JESUCRISTO Y LOS 4 EVANGELIOS
FRATERNIDAD ROSACRUZ DE MEXICO
CENTRO DE ESTUDIOS DE LA SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO
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JESUCRISTO Y LOS 4 EVANGELIOS
1. Introducción: El Cristo Macrocosmado y el Logos Encarnado
Así como el Sol es la fuente y el centro de nuestro cosmos físico, Cristo es su centro espiritual.
Para la limitada comprensión humana, resulta un desafío insondable captar la realidad de este Ser Celestial, cuyo nombre define aquello hacia lo cual nos alineamos y aspiramos.
Al meditar y actuar en Su memoria, reconocemos a Aquel que ahora habita en nuestras almas tras haber asumido una forma humana.
El Cristo Macrocosmico se precipitó en los cuerpos físicos microcósmicos de Jesús, permitiendo que la divinidad enfocara en la Tierra las obras de las jerarquías celestiales a través de un receptáculo humano.
Los Evangelios no son meros registros históricos o biográficos, sino un santuario interior de la revelación cristiana y repositorios de la Palabra sagrada.
Deben ser abordados con la más profunda reverencia, pues constituyen una eucaristía viva; una comunión que, al ser recibida con el alma dispuesta, despierta en nosotros el Logos que vive y da vida permanentemente.
Al participar de este "pan de vida" escritural, el aspirante experimenta una transformación de su estructura interna, asimilando la sustancia espiritual del Ser que enfocó en la existencia terrenal el poder de las jerarquías superiores.
2. La Necesidad de una Perspectiva Cuádruple
Frente a la visión del positivismo moderno, que busca condensar las cuatro versiones de la vida de Jesús eliminando supuestas redundancias o contradicciones, el ocultista reconoce la necesidad de una comprensión multidimensional.
Aunque tres de los Evangelios son considerados sinópticos, cada uno ofrece una visión única e indispensable para el iniciado.
Para captar la totalidad del Logos encarnado, el Creador de la Tierra, se requiere una perspectiva cuádruple.
Es útil emplear la analogía de las cuatro fotografías tomadas desde ángulos de noventa grados: una sola imagen es insuficiente para representar la profundidad de un objeto tridimensional, y mucho menos para manifestar la complejidad del Cristo, quien es un universo en Sí mismo. Lejos de ser redundantes, los Evangelios se complementan para presentar la trinidad de atributos divinos —Voluntad, Amor y Sabiduría— unificados en una manifestación humana perfecta.
3. El Evangelio de San Juan: El Rayo de la Sabiduría Suprema
El Evangelio según San Juan nos informa mediante la sabiduría más excelsa, permitiendo que el alma se remonte en las alas de Ideas trascendentes que superan el nivel de la existencia humana ordinaria.
Se vincula simbólicamente con el Águila, pues su visión espiritual se eleva hacia el Verbo resonante que emana de su Fuente celestial.
Esta sabiduría es la irradiación pura de las potencias de los Querubines.
A diferencia de las alas que en el Antiguo Testamento guardaban el Edén o vigilaban el Arca en el Lugar Santísimo, en el Evangelio de Juan las alas de estas jerarquías están totalmente extendidas, irradiando majestuosamente la Luz de la Sabiduría desde las alturas celestiales.
Metafísicamente, esta luz es la condición misma que hace posible el entendimiento; es la irradiación del Ser del Logos en la cual no existe oscuridad alguna, permitiendo que la mente humana reciba intuiciones de las verdades más elevadas.
4. El Evangelio de San Lucas: El Rayo del Amor y la Autoentrega
Este Evangelio está impregnado del atributo del Amor, manifestado como una "oblación" y una rendición total. Aquí, Cristo Jesús se presenta como el Ser que hace de Su propia existencia un sacrificio absoluto, vaciándose de Su divinidad para que la humanidad pueda ser renovada en espíritu.
Es el Evangelio de la sanación por excelencia, donde el Salvador ofrece Su cuerpo, alma y espíritu como sacrificio para la redención humana.
La tradición alquímica asocia este Rayo con el símbolo del Pelícano, que nutre a su prole con su propia sangre, y con el Becerro o Toro, que representa el sacrificio de la naturaleza física en favor de los principios superiores.
Este flujo de amor ígneo, definido como un "fuego de amor que trae calor espiritual", emana del corazón de Cristo y se conecta con las energías radiantes de los Serafines. A través de este Rayo, el "Pan Espiritual de Su Amor" se distribuye permanentemente para la regeneración de sus "hermanos menores", la humanidad.
5. El Evangelio de San Marcos: El Rayo de la Voluntad y el Poder Creador
El Evangelio de San Marcos resalta la fuerza y el poder dinámico que caracterizan al León de Judá, símbolo de la fuerza creadora que ordena y dirige el mundo. En este relato se percibe el poder espiritual del "Sol-Cristo" en su máxima expresión de fortaleza.
Este atributo de Voluntad se asocia con la jerarquía de los Tronos, cuya manifestación física se vincula con la constelación de Leo.
Es imperativo comprender que la Voluntad es el primer atributo de la Divinidad, la fuerza primordial que permite que el Amor y la Sabiduría se manifiesten y alcancen su pleno cumplimiento en la espiritualización del hombre.
A través de San Marcos, el aspirante contacta las fuerzas mediante las cuales el Logos manifiesta Sus planes en todos los planos del ser.
6. El Evangelio de San Mateo: El Hijo del Hombre y la Preparación Histórica
San Mateo presenta el anclaje físico de la divinidad, detallando cómo la Voluntad, el Amor y la Sabiduría se unifican en el vehículo físico de Jesús.
Este Evangelio expone la meticulosa preparación de la sangre a través de las generaciones del pueblo hebreo, bajo estrictas leyes levíticas de dieta y matrimonio, con el fin de construir las envolturas corporales (bodily sheathes) capaces de recibir al Ego Crístico.
Un misterio central en este Evangelio es la figura de la Estrella de Belén, la cual, según la fuente esotérica, tomó una vez el nombre de Zarathustra. Este alto iniciado, quien originalmente discernió al Cristo en el aura del Sol como Ahura Mazdao, no solo guió el camino, sino que su propio ser espiritual fue la Estrella que condujo a los Magos hacia el nacimiento del Salvador.
San Mateo presenta al Hijo del Hombre como el prototipo para el hombre de la era de Acuario.
En este punto de la historia, la Involución ha concluido y la naturaleza humana está estructuralmente completa para recibir al Espíritu. Con la encarnación del Ego Crístico en el hombre Jesús, el Reino de los Cielos se establece finalmente en la Tierra, marcando el momento en que el Espíritu Ego puede comenzar su desarrollo pleno en el vehículo humano.
7. Conclusión: Los Evangelios como Fórmulas de Iniciación
Los cuatro Evangelios funcionan como "fórmulas vivas de iniciación" y herramientas para la reclamación espiritual del aspirante. La vivencia profunda de cada frase, especialmente en el Evangelio de San Juan, tiene el poder de transformar la estructura interna del ser humano, permitiéndole comulgar con lo sagrado.
Para fundamentarse espiritualmente en la Tierra, el aspirante debe integrar esta trinidad funcional: debe Pensar con la sabiduría de Juan, Sentir con el amor sacrificial de Lucas y ejercer la Voluntad creadora de Marcos.
Al unificar estos tres atributos en su propia vida, el estudiante encuentra en el modelo de San Mateo el fundamento humano para reclamar su lugar en el Reino de Dios, convirtiéndose, al igual que el Segundo Adán, en una piedra angular para la restauración de la humanidad.
En Amoroso Servicio
Centro de Estudios de la Sabiduria Occidental Mexico.