PARA QUE VUESTRO GOZO

SEA CUMPLIDO


CENTRO DE ESTUDIOS DE LA SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO

PARA QUE VUESTRO GOZO SEA CUMPLIDO

“Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor como yo también he guardado los

mandamientos de mi Padre y estoy en Su Amor. Estas os he hablado para que mi gozo esté en

vosotros y vuestro gozo sea cumplido.” Juan 15: 10 y 11

Cristo Jesús dijo estas palabras a sus discípulos al final de la Última Cena después de reconocer su deuda con ellos lavando sus pies.

En su mensaje final a ellos, del cual este texto es una parte, resumió la esencia de sus enseñanzas durante el Ministerio de los tres años. La caridad, la fe, la esperanza y el valor, son todos transmitidos en el marco de sus conmovedoras palabras.

De todas las nobles emociones que estos inspirados capítulos del Evangelio de Juan incorporan, sin embargo, el gozo es tanto la más elevada como la más transitoria probablemente, entonces como ahora. Ciertamente, en los días que siguieron, los discípulos no tuvieron nada de gozo.

El amor, la fe, la esperanza y el valor pueden haber continuado flameando dentro de ellos durante la persecución y la crucifixión de Cristo Jesús.

No iban a experimentar gozo, sin embargo, sino hasta que el Cristo se presento ante ellos en la mañana del domingo que llegó a ser conocido como la primera Pascua.

En todos los siglos pasados poco gozo ha sido sentido en el planeta Tierra.

El proceso de la evolución humana a menudo ha sido doloroso. Una mirada a las páginas de la historia revela períodos casi continuos de guerra, de trastorno económico, de injusticia social, etc. aliviados sólo de vez en cuando por acontecimientos más brillantes y más esperanzadores.

Por supuesto ha habido felicidad individual y así todos pueden señalar algunos períodos de los que pueden llamarse éxtasis o simplemente puro contentamiento. Los momentos de verdadero gozo espiritual, del tipo inferido por Cristo Jesús son, sin embargo, muy personales e individuales y entre la mayoría de la humanidad infrecuentes, y generalmente no son asunto de registro histórico.

El gozo del cual habló Cristo es espiritual, tanto en origen como en efecto. Está basado en el grado en el cual vivamos la vida y obedezcamos sus mandamientos, nos infunde un sentido de puro arrobamiento inalcanzable de otra manera.

Cristo dio la fórmula por medio de la cual “nuestro gozo sea cumplido”. “El que me ama, mi palabra guardará y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos con él morada.” (Juan 14:23.

Y también: “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros como yo os he amado.” Juan 15:12 Así pues, nuestro gozo será cumplido si practicamos sus enseñanzas de amor, amor dirigido hacia todo ser viviente sin tener en cuenta circunstancias, condiciones o características externas. El gozo espiritual está irrevocablemente ligado al amor espiritual. El uno aumenta al otro y la ausencia de uno automáticamente asegura la ausencia del otro.

La fórmula para el gozo en la Tierra y en los mundos por venir es a la vez la más simple y evidentemente la más difícil de las reglas de conducta que al hombre se le pide que siga. Debiera ser la cosa más fácil del mundo amar a nuestros semejantes quienes son chispas divinas del mismo Dios de quien prevenimos.

La historia humana indica, sin embargo, que de todos los mandamientos, ése ha sido el menos obedecido. Guiado por sus motivaciones esencialmente egocéntricas, el hombre así ha sido y así menudo es todavía, incapaz de darse a sí mismo totalmente en amor a sus semejantes.

De esa manera, por culpa de nadie más que de él mismo, continúa negándose la plenitud del gozo que podría fácilmente tener.

El gozo no sucede simplemente, o es un derecho inalienable del hombre, al cual ése pudiera esperar tener acceso automático. El gozo es el resultado del amor espiritual. El hombre que es incapaz de expresar ese amor o es contrario a ello, no experimentará la plenitud del gozo, no importa a través de cuáles maquinaciones pueda pasar en sus intentos de ser feliz.

El gozo, entonces, es una característica de la vida cristiana esotérica y quien no experimente esa cualidad plenamente no está “viviendo la vida”. Por lo tanto, cualquiera que se queje de tristeza realmente está quejándose de que no se está conduciendo en la forma en que Cristo exhortó a conducirse a sus seguidores.

Ha sido dicho que la vida cristiana es triste, lo que es un descrédito para Dios y una desgracia para sí misma. Esto parece ser doblemente evidente cuando consideramos la exhortación de Cristo a amarnos los unos a los otros y el hecho de que la proporción de nuestro gozo está basada en la proporción de nuestro amor. Si no podemos o no queremos amar a nuestros semejantes, somos un descrédito para el Dios del amor y somos una desgracia para nosotros mismos.

“Si guardareis mis mandamientos estaréis en mi amor como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre y estoy en Su amor.” No puede haber duda de que Cristo fue sostenido muchas veces en Su ministerio terrestre por la ayuda recibida directamente de Dios.

Se nos ha dicho que cuando fue posible, este gran ser abandonó Su vehículo físico al cuidado de los Esenios y salió a orar solo, a tener comunión con esa fundamental Fuente de vida.

Porque lo hizo así, estuvo en el amor del Padre y recibió la efusión cósmica de fortaleza que le hizo posible completar con buen éxito su misión divina a pesar de todas las dificultades.

Si no hubiese estado de este modo en el amor del Padre, obedeciendo Sus mandamientos, su fuente de fortaleza habría sido disminuida y no parece posible que Él hubiese tenido buen éxito en su misión espiritual.

Dada la naturaleza de Cristo, como segundo aspecto del Dios triuno, tal situación sería impensable, sin embargo, la analogía permanece válida. Cristo alcanzó su posición de eminencia evolucionaría precisamente porque, durante eones de desarrollo, se condujo de acuerdo con el más alto potencial existente dentro de Él.

No sería exagerado decir que el amor verdaderamente universal que de Él emana es segundo en intensidad y solamente inferior al de nuestro Dios solar. Así, tampoco sería exageración decir que no obstante el dolor y la frustración de su prisión terrestre y otros tormentos que puedan originarse dentro del ámbito de sus inmensas e insondables responsabilidades, Él ha gustado más la bienaventuranza del gozo cósmico que ningún otro ser dentro de nuestro sistema solar, excepto el Dios solar Mismo.

“Como arriba es abajo”. En el grado en que nosotros nos conduzcamos de acuerdo con el más elevado potencial de nuestro interior, seremos también fortalecidos pro la divina sustentación y nos hallaremos capaces de superar obstáculos inconcebibles. Así apoyados, debemos cultiva el amor de Cristo y experimentar la plenitud del gozo.