LA LUZ

DE CRISTO


CENTRO DE ESTUDIOS

DE LA

SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO


“LA LUZ DE CRISTO”


El primer acto de Dios en la creación del mundo fue la separación de la luz y las tinieblas.

Cuando deseó confirmar a las tribus de Israel Su Presencia, se les apareció en una columna de luz.

De nuevo se les apareció en una brillante luz sobre el Propiciatorio.

Dios siempre ha sido comparado con la Luz y la Vida, la esencia misma del Universo. Tampoco podíamos medir el espacio que nos rodea.

Dentro de este gran espacio que está lleno de la luz de Dios, podemos encontrar otros universos a los cuales solo podríamos llegar después de millones de años a partir de nuestro diminuto planeta, la Tierra.

El espacio infinito està lleno de universos, de soles, de lunas y de estrellas y de otros cuerpos, que están todos y cada uno girando dentro de este gran mar de luz, de esta Vida Infinita que está en todo y a través de todo, pero que está màs allà de la comprensión de la criatura que Dios hizo a su imagen y escogió para que se convirtiera en señor de la Tierra.

Cuán egoísta ha llegado a ser esta criatura; cómo el gran “Yo” rige cada pensamiento y acto suyo, cuan poco es su verdadero conocimiento, y cuánto debe todavía aprender con el fin de ejercer el dominio para el cual fue destinado.

Cuando uno razona las cosas con respecto al propósito del hombre y su destino, como se declara en el primer capítulo del Génesis, cuando Dios creó al hombre a Su Imagen y le hizo el señor de todas las cosas sobre la tierra, y entonces observa el presente estado de conciencia del hombre, con este egoísta modo de vivir, y su exagerada opinión acerca de sus capacidades puede uno imaginar, cuál debe ser el sentir de los seres superiores, los embajadores de Dios, quienes pueden percibir las cosas de la tierra tal como son?.

Cuánto debe ser el dolor y la desilusión de estos grandes seres ante los fracasos, el egoísmo y la crueldad de estos señores de la tierra?

Con cuánta compasión deben orar ellos por los seres humanos, para que puedan recibir la verdadera luz y vencer la ceguera que les ha sobrevenido.

Cuánto deben sufrir cuando sus esfuerzos de ayudar fracasan por que los hombres, viviendo dentro de la misma luz de Dios, prefieren permanecer ciegos; prefieren arrastrarse en el polvo de la vida material; prefieren seguir las concupiscencias de la carne, cuando podrían por medio de un pequeño esfuerzo, elevarse hacia la misma vida y luz de Su Redentor, y bañarse en la felicidad de conocer y vivir como Dios ordenó que viviesen con el fin de llegar a ser como Él.

Hace alrededor de veinticinco mil años la humanidad había llenado los éteres de la Tierra de tal modo, con el mal viviendo carnalmente, que la luz de la vida estaba en peligro de ser apagada en la Tierra, y fue necesario que un Redentor viniese y voluntariamente se convirtiese en la vida y la luz de esta Tierra obscurecida por el pecado.

El gran Arcángel Cristo fue ese voluntario, pero con el fin de convertirse en el Salvador, debía también convertirse en un ciudadano de la Tierra.

Debía andar entre Su pueblo y sufrir como ellos sufrían. Para hacer esto debía esperar que un hombre de esta tierra preparase el cuerpo físico para Él.

Aquel que quisiese hacer este sacrificio debía esperar que un hombre avanzado y elevado porque debía ser capaz de formar un cuerpo puro y altamente evolucionado.

Un vehículo que fuese de baja vibración nunca podría mantener unidos sus átomos, porque se habrían dispersado a los cuatro vientos cuando el espíritu del Arcángel entrase en èl en el bautismo en el Rio Jordán.

Solamente un alma que hubiese pasado a través de muchas iniciaciones podría formar un cuerpo en el cual los átomos vibrasen a la tasa necesaria para recibir a un espíritu como el de Cristo.

El nacimiento de este ego Jesús de Nazaret nos trae cada año el recuerdo de la Navidad.

El nacimiento del bebe en el pesebre es celebrado anualmente con la más grande alegría y la buena voluntad de dar.

Los éteres mismos de la Tierra se llenan en este tiempo del espíritu de felicidad y de la vida recta.

En verdad en este tiempo del año los fuegos espiritual es que están dentro de la Tierra son más fuertes y arden de modo tan brillante que el hombre también es despertado del sueño de la vida material y sus actividades espirituales son más grandes que en ningún otro tiempo.

Esta luz que viene hacia él estimula a vivir una vida más pura y hacer un esfuerzo mayor por despertar a su Cristo interno.

Únicamente cuando el conocimiento espiritual se vuelve una parte de su vida, de modo que pueda ser transformado en el ser que es señor de su propio templo (el cuerpo físico); solamente cuando la conciencia Crìstica ha nacido en él y tomado posesión de este vehículo inferior, puede el hombre realmente sentir y comprender el verdadero espíritu de la Navidad, pero el espíritu de Servicio y de hacer dones materiales es un comienzo de esta conciencia más amplia.

El hombre primero debe aprender los principios de la vida inegoìsta y del servicio desinteresado antes de poder encontrar el sendero a la vida superior, y esto está haciendo gradual y laboriosamente mediante el sufrimiento y las privaciones.

Con el fin de percibir la verdadera Luz de Dios, el hombre debe pensar y trabajar constructivamente.

La sabiduría divina no puede descender a un individuo sino hasta que èl lo haya merecido.

Cristo-Jesús nos dice en Mateo 5:14 “Vosotros sois la luz del mundo”, y aconsejó a sus seguidores de la siguiente manera en el versículo 16 “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos”.

En este tiempo del año, cuando la vibración espiritual (la luz de Cristo) es más poderosa, cuando la Luz de la Vida irradia desde el centro de la Tierra, es cuando el hombre, el Dios en formación, puede más fácilmente entender las enseñanzas más elevadas.

Entonces es también cuando debiera permitir que su luz de amor alumbre en el mundo enfermo del alma.

Volvámonos verdaderamente como dioses, irradiando esta luz desde nuestro interior; que alumbre con simpatía humana y con amor, indicando que el Cristo ha encontrado un hogar dentro de nuestros corazones.

Entonces el mundo también se beneficiará, porque hemos encontrado esta enseñanza cristiana más profunda y estamos haciendo de la luz de Cristo un factor viviente en nuestros corazones.

Trabajemos juntos para ayudar a hacer de la Navidad un tiempo de verdadero regocijo.


LECCIÒN DE FILOSOFÌA PARA EL ESTUDIANTE

NOVIEMBRE-DICIEMBRE 1996


En Amoroso Servicio

El Centro de Estudios de la Sabiduría Occidental Mexico.