LA MUSICA

NOTA CLAVE

DE LA

EVOLUCION HUMANA


CENTRO DE ESTUDIOS

DE LA SABIDURIA

OCCIDENTAL MEXICO

LIBRO LA MÚSICA NOTA CLAVE DE LA EVOLUCION HUMANA


Nota clave de la evolución humana

por

Corinne Heline


Este volumen está dedicado a Santa Cecilia cuya vida altamente inspiracional la hizo un perfecto instrumento de recepción para la transmisión del supremo arte de la Música.

Asimismo a todos los discípulos de la Nueva Era del sublime arte cuya aspiración es encontrar a ésta la más elevada de las artes en un correspondiente excelso nivel.


LA MÚSICA ES EL LENGUAJE UNIVERSAL

DIOS ES SU CENTRO

LA INFINIDAD SU CIRCUNFERENCIA

INTRODUCCIÓN


De acuerdo con el acelerado ritmo de nuestra época moderna, el público común está habituado al hecho que la música esté siendo diariamente considerada como un factor curativo por acreditados practicantes representativos de diferentes métodos endosados por la profesión médica.

Algunos de los hospitales más adelantados están empleando músicos como miembros de tiempo completo de su personal regular.

Esta expansión intensamente interesante del arte de la música con respecto al uso constructivo tiene mucho que ver con los desarrollos preparatorios para la entrante Era Acuariana de Aire, y los científicos ocultos muchas veces lo han anunciado. La era atómica en curso proclama un asombroso avance en la música como medio curativo.

Los más exitosos médicos de la Nueva Era considerarán los vehículos invisibles del hombre junto con su cuerpo físico como formando una completa unidad, pues es sobre los vehículos internos o más finos que la terapia musical produce sus más potentes efectos.

Paracelso, el célebre médico ocultista del siglo XVI, declaró: “El verdadero curador no busca las causas en lo visible sino que trata de entender lo invisible”.

Toda vida es una vibración. La diferenciación se debe a una Vida Divina vibrando en grandes variantes. Por eso, la vibración es la clave para el secreto de ambas, salud y enfermedad, juventud y vejez, la muerte y su última rendición a la inmortalidad. La condición fundamental que es la base para el bienestar del hombre es la armonía.

En obediencia a la Ley de Armonía, el hombre fue hecho “a imagen y semejanza de Dios”. Si él hubiese continuado en función de la armonía con esa ley, las imperfecciones físicas y enfermedades habrían sido desconocidas para él.

Las tendencias del Nuevo Día apuntan a la aceptación del hombre de esta verdad universal junto con una realización interna que está dentro de su propio poder divino para recrear, aquí y ahora, las condiciones según el patrón inicial. Una de las más nobles de todas las artes, la música, está a la vanguardia de ésta la más gloriosa obra: la perfección del hombre por medio del redespertamiento de la divinidad dentro de sí mismo.


CAPÍTULO I


LA MÚSICA CON RESPECTO

A LA EVOLUCIÓN HUMANA

MÚSICA CÓSMICA


La música es la voz armoniosa de la creación; un eco del mundo invisible, una nota de acorde divino que el universo entero está destinado un día a tocar

Mazzini


¡Ah, música, el sagrado lenguaje de Dios! Te oigo llamar y vengo.

Confucio

La evolución del hombre y del planeta en el cual habita puede ser seguida musicalmente lo mismo que espiritualmente. Al hacerlo así descubrimos que ambos trazos proceden en forma simultánea y a lo largo de sendas paralelas. En realidad, las dos permanecen separadas sólo en nuestra limitada percepción. En su esencia están inseparablemente unidas, y en los reinos superiores de existencia se reconoce que el entendimiento musical y la realización espiritual son idénticas.

“En el principio era el Verbo”. Ambos el universo y el hombre fueron creados por el tono. La fórmula musical para este acto creativo está contenida en el mismo primer capítulo del Génesis, el Libro de los Eternos Comienzos, y también en el primer capítulo del supremo Libro del Nuevo Testamento, el Evangelio de San Juan.

En todas partes del universo se escucha una Canción triple que el es Canto de lo Absoluto. La Canción es Una pero posee tres aspectos: Poder, o armonía; el Verbo, o melodía; y Movimiento, o ritmo.

Este canto universal es literalmente la energía primordial por la cual Dios se manifiesta. Es en verdad, un concierto, aunque la sensibilidad humana todavía no sea tal como para poder oírlo físicamente; pero si él lo escucha o no, el hombre en el hecho real vive, se mueve, y lleva su existencia en un universo de armonía tonal.

Las divinas energías emitidas por el Canto de Dios son irradiadas en nuestro universo por las doce Jerarquías zodiacales que rodean nuestro sistema solar.

Cada una de las doce Jerarquías hacen sonar su nota distintiva, la que se registra en la música terrenal como una nota de la escala cromática. Los doce signos pertenecientes a las doce Jerarquías se dividen en cuatro grupos de acuerdo al elemental con el que están relacionados.

Aquellos que pertenecen a las triplicidades de Fuego y Aire cantan en Mayores; aquellos relacionados con Agua y Tierra cantan en Menores.

Juntos forman la “Música de las Esferas”. Cada una de las Jerarquías zodiacales ejecuta una tarea específica y creativa. Mientras las tareas son diferentes, todas son manifestaciones del Único Tono Universal, que es el origen de su energía, fuente de la cual brota toda música.

Este estupendo coro cósmico, está más allá de la capacidad perceptiva del hombre, es bajado a potencias menores por el Logos de nuestro sistema solar, quien es su Creador, y viene a ser conocido en esta tierra como Voluntad (armonía), Sabiduría (melodía), y Actividad (ritmo).

Para aquel espiritualmente iluminado oír la música de las esferas es una experiencia iniciática trascendente. Así como los tonos celestiales son registrados por “los benditos oídos que escuchan”, así también “la bendita vista” registra un arcoíris de colores que acompaña al sonido de aquellos tonos.

Platón estaba entre los iluminados que escuchaban y veían estas glorias celestiales. Shakespeare las describe con entendimiento iniciatorio, y San Juan se refiere a ellas repetidamente al contar la revelación que recibió en la Isla de Patmos.

Ya que el Fiat creativo de tono- impulsado de lo Absoluto es triple en su naturaleza, los números uno, dos y tres son la base de toda manifestación.

Confucio, el Maestro-Iniciado chino, declaró que “del Uno procede el Dos; del Dos viene el Tres y del Tres vienen todas las cosas”.

La teología Cristiana se refiere a este poder triple como la Santa Trinidad y enseña como es debido que de él todas las cosas vistas y no vistas vienen a manifestación.

El UNO representa el punto en el cual el Hombre verdadero, el Espíritu Virgen, se hace cargo del primer velo a medida que desciende hacia la manifestación.

El DOS es dual y separativo, se relaciona con el estado manifestado o transitorio del UNO. Es la fuerza dominante en el presente peldaño de evolución humana.

El TRES representa la Actividad de la Divinidad dentro de la dualidad manifestada. Es la fuerza que mueve hacia la perfección de la completación bajo el poder del siete, el número que compone la escala diatónica.

En la manifestación física el TRES (triángulo) se basa en el CUATRO (Cubo), interpretado como los Tres principios manifestándose en los Cuatro Elementos; u otra vez como el Espíritu triple gobernando sobre la personalidad cuádruple.

Astronómicamente los primeros tres signos del Zodíaco; Aries, Tauro y Géminis representan las tres fuerzas primordiales que se desarrollan progresivamente en los signos que siguen.

Si separamos el Zodíaco en tres grupos de cuatro signos, cada grupo comienza con un signo de Fuego, seguido por un signo de Tierra, luego por uno de Aire y uno de Agua.

Aries - Tauro - Géminis - Cáncer

Leo - Virgo - Libra - Escorpio

Sagitario - Capricornio - Acuario - Piscis


Leyendo en forma horizontal hallamos las triplicidades zodiacales mencionadas previamente como denotando la fuerza cósmica triuna.

Aries proyecta la fuerza de siembra en Tauro, este impreso dual es después proyectado en Géminis; y el impreso triple se repite en cada uno de los nueve signos restantes del Zodíaco.

Como Aries muestra el punto donde el Espíritu entra en su ciclo involuntario, descendiendo en el laberinto de la manifestación, así su polaridad opuesta, Libra, el séptimo signo del Zodíaco, es el punto, o puerta, a través de la cual el hombre pasa cuando cambia los conceptos humanos y el velo de la carne por el conocimiento cósmico y el vestido inmortal del alma con el cual él puede “ir y venir” a voluntad entre los reinos espirituales y el físico que es su reflejo.

Aquí permitámonos decir que la Fraternidad Masónica aconseja a sus miembros estudiar música, matemáticas y astronomía, éstas son las tres ciencias fundamentales de las cuales dependen todos los otros estudios.

Todas las creaciones del sistema solar están formadas por las emanaciones de tono de las doce Jerarquías. La base alquímica de todas las cosas es Fuego y Agua en conjunción con sus elementos complementarios de Tierra y Aire.

Estos preparan la sinfonía zodiacal que el coro celestial interpreta en el supremo cántico: “Y el Espíritu de Dios (Fuego) dio vuelta la faz de las aguas (Agua)”.

Este sublime canto hace eco una y otra vez mediante los acordes antifonales de la poderosa canción de San Juan de ritmo planetario: “El Verbo era con Dios”. En ella el bendito Discípulo transmitió para la humanidad algo del éxtasis divulgado por las Jerarquías celestiales de Aries y Tauro en el mismo comienzo de la creación.

Para repetir en las fuerzas combinadas de Fuego, Agua, Aire y Tierra están el Alfa y Omega de todas las cosas. Esta combinación de poderes está expresada en ciertas claves mántricas, ejemplos familiares de los cuales son INRI, JHVH, AMEN y el VERBO. El poder de la palabra hablada yace oculto en estas claves, también el misterio relacionado con la Palabra Perdida de la Masonería.

Cuando un Iniciado del grado de San Juan pronuncia y mantiene adecuadamente los tonos que llevan estas letras, se convierten en los medios para efectuar milagrosas transmutaciones.

Algo de su poder es impartido al Evangelio de San Juan, en una sublimidad, una grandeza no superada en toda la Biblia. El lenguaje es sonoro, sinfónico, exaltado.

En esta relación es interesante advertir el uso de los números tres y siete en todas partes de este Evangelio. Por virtud de este hecho, sus vibrantes valores continúan cantando su divina canción a través de las centurias.

Así como el primer capítulo del Génesis es claro en su recitación cubriendo los siete días de la creación, nuestro esquema evolutivo es septenario en naturaleza.

El lector más casual de la Biblia no deja de observar la repetición de este número desde el Génesis al Apocalipsis.

En el primero de los siete días creativos el poder cuádruple está potencialmente presente. En los días sucesivos llega a activarse en forma progresiva hasta que alcanza la máxima expresión en el séptimo o último día creativo.

El poder operativo dominante en cada uno de los siete días o periodos está armonizado con la tónica musical de uno de los planetas de nuestro sistema solar.

Así cada día agrega su nota particular al gran conjunto a medida que los poderes innatos del espíritu se hacen más y más evidentes.

Cuando la última o séptima nota ha sido tocada, el poder del Verbo que es Dios, el Todo Bondad, suena en una gloriosa octava, la serie perfecta y acabada.


EL HOMBRE – UN CANTO DE DIOS


Observa con cuidado, y verás musicalmente; el corazón de la naturaleza está en todas partes de la música, si sólo pudieses llegar a él.

Thomas Carlyle

Alguna vez en el futuro cierto tipo de música escrita con el propósito de ayudar a la humanidad a revivir recuerdos de vidas pasadas desde fuera de la mente subconsciente.

Esta será música altamente individualizada, portando, como fuere, una recapitulación tonal de eventos pasados. La base para esta aserción es el hecho que la vida humana tuvo su origen en la música, como lo tuvo el universo manifestado.

Como previamente establecimos, es a través de una adecuada combinación de los principios del Fuego (masculino) y del Agua (femenino) que la vida humana viene a manifestación. Es también por el establecimiento del equilibrio entre estos mismos principios que se efectúa un nuevo nacimiento espiritual a través de la Iniciación.

Para el hombre de ciencia oculta el nacimiento es un evento triple.

El primero es el nacimiento físico, un evento experimentado por la humanidad como un todo.

El segundo es el nuevo nacimiento a través de la regeneración espiritual o Iniciación una experiencia que hasta ahora sólo la han tenido los más avanzados pioneros de la raza.

El tercer nacimiento es la entrada al conocimiento cósmico, que establece el contacto directo con las actividades de las Jerarquías celestiales.

Este es el peldaño de avance de los Maestros y de los Señores de Compasión, aquellos quienes están colaborando con nuestra progresión y evolución planetaria.

Por virtud de haber pasado a través de este nacimiento triple, el gran Maestro egipcio, el Dios Thot, fue llamado por los griegos el Tres veces Gran Hermes, o Hermes Trimegisto.

La Divina Comedia de Dante contiene una velada alusión a sus experiencias personales con las Jerarquías estelares que le fueron posibles luego de haber llevado a cabo el nacimiento triple. Lo que uno ha hecho, otro puede hacerlo.

El mismo sublime logro aguarda a todos quienes se hacen merecedores.

Los instrumentos musicales incluyen ciertos tonos y valores tonales que conciernen a los sucesos celestiales de la pasada evolución del hombre.

Su origen puede ser indagado hasta los recuerdos inconscientes del hombre sobre las verdades pertenecientes a la evolución musical y a la permanencia del alma en el cielo entre las encarnaciones.

Así las notas altas de un violín entregan la más cercana aproximación objetiva al tono del espíritu como es diferenciado en la conciencia universal.

La lira y el arpa son conceptos objetivos de ciertos poderes internos con los cuales el hombre una vez se supo como un instrumento celestial en armonía con la Música de las Esferas. Por esta razón estos instrumentos eran sagrados para los Templos de Misterio del antiguo Egipto y Grecia.

Aunque ahora latentes, los órganos espirituales a los cuales corresponden sólo esperan la revivificación cuando el hombre reclame su temporalmente perdido estado divino.

La música de estos instrumentos es tal que tiende a resucitar desde su mente subconsciente recuerdos de su anterior exaltada condición.

En los primeros peldaños de encarnación humana, la música era usada por las Jerarquías celestiales para moldear los cuerpos humanos.

En la presente era materialista la música es usada para despertar las almas de los hombres.

La música antigua siempre fue altamente espiritual en origen y efecto. Con la caída del hombre en el materialismo y dependencia de sus sentidos físicos, llegó a ser menos y menos así.

Pero la raza volverá a despertar sus dormidos y desusados poderes espirituales; entonces la música recobrará la influencia que una vez ejerció sobre el alma humana en evolución.

La humanidad está destinada a reconocer y usar “la mágica música” con la cal el ciego verá, el lisiado caminará y los velos del materialismo se apartarán conforme la comunión con las Huestes invisibles sea restablecida.

La ciencia espiritual ha descubierto evidencia de cuatro grandes períodos en que la evolución humana ha precedido, junto con la evolución de nuestro universo y sistema solar.

Tres están en el pasado, y la humanidad ahora en el presente cuarto Día Creativo, usualmente conocido como el Período Terrestre, trabaja por liberarse del materialismo.

Restan tres períodos más, o Días de Dios, durante los cuales la personalidad será transmutada en espíritu y el espíritu reunido con Dios en conocimiento consciente de su origen y naturaleza Divina.

Durante los pasados tres Días de Dios y en el presente cuarto Día, las Jerarquías cósmicas han guiado nuestra evolución, y su trabajo para la humanidad está escrito en los cielos estrellados.

Pero aquellos poderes espirituales que hoy vemos externamente como estrellas en los cielos en remotas épocas evolucionarias fueron simplemente vastas radiaciones de inteligencia y poder, incluyendo no sólo los poderes que trabajan sobre la raíz de la materia sino también las energías cósmicas que están individualizadas y concentradas en las emociones humanas.

Los grandes Poderes del universo no son existencias sin sentimientos ni emociones.

Ellos difieren de la humanidad en que sus emociones son de alcance universal, “tejiéndose de estrella en estrella”; mientras que al mismo tiempo están enterados hasta del más diminuto átomo dentro del universo.

El espacio y el tiempo no impiden el funcionamiento de estos potentes Poderes universales.

Sus proyectadas emanaciones crearon las nebulosas y desarrollaron los sistemas solares; y aun cuando alguna lejana estrella es sino una sombra de la estrella real la cual se ha movido hacia adelante en su órbita o quizá desaparecido del espacio, las emanaciones espirituales continúan trabajando.

En el primer gran día de la evolución de la humanidad el espacio era negro; sin embargo el Calor estaba presente en forma cósmica.

A este período se le llama el Período de Saturno. La Jerarquía de las Inteligencias celestiales que tuvo a cargo especial de este período – pues el espacio estaba y está lleno de estas Inteligencias de todas las Jerarquías – fue un ejército de seres asociados con lo que es hoy la constelación de Leo.

En el esoterismo Cristiano son llamados los Señores de la Flama, que es el título descriptivo, “a causa de la brillante luminosidad de sus auras y sus grandes poderes espirituales”, como Max Heindel, un místico Rosacruz, ha dicho: El término bíblico para ellos es “Tronos”.

Estos seres proyectaban en la conciencia humana la semilla-patrón, o arquetipo, del cuerpo físico, que nosotros poseemos hoy día. Esta semilla-patrón echa raíces en un átomo particular del corazón, llamado el “átomo-semilla”, y el hombre llevará este átomo con él hasta haber completado su evolución.

El signo de Leo rige el corazón, donde el átomo-semilla está “entronizado”.

Los Señores de la LLama transmitían el tono que despertaba el poder más elevado del Espíritu Virgen (la humanidad primordial) a la actividad.

En el segundo Día cósmico de Dios se agregó el elemento de Aire al cuadro evolutivo y el Color se convirtió en Luz. En este Período el patrón semilla del “cuerpo vital”, o cuerpo de fuerza-viva, fue entregado al Espíritu Virginal.

Este es el “cuerpo” o principio que hace posible el crecimiento, y que además otorga la libertad de movimiento y el poder de la propagación.

El patrón para este cuerpo fue dado por la Jerarquía de Virgo. En el tercer Día Creativo se agregó la Humedad al Calor y la Luz de los Períodos anteriores.

La condición material resultante de esto fue similar a una “niebla de fuego”, una condición perteneciente a las nebulosas en los mismos albores de la creación.

En el tercer Día cósmico otra Jerarquía, la de Librar, emanaba de si misma el patrón-semilla del cuerpo astral o emocional del hombre.

Con el amanecer del presente cuarto Día creativo el principio de la Mente fue agregado a los tres principios antes mencionados, a saber aquellos de los cuales se desarrollaron los cuerpos físico, etéreo y astral. Este principio Mental fue activado por la Jerarquía de Sagitario, los Señores de la Mente.

En cada uno de los cuatro Días Creativos uno de los cuatro elementos vino a manifestación bajo el poder de la triplicidad zodiacal a la que pertenece. En el primer Día, el elemento de Fuego se manifestó bajo los impulsos combinados de Aries, Leo y Sagitario, las Jerarquías de Fuego.

El trabajo del primer Día, por lo tanto, produjo “Música de Fuego”.

El segundo Día introdujo el elemento Aire a través del trabajo concertado de las Jerarquías de ese elemento, a saber Géminis, Libro y Acuario. Suya fue la “Música de Aire”.

El tercer Día introdujo el elemento Agua bajo las tres Jerarquías Acuáticas: Cáncer, Escorpio y Piscis. La evolución entonces continuó bajo el ritmo de la “Música de Agua”.

El cuarto Día, nuestro presente Período Terrestre, recibió los impulsos de las Tres Jerarquías Terrestres, Tauro, Virgo y Capricornio, las cuales trajeron el elemento Tierra a manifestación para el acompañamiento de la “Música de Tierra”.

¡En verdad el hombre se origina en la música de las esferas!

Debido al materialismo de la presente era, comparativamente pocos se dan cuenta del potencial espiritual de la música o de los elevados usos a los que puede ser dirigida por aquellos quienes saben cómo sintonizar las armonías celestiales. La magia atribuida por la leyenda a la música de Orfeo está destinada a convertirse en una realidad para las masas.

A menudo se describe a la música como la voz del espíritu. Esta poética expresión tiene su fundamento en la realidad. Los espíritus virginales que componen la presente raza humana fueron diferenciados primero en el corazón de Dios a través del poder del Verbo, que hace sonar la tónica musical del universo.

Cada uno de los siete planos cósmicos con los que la vida planetaria de la tierra está relacionada está haciendo sonar continuamente su propia tónica en armonía con la séptuple sinfonía tonal del esquema evolutivo al que pertenecemos.

Así cuando el ego humano desciende desde el más elevado cielo hasta el nacimiento físico es literalmente bañado en música. Es proyectado a existencia por un Canto de Dios; y los varios cuerpos que el ego construye para sí, en y a través de los cuales funciona, son formados por la música de los cielos.

Por esta razón podemos decir que el mapa estelar u horóscopo de un individuo mostrando las posiciones de los cuerpos planetarios al momento del nacimiento es una partitura musical hecha en símbolos planetarios de las disonancias y armonías celestiales a medida que éstas son tocadas en la vida del ego encarnante.

Un horóscopo así viene a ser la signatura musical de una persona.

Primariamente, cada ego está sintonizado con la tónica de uno de los planetas. Por medio de la meditación y el trabajo interno es posible para cualquiera descubrir su tónica planetaria particular.

Conforme uno crece espiritualmente esta nota básica aumenta en volumen e intensidad hasta transformarse en un cántico que supera las disonancias de las configuraciones opuestas o cuadraturas en su carta estelar, y lo funde en un triunfante coral.

Todo el tiempo los cielos resuenan con la música enviada por los innumerables tonos entrelazados de los cuerpos celestes. La mística rueda de la vida que muestra las posiciones estelares en el nacimiento registra sólo los tonos a los que un ego particular responde.

Ocurre una “nota silenciosa” en una carta cuando la emanación musical está demasiado enrarecida para la respuesta individual del ego.

Otras veces, hay fuertes poderes tonales siendo irradiados a través del universo desde ciertas estrellas fijas, notablemente Sirio, Alción y las Pléyades, a las cuales este planeta terrestre todavía no puede responder.

A ambos, al hombre y al planeta le esperan desarrollos casi inconcebibles en el curso de la era atómica que acaba de comenzar.

San Pablo hizo referencia a estas maravillas no descifradas en medio de las estrellas cuando declaró, “Una es la gloria del sol, otra la de la luna, y otra la gloria de las estrellas; pues una estrella es diferente de otra en gloria”. (1 Corintios 15:41).

La ciencia oculta enseña que en los reinos más elevados la música es el principal factor motivante de toda existencia. Por la música las flores florecen y la vida vegetal se sustenta.

Por la música los Seres celestiales se comunican unos con otros; su idioma es el canto. Y por la armonía todos los fenómenos son formados y sustentados. Aunque la humanidad ha perdido ampliamente el contacto con estos sublimes reinos, un eco de ellos permanece con ella. En las palabras de Shakespeare:

Ninguna orbe es tan pequeña que no la puedas contemplar más en su movimiento como un ángel canta, pero mientras esta turbia vestidura de decadencia la envuelva totalmente, no podremos oírla.


LA MÚSICA EN EL PERÍODO PRENATAL


“En el germen, cuando el primer indicio de vida comienza a bullir, la música es la protectora del alma; susurra al oído, y el niño se duerme; los tonos son compañeros de sus sueños – son el mundo en el que vive”.

Bettina

En el mes de Diciembre se lleva a cabo en el interior de los mundos celestiales un ceremonial denominado deseos de renacimiento (Esto corresponde a la época del solsticio de invierno).

Todos los egos quienes van a tomar encarnación física durante el año entrante participan de este magnífico ritual plano-interno.

El esoterista sabe que el espíritu humano o ego nunca es infante.

Estos son espíritus “adultos” quienes toman parte en el ceremonial de venir a nacimiento.

Las Jerarquías divinas los inducen a un repaso, o recapitulación como fuere de las pasadas épocas de su descenso involutivo en la materia, desde el mismo amanecer de la creación, indicándoles los eventos principales; éstos están en turno correlacionados con el período prenatal, que es una recapitulación física de la pasada evolución del hombre.

También se les muestra cuadros de las varias encarnaciones posibles, y usualmente tienen una opción de dos o tres de éstas; pues el ego debe dar su aprobación aún a la más miserable de las encarnaciones.

Esto lo puede hacer en los elevados reinos del Tercer Cielo donde está espiritualmente iluminado y ve el propósito de todas las cosas. Aunque el ego promedio está casi totalmente inconsciente en el Tercer Cielo, y su permanencia es breve, las envolventes Inteligencias de las Jerarquías lo mantienen despierto por un momento mientras se prepara para renacer.

Como los egos descienden sucesivamente desde el Tercer Cielo pasando a través del Segundo y el Primer Cielo, existe una correspondiente actividad en los primeros tres meses prenatales.

Son bañados y sustentados en la música que emana desde el primer, segundo y tercer grupo de Jerarquías estelares. No debemos suponer que estas Jerarquías espirituales están muy lejos en los cielos porque las constelaciones están allí.

El espacio no puede delimitar ni definir al Espíritu. Esto es por lo que los antiguos videntes, observando al planeta o las estrellas, dirían, “El dios (o ángel) descendió y me habló”.

Los esoteristas modernos explican esto diciendo que “un rayo” de la vida del Espíritu planetario desciende sobre la tierra manifestándose en forma como humana a la visión del vidente, aunque en realidad el Espíritu planetario nunca ha abandonado su verdadero hogar en los cielos.

Así también la madre y el niño no nacido literalmente están rodeados por los Ángeles de las Jerarquías de los cielos.

Estos meses prenatales son de vital importancia en la vida de un ego encarnante.

Por lo tanto deben tener una significación especial en las vidas de aquellos quienes se han consagrado al gran privilegio y seria responsabilidad de ser padres.

La Jerarquía de Aries, cuya nota clave musical es Si Bemol Mayor, encierra el misterio de la vida misma. La Jerarquía de Tauro, cuya nota clave musical es Fa Bemol Mayor, contiene el patrón arquetípico de la forma.

La Jerarquía de Géminis, el Serafín, cuya nota clave es Fa Sostenido Mayor, fusiona las fuerzas de la vida y la forma.

Durante estos primeros tres meses prenatales el ego estudia y trabaja con estos patrones arquetípicos que nacieron en el principio de la creación.

En el primer mes, bajo Aries, el ego se encuentra suspendido sobre la madre. La música de Aries es disforme. En el segundo mes, bajo Tauro, el ego entra al cuerpo de la madre. La música de Tauro produce forma.

Durante el tercer mes, bajo Géminis, hay una integración de espíritu y forma. La música del signo dual Géminis intenta juntar las naturalezas espiritual y física del ego. En el cuarto mes, bajo Cáncer, el ego entra en su propio cuerpo. Esta es la época de la animación.

Bajo las cósmicas aguas de Cáncer, la Jerarquía del Querubín cuya nota clave musical es Sol Sostenido Mayor, el cuerpo que está en proceso de formación es alimentado por las aguas de la vida.

Luego es fortificado y nutrido por los calentadores fuegos del amor bajo el gobierno de la Jerarquía de Leo, cuya nota-clave musical es La Sostenido Mayor.

Las fuerzas de estas dos Jerarquías, Cáncer y Leo, están unidas e incorporadas al embrión en desarrollo bajo la dirección de Virgo, cuya nota-clave musical es Do Natural.

Durante los últimos tres meses prenatales las fuerzas armoniosas de la Jerarquía de Libra, cuya nota-clave es Re Mayor, une y polariza las fuerzas femeninas de Escorpio, cuya nota-clave es Mi Mayor, con las fuerzas masculinas de Sagitario (Fuego), cuya nota-clave es Fa Mayor.

Así se forma el perfecto templo-cuerpo – “Una casa no hecha con las manos” – que el ego encarnado va a ocupar durante su peregrinación terrenal.

Los tres primeros meses después del nacimiento el ego es rodeado y protegido por la Jerarquía de Capricornio (Arcángeles) cuya nota-clave musical es Sol Mayor, y Acuario (la humanidad Perfeccionada), cuya notaclave musical es Si Mayor.

En esta época el infante armoniza mucho más con el mundo celestial y sus Seres celestes que con la tierra y su humanidad. Las luces del cielo a menudo juguetean de un lado a otro de la cara de un bebé; y sus Ángeles guardianes dejan su impreso sobre él como un suave y luminoso halo.

Durante estos tres meses inmediatamente siguientes al nacimiento el ego, en su cuerpo infante, todavía es un ciudadano del cielo, enterado de la tierra sólo a intervalos, y así pasa mucho tiempo durmiendo.

Está consciente de los seres plano-internos quienes van y vienen, mezclándose con los seres físicos quienes se preocupan de su cuerpo. Desde los tres a seis meses de edad el infante aprende a relacionarse claramente con el mundo material, y la clarividencia infantil disminuye bruscamente en este punto, aunque continúa para quedarse, en algún grado, a través de toda la niñez y algunas veces durante toda la juventud.

Así alrededor de los tres meses de edad, el ego en renacimiento ha recapitulado el ciclo entero de su pasada evolución, y está listo para un nuevo ciclo de experiencia.

Ha recorrido el circuito celestial desde Aries a Piscis; la Jerarquía de Aries contiene la imagen arquetípica del hombre dios; la Jerarquía de Piscis manifiesta sobre la tierra al hombre

“hecho a imagen y semejanza de dios”.

Bien pueden los Ángeles cantar, “¡Está terminado!”.

En el trabajo del nacimiento, la nota dominante de la sinfonía cósmica de doce cuerdas es tocada por la Jerarquía que está gobernando el mes natal del ego entrante.

Obsérvese, sin embargo, que durante el período prenatal, y hasta los tres meses post-natales incluso, las doce Jerarquías creativas fueron divididas en cuatro grupos de tres cada uno, que podemos denominar “trinidades” más que “triplicidades”.

La primera trinidad consistía de Aries, Tauro y Géminis, con la mayor influencia operando por medio del tercero de estos signos, Géminis; el elemento correspondiente es Aries.

La segunda trinidad consistía de Cáncer, Leo y Virgo, con Virgo la influencia dominante, y Tierra el elemento.

La tercera trinidad consistía de Libra, Escorpio y Sagitario, sus fuerzas fluyen a través del elemento Fuego.

La cuarta trinidad, que consistía de Capricornio, Acuario y Piscis, trabaja principalmente a través del elemento Agua.

Así tenemos los cuatro elementos de Aire, Tierra, Fuego y Agua como la base de la creación. Aquí se halla la importancia del VERBO en el Evangelio de Juan:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.” (Juan 1: 1,2). Este Verbo es el Elohim del Libro del Génesis.

¡Cuán elevado y santo es el período prenatal! ¡Y cuán sublime y trascendental la labor de formar el cuerpo-templo del hombre!


LOS COLORES PRIMARIOS

CON RESPECTO AL

DESARROLLO PRENATAL


Una evolución continua durante el período prenatal sincroniza la forma, el color y el tono – una escala cromática de color como también de tono.

Los primeros tres meses el ego responde en forma dominante a los tonos azules; los próximos tres meses, a los tonos amarillos; el sétimo, octavo y noveno mes, a los rojos.

Después del nacimiento, un matiz resultante de la combinación de estos tres colores primarios revela en un aura fulgurante color la condición evolucionaria del ego.

Con respecto a la Trinidad, el azul es el color del Padre; el amarillo, el de Cristo; el rojo, el del Espíritu Santo.

Descubrimos, por lo tanto, que en el desarrollo prenatal se requiere del poder del Padre para iniciar la formación de un nuevo cuerpo; el principio cohesivo del amor, para llevarlo hacia adelante a través de su segunda etapa; el principio activo del Espíritu Santo, para completar la tercera y última fase inmediatamente precediendo la entrada a una existencia física independiente.

Es sólo cuando consideramos más que una serie de atributos y cualidades asignadas a la Trinidad, y observamos como armonizan y se sustentan uno a otro con respecto a los procesos lógicos en la naturaleza como podemos observarlos en ciertos puntos, que llegamos a una convicción de que las asignaciones de colores o tonos o principios a Seres o aspectos de Seres, o a fases de desarrollo, no son ni arbitrarias ni puras abstracciones inventadas por el intelecto humano. Son realidades existiendo en la misma esencia de las cosas.


HORÓSCOPOS MUSICALES


Una de las más eufónicas de todas las frases es la Música de las Esferas. En cierta etapa de su progresivo logro, cada Iniciado experimenta una “iluminación por sonido” en que la Música de las Esferas viene a ser para él una realidad viva.

Como el Dr. Rudolf Steiner ha dicho:

Si logramos apartar la barrera interna entre el cuerpo etéreo y el cuerpo físico, y si podemos entonces mirar dentro del cuerpo etéreo y dentro del cuerpo físico, oiremos una música resonando en el cuerpo etéreo y también en el cuerpo físico.

Estos sonidos son el eco de la armonía de las esferas que el hombre recogió cuando descendió desde el mundo divino espiritual al mundo físico.

Uno de los próximos desarrollos de esa ciencia largamente perdida de la terapia musical – una ciencia que hoy está siendo recobrada con gran rapidez – será el horóscopo musical.

Este se basará en las correlaciones entre la escala cromática de doce tonos y las doce Jerarquías zodiacales que circundan nuestro sistema solar; y también entre la escala diatónica de siete tonos y los siete planetas (incluyendo esta tierra) que pertenecen a nuestro sistema particular.

La Biblia se refiere a estos planetas como los siete Espíritus ante el trono de Dios. Cada nota de la escala cromática hace sonar la nota clave de uno de los doce signos zodiacales mientras las notas de la escala diatónica armonizan con los tonos de los planetas.

Cuando este fascinante aspecto de la música astrológica sea desarrollado, nos daremos cuenta de cuán literalmente cierta es la referencia poética a un cuerpo sufriendo males físicos o mentales como “dulces campanas que sonaban discordes, fuera de tono y con rudeza”.

Si adaptamos la carta radical a alguien a la música, podremos oír su canción natal. Los trinos y cuadraturas de los aspectos planetarios sonarán como armonía y discordancia respectivamente.

Los así llamados aspectos malos son las discordancias que nosotros hemos creado en el pasado por tocar las claves equivocadas o por no haber aprendido cuales son las correctas.

Las concordancias, en cambio son las alegres proclamaciones de la próspera armonización con los ritmos universales mediante las pruebas superadas y las lecciones aprendidas.

Fue a través de la aplicación científica de tales hechos básicos que Pitágoras, quizás el más adelantado así como el más célebre músico terapista de todos los tiempos, efectuó tales maravillosas curas de cuerpos, mentes y almas.

Con la magia de la música él trató cada tipo de enfermedad. Las emociones destructivas del temor, ira, sensualidad y así sucesivamente fueron “tocadas hacia abajo” mientras que los impulsos ennoblecedores del alma fueron “tocados hacia arriba” hasta un grado donde llegaron a ser curadores y regenerativos.

Aristóteles concebía a la música como incluyendo la astronomía, y así la enseñaba. Platón definía a la música como “la ley moral”.

La “Música”, dijo, “entrega alma al universo, alas a la mente, vuelo a la imaginación, un amuleto contra la tristeza, alegría y vida a cada cosa. Es la esencia del orden y conduce a todo lo que es justo, bueno y bello”.

Esa es la divina misión de la música. Cuando se emplea en conjunción con la ciencia de las estrellas, y se aplica a un individuo en conformidad con su patrón de vida como revelado por su carta natal, una fase de la curación será practicada que será digna de la sabiduría enseñada en los antiguos Templos de Luz.

Los horóscopos musicales serán parte de esa práctica, pues en ambas, en su constitución interna y externa el hombre es formado de acuerdo con el movimiento musical de las estrellas. El hombre es, en la misma verdad, un “canto de Dios”.

La gran Naturaleza tenía un millón de palabras en lenguas de árboles y cantos de aves, pero ninguna que el corazón del hombre pudiera inspirar, hasta que la música llenó las pipas de Pan.

Henry Van Dyke

CAPÍTULO II


ORÍGENES PRE HISTÓRICOS

MÚSICA DE LEMURIA

Música…un tipo de idioma inarticulado, insondable, que nos conduce al borde de lo infinito.

Thomas Carlyle


Los elementos de Fuego, Aire, Agua y Tierra son los más importantes en el esquema evolutivo de la tierra; de hecho, sin estos cuatro elementos la vida sobre este planeta sería imposible.

El fuego fue el primero en ser descubierto y usado por el hombre en los días de Lemuria.

Fue, por lo tanto, el elemento dominante relacionado con la raza Lemuriana y un factor principal en sus creencias y ceremonias iniciáticas.

La habilidad para caminar sobre carbones encendidos y para sostener bolas de fuego en las manos es un recuerdo fragmentario de los antiguos días aún retenido por algunos pueblos primitivos.

La música que acompañaba a los Ceremoniales de Fuego Lemurianos era salvaje y misteriosa, pues armonizaba con el ritmo de las flamas saltarinas.

En esta música tuvo su progenie el jazz, tan popular en el mundo de hoy. El cuerpo de deseos del Lemuriano necesitaba un reanimador así los Grandes usaban esta peculiar música rítmica para estimular su actividad.

En el curso de los años esta fuerza de fuego interno despertada condujo a prácticas mal dirigidas que reaccionaron en las correspondientes fuerzas de fuego planetarias, resultando en la destrucción del continente Lemuriano por la acción volcánica.

Los seres humanos que habitaron la antigua Lemuria tenían muy poca semejanza con los de nuestro tiempo. Durante la primera parte de esa época, lejana por muchos millones de años, su forma corpórea fue meramente embrionaria.

En un largo espacio evolutivo pasó a través de sucesivas transformaciones hasta que, en la remota Lemuria, hubo asumido una forma algo similar a su presente entorno, aunque su textura era muy diferente.

Antes que condensara en substancia física los vehículos de esta primera humanidad eran más bien tenues y plásticos. Podrían, de hecho, ser considerados como casi una forma de sombra.

Por consiguiente, el cuerpo todavía no se había desarrollado hasta el punto donde el ego pudiese llegar a habitarlo. Estaba sólo magnéticamente unido a su cuerpo y se hallaba, por lo tanto, en un estado libre que le permitía ir y venir a voluntad.

La mente como hoy la conocemos aún no existía. La humanidad infante – y era realmente infantil – estaba bajo la dirección de las Jerarquías superiores, Seres espirituales a quienes solemos llamar dioses.

No obstante, los primitivos Lemurianos vivían en estrecha armonía con la naturaleza. Su vida estaba íntimamente entretejida con, y en efecto era una parte integral de las mismas fuerzas de la naturaleza.

Su vista interna estaba abierta a las muchísimas actividades de las criaturas invisibles (para nosotros) que conforman el lado vital de la naturaleza en su totalidad, mientras su oído interno registraba las sublimes armonías con las cuales la naturaleza se mueve, y en y a través de las cuales lleva a cabo sus múltiples operaciones.

Además, fue según las leyes que yacen ocultas bajo la naturaleza que sus cuerpos originales se formaron, desarrollaron y sustentaron.

Cuando la humanidad esté lo suficientemente espiritualizada para reconocer la relación de la música con su evolución, descubrirá como las armonías celestiales que emanan de las Jerarquías zodiacales, nuestros guardianes estelares, ejercieron una formativa influencia en cada etapa de su desarrollo; y que cada paso ha sido acompañado por la orquestación celestial adaptada para cada proceso creativo.

El hombre en formación era bi-sexual. Las polaridades masculina y femenina, ahora enfocadas cósmicamente en el Sol y la Luna respectivamente, ejercían una influencia similar sobre los cuerpos plásticos de la temprana humanidad.

Pero esto fue en una época cuando la tierra yla Luna todavía eran parte de la orbe solar. En una etapa posterior cuando la tierra fue arrojada desde el Sol y, en una fecha aun posterior, cuando la Luna fue lanzada desde la tierra, estas dos polaridades dejaron de tener una expresión igual y balanceada en seres humanos individuales.

Algunos respondían sobre todo al polo positivo centrado en el Sol, mientras otros respondían al polo negativo enfocado en la Luna. Eventualmente, esto resultó en la división de la humanidad en dos sexos separados con el hombre y la mujer apareciendo en escena.

Entonces fue que las armonías emanadas de las Jerarquías estelares llegaron a diferenciarse en dos ritmos ahora conocidos como mayor y menor.

Los tonos mayores, masculinos en potencia y objetivos en carácter, fueron proyectados a la humanidad por medio de la fuerza del Sol. Las notas menores, femeninas en calidad y subjetivas en naturaleza, fueron dirigidas a través de las fuerzas de la Luna.

Mientras que el hombre hasta ahora había evolucionado bajo los ritmos divididos de una sola escala, hoy estaría sujeto a dos.

Aquella que armonizaba con los tonos mayores tendían a arrastrarlo a condiciones de creciente densidad; aquella que armonizaba con los menores conducía su alma al más íntimo contacto con los poderes del espíritu.

Como la Época Lemuriana estaba predominantemente bajo la influencia de la Luna, su música armonizaba con los más sutiles matices menores.

Era una música extraña, lastimosa, sobrenatural. Sus ecos persisten en la música de Java y otras Islas de los Mares del Sur, estas tierras son remanentes del continente Lemuriano.

Podemos adivinar la naturaleza interior de cualquier pueblo si penetramos inteligentemente en su música. Por ningún otro medio puede determinarse con tanta exactitud la calidad de su vida y la etapa de su desarrollo.

A menos que seamos capaces de visualizar los cuerpos plásticos y fluidos de aquellos primeros Lemurianos jamás entenderemos la influencia que la música ejercía sobre ellos. Literalmente daba contorno y característica a sus vehículos en desarrollo.

Las envolventes fuerzas de la naturaleza fluían a través de ellos sin impedimento alguno. Vivían en medio de los gigantescos árboles de su región, y sus poderosos bosques era áreas sagradas en donde se observaban los festivales de estación.

Los ritos Iniciatorios de sus sagradas estaciones eran gloriosos eventos dispuestos para la música, es decir, para la armonía de las esferas.

Los bailarines del Templo Lemuriano duplicaban los movimientos y ritmos de los orbes celestes, su “Música de movimiento” era audible para los devotos danzantes.

Ciertos centros espirituales o “luces” dentro de sus cuerpos eran despertados por medio de estas danzas ejecutadas en la más sublime reverencia y profunda devoción.

Los bailarines eran siempre elegidos de entre los más altamente evolucionados de los aspirantes del Templo.

Los Templos forestales eran para los Lemurianos su Santo de Santos. En estos sagrados santuarios ocurrían los principales eventos de sus vidas. Estos eran nacimiento, Iniciación o iluminación espiritual, y muerte – eventos que correspondían a los tres pasos de desarrollo en todas las escuelas esotéricas y a los primeros tres grados de las logias fraternales.

Fue en los Templos forestales y bajo la dirección angelical que la propagación de la raza tuvo lugar a veces de acuerdo con los propios ritmos estelares, la música de los cuales era audiblemente absorbida y transmitida a la función de construcción del cuerpo.

Los sensitivos egos Lemurianos respondían especialmente al poder del amor. La conciencia era continua ya que los egos aun no habían descendido lo suficiente en la vida material para correr un velo entre los planos externo e interno de existencia.

Por eso, la muerte como nosotros la conocemos era desconocida. Cuando los cuerpos habían cumplido su período de utilidad eran desechados casi del mismo modo como algunos animales periódicamente cambian sus pieles.

Un cuerpo generado bajo tales condiciones concordaba perfectamente con la propia nota estelar del ego.

Por el poder de esa nota podía renovar o eliminar su cuerpo a voluntad. La enfermedad aun no se había convertido en una aflicción, así la vida era un alegre canto y al tierra era todavía un reflejo del Jardín del Edén.

Puesto que la raza Lemuriana estaba regida por la Luna, respondía fuertemente a las fases siempre cambiantes de esa orbe. En época de Luna Nueva y Llena se liberaban poderosas fuerzas así era entonces que ellos observaban sus místicos ritos iniciatorios.

Estos no estaban dirigidos a los planos internos como ahora sino a los externos, ya que la evolución Lemuriana dependía sobre todo del funcionamiento objetivo en desarrollo.

La música era un potente factor que los habilitaba para hacer un necesario descenso en la materia.

Con este descenso la diferenciación entre los sexos se hizo más marcada, y se realizó a través de los ritmos Mayores y Menores que acompañan a la Luna Llena y Nueva respectivamente. En noches de Luna Nueva las fuerzas femeninas se precipitaban a través de las menores celestiales; en noches de Luna Llena las fuerzas masculinas se precipitaban por medio de las mayores.

Más tarde, cuando la humanidad Lemuriana había entrado de lleno a la existencia física y cuando, al caer en la vida sensorial separativa del mundo material, el nacimiento y la muerte marcaron las fases diferenciadas de la existencia, la entrada a la manifestación física fue acompañada por música adaptada a las armonías mayores; mientras la entrada a los mundos internos, a través de la puerta que nosotros llamamos muerte, armonizaba con los acordes menores.

Así vemos cuán profundamente cierto es que el hombre es un ser musical.

Su origen está en el Verbo pronunciado. Por el sonido fue sustentado y por la música evolucionó. Lo que él registró subconscientemente en Lemuria un día conscientemente lo sabrá. Entonces ya no considerará a la música como un arte más o menos desprendido de la vida, ni pensará en ella, primeramente como tema sólo para el deleite estético. En lugar de eso, reconocerá a la música como un factor vital en la evolución física, mental, emocional y espiritual de toda la raza humana.


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