PASADO Y FUTURO


PASADO Y FUTURO

Es razonable suponer que si nuestras acciones pasadas han ayudado a crear nuestras condiciones presentes, entonces nuestra situación futura dependerá de la manera como aprovechemos las oportunidades que se nos brindan en el presente.

Una vez que creamos esto y lo aceptemos como la verdad , nos daremos cuenta que en nuestro interior yace la fuerza necesaria que nos permitirá continuar nuestro camino hacia la perfec­ción.

Cada mañana tomamos nuestra vida donde la dejamos la noche anterior y tratamos de solucionar los problemas que se nos presentaron el día previo.

De igual manera , tenemos que tomar nuestra presente existencia y trabajar con las cosas que hemos dejado inconclusas en nuestras vidas anteriores. Tal como Oliver Wendell Holmes dijo:

"Construye más imponentes mansiones, o alma mía,

según las veloces estaciones ruedan.

Haz que cada templo nuevo sea más noble que el pasado.

Abarca un espacio celeste más ancho,

hasta que por fin te veas libre,

dejando tu vieja concha junto al inquieto mar de la vida".

Es imperativo que comprendamos que todos tenemos el privilegio y el poder para escoger la dirección que nuestro sendero debe tomar.

Si utilizamos el conocimiento y la comprensión que tenemos acerca del verdadero objeto de nuestras vidas, podremos rectificar nuestros errores pasados y planear la adquisición de las facultades que todavía no poseemos.

¡La elección es nuestra!

Salomón escogió la sabiduría y el conocimiento y pidió al Señor le diera un corazón entendido.

Leemos en 1Reyes, Capítulo 3:"Y agradó delante de Adonai que Salomón pidiese esto". Y "he aquí, lo he hecho conforme a tus palabras:

He aquí que te he dado un corazón sabio y entendido,

y aún también te he dado cosas que no pediste: riquezas y gloria."

Más adelante leemos que Salomón gobernó verdaderamente con sabiduría y le mostró a su pueblo el camino que debía seguir.

En la presente fase de nuestro desarrollo, hemos llegado al punto en el que nos vemos obligados a buscar en nuestro interior con el fin de encontrar lo que reacciona y responde al amor y la sabiduría que nuestro Creador sembró en cada uno de nosotros al comienzo de nuestra peregrinación.

Estas cosas están latentes y son poderes que hay que despertar y desarrollar.

El Espíritu Humano reconoce que el egoísmo es lo que ha cegado al hombre y lo ha hecho insensible a las necesidades de sus semejantes y a ignorar los pro­blemas y sufrimientos que los aquejan.

El hombre de negocios que honestamente no tiene en cuenta las necesidades de sus empleados, no podrá tener éxito en su labor; igualmente, el agricultor que trabaja la tierra de un modo egoísta, robando al suelo de sus minerales naturales, pronto se encontrará enfrentado a campos estériles.

Así, pues, el egoísmo frustra nuestros propios designios en nuestros contactos con el mundo exterior.

La influencia del egoísmo nos da muy poco tiempo o inclinación para el cultivo del alma, que es una parte tan esencial en nuestra vida si consideramos todo el sendero evolutivo y no solamente el presente.

En la Fraternidad Universal, el egoísmo tendrá que pasar a un segundo planó para que todos podamos buscar lo que es mejor para la colectividad.

Tan extraño como pueda parecer , si cada persona comienza a pensar en las necesidades de los demás y olvidar su propio adelanto, esto trae como consecuencia el desarrollo de su carácter y de todo su ser.

Después de pasar por el dolor y el sufrimiento, nuestros aciertos y errores nos conducirán a la conclusión de que solamente lo Bueno, lo Verdadero y lo Bello, nos traerán los resultados que estamos buscando .

Un punto muy importante cuando comenzamos a considerar la formación de nuestro carácter, es el de no cometer el error de confundir la inocencia con la VIRTUD.

Tenemos que demostrar que podemos resistir la tentación , la cual en sí misma no es pecado: es un terreno de prueba.

Jesucristo mismo fue tentado al principio de su ministerio y después, cuando tuvo que estar entre sus seguidores, entendió lo que significaba el resistir la tentación.

El también se dio cuenta de los tormentos que cada persona tenía que vivir en este mundo, en el cual las tinieblas son siempre compañeras de la luz.

En "Cartas a los Estudiantes", Max Heindel dice lo siguiente:

"La más elevada forma de aspiración a la virtud es el constante esfuerzo por practicarla en nuestras vidas diarias.

Pero mientras nos esforzamos por cultivar las virtudes, es científico planear con anticipación el uso que haremos de la vida futura, de la misma manera como planeamos ahora por anticipado el uso que haremos del día siguiente ..."

El no hacer las cosas que sabemos son negativas, nos trae a menudo sufrimiento y frustración al sentir la lucha entre la parte superior e inferior de nuestra naturaleza, pero, ¿de qué otra manera podemos for­talecer nuestra voluntad y probar nuestras verdaderas intenciones?

"Todavía no hemos llegado al estado de perfección", esto es algo evidente; al mismo tiempo, estamos aprendiendo por experiencia propia que el camino del transgresor es duro.

Parsifal, el pobre inocente iluminado por la piedad, comienza su bús­ queda : el es puro pero contesta a las preguntas que se le hacen acerca de la lanza sagrada con las siguientes palabras:

"no sé".

Sin embargo, al volver de su largo viaje en el que fue acosado por sus enemigos, da una respuesta diferente:

"vine después de buscar y haber sufrido".

Cuando el hombre llega a este punto de su evolución, se vuelve cada vez más consciente de la espiritualidad que es capaz de reflejar desde su interior.

Entonces, aprende a tener un criterio más amplio y práctico de la vida espiritual, lo cual lo ayuda a adelantar un paso más en el sendero.

En nuestro peregrinaje en la materia a través de las muchas vidas que hemos vivido bajo las más variadas circunstancias, con la ayuda de Dios y de Sus Divinas Jerarquías, todos nos convertiremos eventualmente en "Constructores de Templos".

La vida es un don que Dios dio al hombre, y en cada vida nos enfrentamos con ciertas tareas que debemos llevar a cabo en cualesquiera de las condiciones en que nos encontremos.

En el sendero espiritual que estamos transitando, nos damos cuenta de la guerra que se libra entre la carne y el espíritu, y como San Pablo, tenemos que decir muy frecuentemente:

"Porque no hago el bien que quiero; más el mal que no quiero, éste hago".

Es por lo anterior que debemos tomarnos el tiempo necesario para tomar las decisiones más adecuadas, guiados por nuestro Yo Superior, y sin importar que estemos abrumados por la urgencia de nuestras actividades diarias.

La lucha interna que se nos presenta para la ejecución del bien, nos trae un precioso fruto: mediante el sufrimiento y el dolor que experimentamos en nuestras vivencias, obtenemos la comprensión del objeto de nuestras experiencias y así podemos extractar la lección o lecciones que nos son necesarias para nuestra búsqueda espiritual. Y al final de toda esta lucha, oiremos la invitación que ansiamos oír:

"Bien , buen sier­vo y fiel, entra en el gozo de tu Señor".

LECCION MENSUAL DE FILOSOFIA

Febrero de 1990


En Amoroso Servicio


El Centro de Estudios de la Sabiduría Occidental Mexico