ORACION


CARTA DE MAX HEINDEL

A LOS ESTUDIANTES

DE LA FRATERNIDAD ROSACRUZ


CENTRO DE ESTUDIOS DE LA SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO

ORACIÓN

Por MAX HEINDEL

En un párrafo la Biblia nos dirige, o nos exhorta a la oración sin cesar, en otro, Cristo repudia tal práctica diciendo, que nosotros no debemos imitar a aquellos que creen por ser oídos, o por sus muchas palabras.

Por supuesto, no puede haber contradicción entre las palabras de Cristo y las de sus discípulos, y por lo tanto, debemos reconstruir nuestras ideas de oración de tal modo, que podamos orar siempre, y sin embargo, sin gran cantidad de palabras o sea expresión mental.

Emerson dijo: “Aunque tus rodillas nunca se doblen. Tus oraciones constantes llegan al Cielo.

Y ya sean formadas para bien o mal. Son registradas y contestadas también”.

En otras palabras, cada acto es una oración, la cual bajo la Ley de Causa y Efecto, nos brinda resultados correspondientes.

Nosotros conseguimos exactamente lo que pedimos. No es necesaria la exteriorización de palabras, acción sostenida durante cierto tiempo, en dirección de una finalidad determinada por lo que nosotros deseamos, aunque no lo comprendamos bien.

Con el tiempo, más o menos largo, en armonía con la INTENSIDAD de nuestros deseos, viene lo que hemos pedido en nuestras oraciones.

Las cosas guardadas o adquiridas por este modo, puede que realmente no las necesitemos conscientemente.

En efecto, algunas veces podremos alcanzar algo que muy pronto quedaremos sin ello, algo que es un perjuicio, o un azote. Pero el acto de oración nos lo ha traído, y debemos poseerlo hasta que legítimamente podamos desprendernos de ello.

Si nosotros arrojamos una piedra al aire, el acto no queda completo, hasta que la reacción ha vuelto la piedra a la Tierra. (1)

En tal caso, el efecto sigue a la causa tan rápidamente, que no hay dificultad en concebir y conectarlos.

Pero si enroscamos el muelle de un despertador, la fuerza queda condensada en el muelle, hasta que un adecuado mecanismo la liberta, entonces viene el efecto, el sonido de un timbre o de una campana, y aunque nosotros podamos haber estado durmiendo el sueño del olvido, la reacción de desenroscar el muelle, se manifiesta necesariamente.

Análogamente, los actos que nosotros hayamos podido tener olvidados, producirán un día u otro sus resultados, sin importar nuestra consecuencia o no en este momento, y entonces se contesta a la acción de la oración.

Además de esto, hay la verdadera oración mística, la oración en la que nos ponemos frente a frente con Dios, al igual que Elijah (Elias), se puso.

No en el tumulto del mundo, el viento, el terremoto o el fuego, sino, por el contrario, cuando todo está callado, cuando la voz sin ruido habla dentro de nosotros.

Pero el silencio que se requiere para ésta experiencia, no es un simple silencio de palabras, no hay en él, ni aún las imágenes que pasan por delante de nosotros cuando nos abstraemos en la meditación, no hay en él pensamientos, sino que todo nuestro ser, se asemeja a un lago tranquilo y claro como un cristal.

En él, la Deidad se contempla a sí misma, y nosotros experimentamos la unidad, que hace innecesaria la comunicación, sea de palabra o de otra índole, puesto que sentimos todo cuanto siente Dios.

Él está más cercano que las manos y pies. Cristo nos enseñó a nosotros que dijéramos “Padre nuestro que estás en los Cielos, etc.”

Esta oración es la más sublime que puede ser manifestada en palabras, pero la oración mística de la cual acabo de hablar, puede manifestarse al exterior a sí misma en una palabra sin pronunciarla, “PADRE”.

El devoto cuando está en la verdadera disposición de la oración, nunca va más allá, nunca hace peticiones, pues ¿Cuál es la razón de hacerlas? No nos tiene prometido:

“El Señor es mi pastor, y yo no tendré necesidades” No nos ha dicho: “Buscad el Reino de Dios y todas las demás cosas se os darán por añadidura”.

La actitud que adopta quizá puede entenderse mejor, si tomamos el ejemplo de un perro fiel, mirando con muda devoción a la cara de su dueño, en tal momento el inteligente animal, envía toda su alma con intenso amor a través de sus ojos.

Del mismo modo, únicamente por supuesto, con mucha mayor intensidad, mira el verdadero místico a su Dios interno, y se pone a sí mismo, con todo su ser en adoración muda.

En ésta forma nosotros podemos orar internamente sin cesar, mientras trabajamos como servidores celosos en el mundo externo.

Recordemos siempre que no se intenta que abandonemos nuestros deberes, o que soñemos vanamente, sino que a la vez que “oramos internamente a Dios”, debemos “trabajar también para Dios externamente”. (1)

(1)Por la ley de la gravedad

Ser caritativos con todos los seres.-

No somos individuos sino partes de un todo.

El mal de otros nos perjudica.

El bien de los demás nos beneficia.

Todos los seres son sólo formas en que se manifiesta en el Plan Cósmico.

Nuestro egoísmo es tan absurdo como si el estómago, viendo enferma la boca y pudiéndola curar, la abandonara a sus propias fuerzas.

ORACIONES


¡EN AMOROSO SERVICIO!

EL CENTRO DE ESTUDIOS DE LA SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO