COMPAÑERISMO: UNA LEYENDA
Por Blanche Cromartie
Tres mendigos descendían hacia Samaria.
Uno era sordo, otro ciego y el tercero era cojo. Mientras caminaban, uno dijo:
—Seguramente soy un pecador, pues soy sordo.
El segundo respondió:
—Yo soy ciego; seguramente también soy un pecador.
Y el tercero confesó igualmente sus faltas diciendo:
—Por eso soy cojo.
Entonces recordaron que siempre viajaban juntos y se dijeron unos a otros:
—Yo puedo oír porque os tengo a vosotros dos como oídos.
El segundo dijo:
—Yo puedo ver porque os tengo a vosotros dos como ojos.
Y el tercero añadió:
—Vosotros dos sois en verdad mis pies.
Entonces los tres alabaron a Dios y se regocijaron.
Cuando se acercaban a Samaria encontraron a un hombre cuyo rostro estaba cubierto y que sostenía una tablilla para anunciar su presencia, pues era leproso. Se mantuvo a distancia y les pidió una limosna.
Pero ellos respondieron:
—También somos mendigos y no tenemos nada. Vamos a Samaria en busca de caridad, porque los samaritanos son generosos.
El leproso gritó:
—Aunque no tengáis nada, sois muy afortunados porque sois tres.
En cambio, yo soy un pecador y debo vivir sin compañía.
Al oír aquellas palabras, los tres amigos se dijeron:
—Nosotros también somos pecadores, pero viajamos juntos.
Y sus corazones se llenaron de compasión por aquel hombre solitario. Entonces, de común acuerdo, le llamaron:
—Todos somos pecadores y afligidos por el Señor.
Ven y forma parte de nuestra fraternidad.
El leproso se alegró profundamente y dijo:
—Entonces vayamos a Belén, porque esta noche se me mostró en un sueño que el Mesías ha nacido allí.
El camino a Belén era pedregoso y empinado, y la noche cayó sobre ellos; pero el ciego conocía la ruta. Llegaron a la puerta del establo cuando ya era oscuro y dudaron en llamar.
Dentro dormía José, pero María velaba junto al Niño.
Al escuchar pasos y murmullos, se levantó y abrió una pequeña ventana de la puerta.
Un brillante rayo de luz salió hacia la oscuridad.
María preguntó quiénes eran y por qué habían venido. Ellos respondieron:
—Somos pecadores y justamente afligidos por el Señor, pero hemos oído que el Mesías ha nacido y por eso hemos venido.
La Virgen preguntó:
—¿Qué ofrenda habéis traído? Nadie puede entrar sin presentar un regalo.
Los mendigos bajaron los ojos y no respondieron nada, porque sus manos estaban vacías.
Entonces María preguntó:
—¿Quién es ese cuarto hombre que permanece algo apartado?
Los tres sintieron gran temor y cayeron de rodillas exclamando:
—Somos verdaderamente pecadores, porque hemos unido a nosotros a este hombre y él es leproso; además, es samaritano.
Entonces María abrió completamente la puerta y entraron.
Allí contemplaron al Salvador.
El ciego recibió la vista; el sordo recuperó el oído; el cojo se puso en pie y caminó.
Miraron entonces buscando al leproso, esperando verlo también sanado. Pero había desaparecido.
Y comprendieron que había sido un Ángel del Señor.
Traducido de la Revista Rayos de la Rosacruz de Junio de 1915, por la Fraternidad Rosacruz de Mexico en amoroso servicio.