos quizás el mejor acercamiento, aunque esa es solo una débil palabra para expresar sus glorias cósmicas.
Ahora bien, es por medio de este Mediador, el Cristo interno, el principio del espíritu de vida o amor-sabiduría, que el ser humano es capaz de sentir la Presencia de Dios, el Uno, en comunión mística
. Incluso el más humilde de los mortales posee este poder, pues es una facultad innata del Espíritu o Divinidad en el hombre, una parte integral de su Ser esencial.
Se manifiesta como el sentido de unidad —un sentido verdaderamente universal— mediante el cual amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
De este modo, mediante la meditación en el Cristo interno, percibimos y sentimos realmente la Presencia de Dios, pero esa Presencia es invisible.
Es una comunión en el altar del corazón donde Cristo es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec; porque, como se demuestra en las Enseñanzas de la Sabiduría Occidental, los mensajes del Cristo interno se reciben primero en el corazón y después en la cabeza.
Por lo tanto, el místico conoce a Dios en su corazón antes de poder ver cualquier evidencia de Dios, ya sea con ojos físicos o espirituales.
Pero llega el momento en que, para sus percepciones en despertar, la Presencia de Dios se vuelve visibl. No como una persona ni como una cosa, sino como Luz: ¡Dios es Luz!.
Dondequiera y cuandoquiera que el místico siente la Presencia en su corazón, aparece la Luz.
Una Luz radiante y trascendente: la gloria de la Divinidad, y en esa Luz el universo espiritual, la rosa mística, se vuelve visible para su visión arrobada.
El místico, en adoración ante el altar de su corazón, comprende su unidad con este universo espiritual y puede comulgar a voluntad con sus gloriosos habitantes.
El Concepto Rosacruz del Cosmos enseña que antes del advenimiento de Cristo, Su poder espiritual nos llegaba por vía de la Luna o canal jehovístico.
Es decir, nos llegaba indirectamente, por reflexión desde el exterior, a través de la conciencia jehovística, la experiencia acumulada de la conciencia racial colectiva.
La Iniciación bajo Jehová-Dios no era individual sino racial.
Se realizaba mediante la unión del Iniciado con el Espíritu de su tribu, que en el caso de los israelitas era el Arcángel Miguel.
Incluso en el período mosaico, la Iniciación en los Misterios Solares o de Cristo todavía se recibía por medio del poder lunar mediador.
Así, el Zóhar afirma que Moisés se convirtió en la Luz de la Luna debido a su unión con Shekinah
La Gloria de Shekinah era la Presencia visible de Dios, considerada femenina en el judaísmo esotérico (no exotérico).
Por ello se decía que Moisés se había casado con Shekinah.
En la teología fenicia, la diosa a menudo era llamada el "Rostro" o manifestación del dios, y los hebreos hablan de Shekinah exactamente de la misma manera.
Este término abstracto tiende a suplantar a todos los nombres antropomórficos más antiguos para el Espíritu Santo.
Un documento apócrifo cita a Jesús de Nazaret refiriéndose al Espíritu Santo como "mi Madre".
Y los maniqueos llaman a la Madre de Cristo "la Virgen de la Luz".
Esta Gloria de Shekinah, esta Luz que señala la Presencia de Dios y en la cual se revela el universo viviente, es siempre femenina para el antiguo vidente.
Ella es la Eurídice del orfismo.
Ella es la Reina del Océano de Luz de Enoc.
Ella es la Isis egipcia.
Ella es Ishtar de las Estrellas, la Novia, la Luz, con quien lo Incognoscible se desposa en el albor de la creación y de la gozosa unión de los cuales nace el universo espiritual, vivo y resplandeciente como un Santo Niño.
Dios y Shekinah (y todas las cosas incluidas) son uno e indisoluble:
"Escucha, oh Israel, el Señor nuestro Dios es Uno". Así también el universo, hecho a Su imagen y semejanza, es Uno, una Unidad espiritual.
En la antigua dispensación hebrea, la Luz de la Presencia se manifestaba de una manera particular para la iluminación de los israelitas.
Esa forma, adaptada a las necesidades evolutivas de los hebreos, era a través de la mediación terrenal del Sumo Sacerdote una vez al año en la oscura cámara del Santo de los Santos, donde Dios revelaba Su presencia en Luz sobre el Propiciatorio.
"Y la Gloria [Shekinah] resplandeció alrededor".
En esa Luz, revelándola y siendo revelado por Ella, estaba el ángel del Señor transmitiendo las Enseñanzas.
Que esta relación de la Gloria de Shekinah con Miguel y las huestes angélicas era comprendida de manera general entre los místicos hebreos se muestra en la apócrifa Revelación de Esdras (no confundir con el famoso Apocalipsis designado como II Esdras o IV Esdras), donde leemos:
"Aconteció en el trigésimo año... yo estaba en mi casa. Y clamé y dije al Altísimo: '¡Señor, da la gloria, para que pueda ver tus misterios!' Y cuando cayó la noche, vino un ángel, el Arcángel Miguel".
La cámara interior, el adytum o Santo de los Santos, estaba verdaderamente a oscuras para los sentidos físicos, pero el Sumo Sacerdote había encendido la Gloria de Shekinah en su propio corazón, y era esa luz interior la que brillaba ante él al descorrer la cortina que colgaba ante el Santísimo.
Esa cortina sagrada (según una antigua tradición) era, en tiempos de Cristo, una cortina babilónica entretejida con rosas de oro puro.
Sabemos que cuando el equinoccio de primavera (la Pascua) precedió de la constelación de Tauro a Aries, el culto taurino a Afrodita (que incluye tanto a la Luna como a Venus) entre los antiguos hebreos fue paulatinamente sustituido por el culto solar de Aries
. Sin embargo, esto solo significa que el Principio Femenino se adoraba en secreto, en ritos esotéricos, mientras que el Principio Masculino desempeñaba el papel dominante en los ritos exotéricos
. Una vez al año, el Sumo Sacerdote entraba en el Santo de los Santos el Día de la Expiación, cuando el Sol estaba cerca del equinoccio de otoño, que en aquel tiempo ocurría en la constelación de Libra, el Signo del Juicio
. (Ahora está en Virgo, pero la Expiación de Escorpio y el Juicio de Libra continúan siendo las notas clave del día sagrado, pues el judaísmo ha perdido la antigua clave esotérica de su verdadero significado).
La Biblia no nos dice nada sobre alguna celebración en el solsticio de invierno.
No fue sino hasta el siglo II a.C. que se instituyó la Fiesta de las Luces, supuestamente para celebrar la restauración del culto a Jahvé en el Templo de Jerusalén.
En esta festividad, los hebreos devotos colocaban velas encendidas en las ventanas de sus casas para celebrar el retorno de la Luz verdadera al santuario.
Curiosamente, ¡todo esto tenía lugar el 25 de diciembre!.
¿Cómo podemos dudar de que una comprensión esotérica es la base de esta Fiesta o que en algún lugar del antiguo Israel tiene su contraparte en ritos y enseñanzas secretas?
Es sabido entre los místicos que la Luz simboliza el entendimiento y, por lo tanto, la Sabiduría.
Como todas las afirmaciones místicas genuinas, esta tiene su fundamento en los fenómenos del mundo del alma, que a su vez está gobernado por la Ley metafísica: el Spermaticos Logos (Razón Generativa) de los estoicos.
Muchos místicos han visto el Sol interior, el Sol del alma, que es una emanación del Sol de Cristo de los mundos espirituales.
Muchos han visto la Luz en la que el mundo del alma se baña continuamente.
Muchos han sentido, además de ver, esa Luz.
Pero pocos se dan cuenta de que esa Luz, que para el sentido del alma es tan tangible, tiene un significado y que su significado es la presencia de la Inteligencia.
La falta de inteligencia espiritual es experimentada por el alma como oscuridad, y es por eso que el Hades del mundo pagano era una región tenue y sombría donde las sombras vagaban en palidez y silencio.
Pero si el espíritu puede tanto ver como sentir, también puede oír; y hay un "sonido" que golpea el oído interior como el dulce repique de una campana
Ahora bien, es interesante saber que en la tradición hebrea la Gloria de Shekinah se acompañaba con frecuencia del sonido del tintineo de campanas, lo que nos revela de inmediato el significado simbólico de las doce campanas que adornaban el orlado de la vestidura del Sumo Sacerdote y que emitían su delicada música cuando entraba en el Santo de los Santos.
Es un hecho curioso que las joyas deban gran parte de su encanto mágico a su semejanza con ciertos aspectos del mundo espiritual; en un sentido muy real, le hablan directamente al espíritu mismo.
Así, el cristal emite, al ser golpeado, el sonido de una pequeña campana, y la pureza del sonido está determinada por la pureza del cristal.
Por lo tanto, en la "nueva lengua" del misticismo, el cristal es la piedra de la pureza y la castidad femenina, y su tono acampanado expresa la dulzura absoluta que es el toque espiritual del Femenino Divino.
Por esta razón Elsa, la doncella pura de la historia del Grial, tocó en su angustia una campanilla que fue escuchada en el interior estrellado del Castillo del Grial, y al oír el sonido de esa campana, el Héroe espiritual acudió en su rescate.
Pero ya sea que el Ego se encuentre en una encarnación femenina o masculina, el cristal es siempre el símbolo de esa claridad de espíritu en la que únicamente el universo espiritual se revela a la visión interior.
Porque Dios es el Gran Cristal que sostiene dentro de Sí la imagen del universo espiritual; y a semejanza de Dios fuimos hechos nosotros, como Espíritus Vírgenes: una multitud de microcristales vivientes que sostienen dentro de sus orbes transparentes un diminuto reflejo del mismo universo espiritual, el Macrocosmos, el Hombre Divino, el Christos.
De ahí la Invocación Mística del Cristal:
En claridad y en última pureza
Conserva Tú mi espíritu. Transfórmalo con destreza:
Por Tu toque libera el inefable
Y dulce sonido de su aprisionada campana,
Oh Morador del Cristal.
Podemos agregar que escuchar el sonido de la campana es una experiencia mística bastante común.
Los teósofos hablan de "campanas astrales", por ejemplo; y para el sentido etérico se puede escuchar al corazón tañer como una campana de iglesia en los baluartes de su cuerpo.
A.E., el célebre místico irlandés, describió una experiencia propia en la que el Fuego Serpiente ascendió en su cuerpo acompañado de un sonido como de címbalos resonantes, otro aspecto del fenómeno de la campana.
Ahora bien, cuando el Maestro Jesús descendió al Jordán en el Bautismo, se nos dice en uno de los Apócrifos que estuvo rodeado de fuego.
Cuando salió del fuego, la Gloria de Dios descendió sobre Él y desde el interior de la Nube de Gloria vino la Palabra: "Este es mi Hijo amado en quien me complazco".
En adelante, no María, sino Shekinah, es la Madre de Cristo: "el Espíritu Santo, mi Madre".
Clemente de Alejandría escribe: "Bautizados, somos iluminados; iluminados, somos hechos hijos; hechos hijos, somos perfeccionados; 'Yo', dice Él, 'dije que sois dioses e hijos del Altísimo, todos vosotros'. Esta Obra tiene muchos nombres; se llama don (gracia), iluminación, perfección, bautismo... el Perfecto dará lo que es perfecto".
Incluso en el Antiguo Testamento propiamente dicho, así como en los documentos gnósticos y varios apócrifos, encontramos a la Sabiduría (Aquella que ilumina) representada como femenina
. Esta es la Gnosis y Sophia de los gnósticos.
En el Capítulo 4 de Proverbios leemos: "Wisdom is the principal thing... Engrandécela y ella te engrandecerá; ella te honrará cuando la abraces. Adorno de gracia dará a tu cabeza; corona de gloria te entregará".
¿Una corona de gloria? Sí, porque ella misma es la Gloria: la Luz.
Los estudiantes esotéricos a menudo se preguntan por qué no hay mención del Femenino Divino en las Escrituras hebreas, dado que es evidente que un Creador no puede ser únicamente masculino.
Aquí tenemos la respuesta: los hebreos sí reconocieron el Principio Femenino bajo el nombre de Sabiduría.
La Sabiduría es el Consolador, que enseña todas las cosas a Sus discípulos.
No fue sino hasta pasados los primeros siglos del cristianismo que esta verdad fue olvidada por la Iglesia ortodoxa y el Consolador —un concepto verdaderamente femenino— fue considerado masculino.
Es interesante saber también que descubrimientos arqueológicos recientes en Palestina incluyen al menos una inscripción en la que el nombre de la diosa Anath se acopla con el de Jahvé (Jehová)
. Ahora bien, el mismo nombre aparece en los registros fenicios, y los fenicios helenísticos identificaron a Anath con la diosa griega de la sabiduría, Atenea, aquella que nació con pleno poder de la frente de Zeus; es decir, de la Mente de Dios.
Así, en el Israel prehistórico, la sabiduría es Anath, la esposa de Jahvé.
Los gnósticos identificaron a Jahvé con Zeus, Padre de los dioses griegos y el "Padre nuestro que estás en los cielos" del pueblo griego.
Atenea, como todos sabemos, era una Diosa Virgen.
A pesar de todo esto, la extraña creencia en un Dios sin un principio femenino persiste con asombrosa tenacidad entre los ortodoxos.
En El Paraíso Perdido, Milton hace que Adán exclame con reproche a Eva:
"¡Ojalá fuéramos como los ángeles, sin un femenino!"
. Sin embargo, el misticismo hebreo reconoció sin duda un femenino angélico así como un masculino angélico; aunque la opinión más autorizada parece haber sido siempre que las huestes angélicas no son seres sexuados en ningún sentido humano, sino que expresan tanto la potencia masculina como la femenina al mismo tiempo.
Fra Angélico sigue esta última tradición en sus pinturas, aunque para el observador perspicaz sus ángeles parecen ser definitivamente masculinos, pues expresan la voluntad de Dios, que es como un eje de acero en el espíritu alrededor del cual gira toda la conciencia.
Solo un poco de estudio de la literatura antigua deja en claro que los místicos hebreos, en común con el resto del mundo antiguo, reconocieron un Femenino Cósmico.
Los estudiantes interesados en verificar esto por sí mismos leerán detenidamente la literatura de sabiduría en la Biblia y también obras apócrifas como la Sabiduría de Jesús.
Este Jesús, que tomó la Iniciación Egipcia, a menudo es confundido por los estudiantes ocultistas con Jesús de Nazaret (ver Concepto Rosacruz del Cosmos, página 379)
. Era un judío alejandrino que vivió unos cien años antes de Cristo.
(La Britannica dice que llegó a Egipto en el año 132 a.C.)
. Su libro pretende ser una traducción de la obra de su abuelo en hebreo, escrita en Palestina.
El nombre del abuelo también era Jesús
Hay mucha información esclarecedora sobre el significado de la sabiduría en el Eclesiástico, a pesar de las evidencias de alteración por parte de los ortodoxos.
La belleza y el poder del concepto del Femenino Eterno del Jesús alejandrino van más allá de toda descripción, pero debemos entrar en ese concepto en espíritu y en verdad si realmente queremos apreciarlo.
Lo más hermoso y estimulante de todos los escritos de sabiduría en el canon ortodoxo es el Cantar de los Cantares.
Este es el canto de amor del místico que aspira a la unión con el Femenino Celestial
Los eruditos coinciden en que este Cantar no pudo haber sido obra del rey Salomón histórico, pero se le convierte en su héroe y figura central porque es el amante de la sabiduría de Israel por excelencia.
En el Concilio de Jamnia, en el año 100 d.C., este gran Cantar estuvo a punto de ser excluido del canon hebreo, pero gracias a la elocuencia apasionada del místico de fama mundial Rabí Akiba (cuya influencia en Israel fue en otros aspectos muy desafortunada), se le otorgó el lugar que ocupa actualmente en el Antiguo Testamento.
Él, por supuesto, le dio una interpretación puramente nacionalista, como el canto de amor de Dios hacia Su pueblo elegido.
El esoterista ve en él el canto de amor del matrimonio místico del espíritu humano con el Dios interior, que es el gran misterio de la Gnosis.
O, para usar la terminología moderna, la unión del Yo inferior con el Yo superior, el pequeño con el gran Yo, la transmutación de lo humano en lo angélico, el descubrimiento del Hombre o Mujer (Ángel) interior, tal como Max Heindel lo describe en su discusión sobre Tannhäuser en Misterios de las Grandes Óperas.
(Publicado en Rays from the Rose Cross, págs. 18-22) y traducido en Amoroso Servicio por la Fraternidad Rosacruz de Mexico.)