UNA PLEGARIA UNIVERSAL PARA LA PAZ



CENTRO DE ESTUDIOS DE LA SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO



Aquellos que han caminado por el Sendero de la Luz parecen ser más respondientes al concepto de la Hermandad Universal que aquellos que no están comprometidos con ninguna clase de actividades metafísicas.

Cuando nuestro deseo de lo que es Bueno, Verdadero y Bello nace en nuestros corazones, hemos puesto el pie en el Sendero de la Luz, sea que lo sepamos o no, desde ese momento en adelante hemos declarado la guerra al mundo y a cualquiera que oculte la Luz.

Al principio es una lucha subconsciente entre nuestra aspiración a más Luz y nuestro rechazo a las tinieblas y sus malignas manifestaciones en nuestro mundo diario.

Pero pronto esto brota al aire libre, y a medida que se hace más consciente nos encontramos uniéndonos a más personas en su búsqueda de una vida mejor en un mundo mejor.

Dependiendo de la naturaleza de nuestras aspiraciones, tenemos toda clase de grupos combatiendo por toda clase de ideas, es más que probable que estemos en varios de esos grupos antes de hallar el que se acomode estrechamente como sea posible a nuestro ideal o meta.

El movimiento ideal no ha nacido todavía; todos los estamos creando colectivamente por medio del ensayo y el error.

Hay todavía otra guerra, y esta es una que es peor que las otras, porque se declara dentro de uno mismo.

Estas aspiraciones hacia lo que es Bueno, Verdadero y Bello, comienza a luchar con nuestros propios defectos y somos conducidos a comprender que tenemos dos yoes: el pequeño, llamado el yo personal o inferior, que lleva nuestro nombre y está lleno de Bondad, Verdad y Belleza.

Una vez que el Yo Superior es despertado mediante nuestras aspiraciones, esta espantosa guerra comienza entre los dos (2), en nuestro propio interior.

La meta es llevar al yo pequeño a servir al Yo Superior y no al revés.

Antes de que podamos alcanzar la meta, varias cosas deben suceder:

Debemos cesar de combatir aquellos que no nos gusta, y en lugar de eso debemos transmutarlo; esto es, crear lo opuesto, lo que nos gustaría ver en su lugar y convertirnos en él y ser un ejemplo; en otras palabras, fundamentarlo en nuestras propias vidas.

Esto demanda valor, persistencia y esfuerzos conscientes.

Es importante comprender que el mundo es una ilusión en la que nos reflejamos nosotros mismos.

Cualquier cosa que no nos gusta en los demás o en el mundo, es un reflejo de algo oculto en nosotros que necesitamos transmutar.

El mirarnos a nosotros mismos y al mundo desde este ángulo, nos ayudará a hacer rápido progreso hacia el dominio de nosotros mismos.

Cuando cesamos de echar las culpas a los demás y aprendamos a aceptar la responsabilidad individualmente en nombre del todo, expandamos nuestra consciencia desde lo individual a lo colectivo: en un accidente la mano no puede culpar al cerebro del daño; todo el hombre debe aceptar la responsabilidad.

Sin tales cambios de consciencia, no puede haber nacimiento del Cristo interno.

Porque Cristo es Espíritu Universal. La única puerta a través de la cual nuestro ámbito se expande desde el contexto de parte al contexto del todo.

Cristo consistió en señalar el camino cuando aceptó echar los pecados del mundo sobre Sus hombros, ser crucificado y resucitar en un plano superior de consciencia (cruzando paredes y puerta cerradas), estando ese plano dentro de nosotros mismos, por supuesto.

Cuando aceptamos estas responsabilidades por los demás, elevamos nuestras conciencias y despertamos el Cristo dentro de nosotros mismos. Nunca deberíamos pensar que somos mejores que él, que ella o la cosa contra la cual estamos en contra, porque ellas son solo instrumentos para enseñarnos lecciones que por nuestra parte somos demasiado lentos en aprender.

Somo criaturas frágiles.

Hoy nos mantenemos limpios, fuertes y justos, pero mañana caemos en otras tentaciones, a causa de nuestra ceguera espiritual.

La clave aquí es la humildad.

Si creemos que el desarrollo de nuestras facultades espirituales es como una carrea que tratamos de vencer a todos los demás, estamos equivocados.

En esta carrera el que quiera ser el primero debe ser el último.

El egoísmo no funciona. Solo el amor (Cristo) es la respuesta.

Por causa del amor, no deberíamos desear que fracase ninguno de nuestros hermanos o hermanas, ni que se quede atrás, ni que sea rechazado.

Debemos desear que ganen, aun si tuviésemos que perdernos para ayudarles a ganar, porque el Verdadero Amor es abnegación total.

“Porque el que quisiere salvar su vida la perderá;

y el que perdiere su vida por causa de mí, y del evangelio, la salvará.”

Marcos 8:35.

Muchas otras cosas seguirán cuando hayamos trabajado en lo antes citado.

Debemos comprender que siempre el primer paso, el que es más duro de dar. Pero una vez que nos decidimos a caminar, nos sorprendemos de encontrar que las cosas no son tan difíciles después de todo, porque somos “ayudados” desde el otro lado del velo.

Esta ayuda es extraordinaria, y podemos llevar a cabo cualquier cosa en la que pensemos.

Muchos milagros suceden diariamente. Somos tan ciegos que aún ni los vemos, y por lo tanto no podemos disfrutar de su pleno valor, ni ayudar a multiplicarlos, por falta de gratitud y aprecio.

La humanidad está todavía en estado infantil, y el tierno cuidado de la Madre Tierra y del Padre Cielo todavía es muy necesario. Pero la humanidad está creciendo.

Es tiempo de cortar el cordón umbilical; la humanidad debe emanciparse de “papito y mamita” para hacerse confiada en sí misma y responsable.

Cuando los pajaritos no quieren abandonar el nido, la madre pájaro lo saca a patadas literalmente. Su obligado primer vuelo viene como una liberación, abriendo una nueva vida ante ellos, y el primer susto pronto desaparece.

Es únicamente cuando aceptamos la crucifixión del yo pequeño, lleno de temores, ilusiones y limitaciones, que permitimos la posibilidad de nuestra resurrección en una forma superior de existencia.

En ese lado superior del Yo encontramos Paz, Verdad, Armonía, Amor, etc… todas las cosas que traen unidad y solidaridad entre los hombres y crean la Hermandad Universal.

Esta meta puede ser alcanzada y lo será cuando aprendamos conscientemente a transmutar el mal en bien, fiel y persistentemente cada día.

Mucho antes que nosotros, se vieron confrontados con el mismo reto.

Uno de ellos se levantó con unas pocas palabras que podemos usar tan eficientemente hoy como el día en que fueron pronunciadas:

ORACIÓN POR LA PAZ.

Señor, hazme un instrumento de Tu Paz.

Donde haya odio, déjame sembrar amor.

Donde haya injuria,…………………….Perdón.

Donde haya duda,………………………………Fe.

Donde haya desesperación,…..Esperanza.

Donde haya tinieblas,……………………….Luz.

Donde haya tristeza…………………….. Alegría.

¡Oh divino maestro!, concédeme que no busque tanto:

Ser consolado,…………………. como consolar.

Ser comprendido,………..como comprender.

Ser amado,……………………………..como amar.

Porque; Dando,…………………………es como recibimos.

Perdonando,….es como somos perdonados.

Muriendo por ti, es como nacemos a la Vida Eterna. .

- San Francisco de Asís (1182-1226) . -