DE LAS LEYES GEMELAS

RENACIMIENTO

Y

CONSECUENCIA


CENTRO DE ESTUDIOS DE LA SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO

RENACIMIENTO Y CONSECUENCIA


El verdadero objeto de la vida no es la felicidad actual, sino la experiencia por medio de la cual podemos desarrollar nuestros poderes espirituales latentes y transformarlos en facultades para servir mejor al plan divino de evolución. Dios está evolucionando por medio de nosotros. Nosotros somos células en el cuerpo cósmico de Dios. Estamos espiritualizando materia para Él, a fin de que sea un vehículo en el cual, Él pueda funcionar.


Somos tan necesarios para Dios, como Dios lo es para nosotros. Es tarea nuestra, por consiguiente, el desarrollar nuestras cualidades espirituales y nuestros talentos naturales en el máximo grado, para que podamos colaborar en este gran proyecto.


Los tres grandes objetos de evolución a través de la materia son: primero, la espiritualización del carácter; segundo, el desarrollo de la voluntad por el cual dirigimos las facultades obtenidas por la experiencia; tercero, el desarrollo de la mente creadora, por el cual en su día podremos crear directa y conscientemente.


Si cooperamos con el proyecto divino, la felicidad será la consecuencia que alcancemos.


Para obtener todo este desarrollo, es necesario para el ego renacer en un cuerpo físico muchas veces. Cuando toda la experiencia de cualquier vida ha sido asimilada espiritualmente en los mundos superiores, el espíritu nota el impulso de alcanzar nuevas experiencias, y este deseo le empuja irresistiblemente a la reencarnación.


Nuestro saber respecto a la reencarnación, no queda limitado a la especulación. La reencarnación es uno de los primeros hechos concretos demostrados a los alumnos de la escuela de Misterios. Se les enseña a observar a un niño en el acto de morir; luego a seguir a este niño a través del mundo invisible, día por día, hasta que llega a la reencarnación dentro del período de pocos años. Después de haber hecho esto, el alumno sabe con certeza absoluta que la reencarnación es un hecho y no solamente una teoría metafísica.


El primer paso que da el individuo en el camino de la reencarnación, es elegir a sus padres o hacer que le elijan. Esto no es un asunto de suerte ciega.


Generalmente se nos asignan unos padres a los cuales hemos prestado servicios en vidas anteriores, de modo que están realmente obligados a sernos útiles también.


En esta relación de ideas podremos comprender nuestra obligación de facilitar, siempre que sea posible, los medios para permitir a otros egos volver a nosotros como niños, a fin de que posteriormente ellos puedan prestarnos un servicio igual.


Cuando el ego tiene en su haber cierta cantidad de buen destino, se le permite ver panorámicamente diferentes vidas con diferentes padres, y se le deja en libertad de elegir. Una vez hecha la elección y determinadas las líneas generales de la vida, el ego ya no puede volverse atrás respecto a ella.


Sin embargo, le queda aún su libertad de acción para los detalles. Éstos pueden ser ejecutados en un espíritu de amor, ayuda y tolerancia, o en un espíritu de rebelión, odiando al ambiente en el cual el ego ha sido situado.


Así él, puede libremente crearse a sí mismo un buen o un mal destino para una vida futura.


En el proceso actual, de vuelta a la reencarnación, los distintos átomos-simientes atraen en primer lugar hacia ellos mismos los materiales para una nueva serie de vehículos, es decir, una mente, un cuerpo de deseo, un cuerpo vital y un cuerpo físico.


Estos materiales se introducen, cuando llega la hora, en los nuevos vehículos, y entonces el ego vuelve al renacimiento físico.


Esto ocurre cuando las fuerzas planetarias están en armonía con el destino engendrado por el ego en vidas precedentes.


El ego no puede renacer en ningún otro momento, porque las fuerzas ocultas en sus átomos-simientes lo impedirían.


Después del nacimiento, las fuerzas planetarias que ejercen influencias sobre los vehículos del ego, lo empujan día tras día en ciertas direcciones, en armonía con su destino previamente creado, y así se convierten en ejecutores automáticos de aquel destino.


Sin embargo, las fuerzas planetarias no obligan jamás. Cuando un hombre usa su voluntad para trabajar en unión con la evolución, entonces él domina a las fuerzas planetarias y las dirige.


La Ley de Consecuencia o la ley de causa y efecto está operando continuamente.


Desde el primer momento del nacimiento, las fuerzas que fueron puestas en acción en vidas precedentes y que todavía no están agotadas, empiezan a operar en el niño y sus vehículos. Todos los antiguos amores y odios suben a la superficie.


Antiguos enemigos se presentan, para que el ego pueda elaborar su destino con ellos y transformarlos en amigos. Anteriores amigos ayudan al ego trabajando con él en provecho mutuo.


Así nos acercamos, lenta, pero irresistiblemente, a la época de la amistad universal. Por medio de la ley de consecuencia, el hombre aprende que cada acto tiene su correspondiente responsabilidad, y que cada fuerza que él pone en movimiento, tiene que tener su correspondiente efecto.


Si por negligencia o egoísmo, causa sufrimiento o pérdidas a otros, la ley de consecuencia le traerá fatalmente condiciones semejantes en fecha más remota, y así comprenderá la injusticia de obrar de esta manera.


Si no hace caso de la lección, la naturaleza le deparará cada vez más duras experiencias, hasta que finalmente haga el esfuerzo necesario y obtenga entonces el poder del control sobre sí mismo.


Si los actos que ejecutamos son constructivos y respetuosos en la vida futura naceremos bajo condiciones que nos traerán éxito y felicidad.


Si al contrario, cedemos el paso a nuestras pasiones, desconsiderando a los demás, o si somos indolentes y descuidados, seguramente renaceremos bajo condiciones y entre gentes, que harán que nuestras vidas sean un fracaso, y que nos acarrearán muchas calamidades.


Por estos fracasos, sin embargo, aprenderemos dónde nos habíamos equivocado en vidas precedentes, y sabremos lo que es necesario que hagamos, para remediar lo pasado.


Entonces, aplicando nuestra voluntad a la solución del problema, obtendremos éxito, y la Ley de Consecuencia, desde aquel momento, trabajará en favor de nosotros, en vez de hacerlo en contra.


Durante toda la vida la cualidad que los Rosacruces llaman Epigénesis está en actividad; esta cualidad es el poder de poner en acción a un número limitado de causas nuevas, las cuales no están determinadas ni impuestas a nosotros por nuestros actos del pasado.


Si estuviéramos totalmente sujetos al pasado e incapaces de generar nuevas causas, estaríamos imposibilitados para desarrollar ningún poder creador original, ni habría libre albedrío.


Aquí viene a ayudarnos la facultad espiritual de Epigénesis, capacitándonos, si así es nuestra voluntad, para abrirnos el paso hacia esferas de poder y actividad provechosas, todavía mayores.


del libro Temas Rosacruces UNO


En Amoroso Servicio


El Centro de Estudios de la Sabiduría Occidental Mexico