EL SIGNIFICADO

DE LA PASCUA

ASCENCION





CENTRO DE ESTUDIOS DE LA

SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO

EL SIGNIFICADO DE LA PASCUA

“Para los iluminados la Pascua simboliza el amanecer de un alegre día en que toda la humanidad, al igual que Cristo, será permanentemente liberada de los apretados confines de la materialidad, y ascenderá a los reinos celestiales para convertirse en columna de fortaleza en la casa del Padre, de la cual no saldrá más”

-Max Heindel-


Todos los seres humanos son simplemente peregrinos sobre la Tierra.

El hogar verdadero del Espíritu está en el mundo celeste, y nuestros esfuerzos deben dirigirse hacia un retorno a ese mundo tan rápidamente como sea posible.

En lugar de eso, sin embargo, a menudo parecemos estar haciendo lo mejor que podemos para posponer el día de nuestra permanente liberación de la esclavitud de la Tierra.

El propósito de la vida es experiencia, y el propósito de la experiencia es crecimiento.

La vida tiene lecciones definidas que enseñar, y cuanto más pronto las aprendamos, más pronto alcanzaremos ese crecimiento y llegaremos a nuestro día final de liberación.

Cuanto más pronto seamos liberados, más pronto será también Cristo liberado de su anual prisión en la Tierra.

Así pues, por su causa como por la nuestra propia, nos es necesario aprender nuestras lecciones prontamente.

Podemos hacer esto sólo si nos adaptamos a las reglas del recto vivir y a los requerimientos de la Ley Natural, haciendo a un lado los motivos egoístas en favor de los altruistas.

Las iglesias ortodoxas enfatizan mucho los sufrimientos soportados por Cristo Jesús durante sus últimos días sobre la Tierra, particularmente sus tormentos en la cruz.

Aquellas pocas horas de dolor intenso, sin embargo, fueron nada comparadas con el dolor que Cristo ahora sufre por nuestra causa.

El hecho de la prisión en substancia física es en sí mismo extremadamente torturante para un Ser Espiritual de su talla. Además, Él debe ahora llevar una “corona de espinas” mucho más dolorosa que la corona material original colocada sobre la cabeza de Cristo Jesús.

La presente corona es una que nosotros ayudamos a confeccionar.

Se compone de los pensamientos y acciones indignos de la humanidad.

Las fuerzas destructivas generadas por nuestras pasiones son eliminadas por las fuerzas vitales del Cristo, pero cada acción mala que cometemos, cada mal sentimiento que expresamos o mal pensamiento, le ocasiona otra estocada de dolor.

Únicamente tenemos que considerar el número de personas que hay hoy día en el mundo para tener alguna idea del tremendo peso de esta carga sobre los hombros de Cristo.

Es apropiado, por lo tanto, que en esta temporada prestemos alguna atención a los sufrimientos de Cristo:

No tanto por lo que fueron sino por lo que son.

A través de los siglos, los cristianos practicantes han lamentado las torturas de Cristo Jesús y sentido que, de haber estado presentes, hubiesen intervenido en su defensa.

La mayoría de ellos, sin embargo, no se percataron de que ellos y toda la humanidad continúan infringiendo inconsciente crueldad al Salvador, y que en realidad es raro el ser humano que no contribuya a los sufrimientos de nuestro Señor.

Muchas personas también deploran la flaqueza de los Apóstoles, quienes se durmieron en el Getsemaní después de que el Maestro les pidió que orasen con Él.

También están completamente seguros que, de haber estado presentes, ellos habrían permanecido despiertos para hacer su mandato.

Harían bien en estimar, tan honradamente como sea posible, sólo cuán bien están viviendo de acuerdo con sus mandamientos, si están satisfechos de que su conducta y pensamientos son continuamente puros, elevados y aparejados para el bien general de la humanidad, pueden estar razonablemente contentos.

Si no, sabrán que también ellos están contribuyendo al presente sufrimiento de Cristo, y que tienen mucho trabajo que hacer con ellos mismos.

Durante los siguientes doce meses, trataremos de ayudad al Cristo en sus servicios a la humanidad, viviendo nuestras vidas tan inegoísta y hermosamente como sea posible y refrenándonos conscientemente de toda acción que le produzca dolor

Siendo humanos ciertamente tendremos caídas.

Si podemos recuperarnos de ellas rápidamente y, si ayudados por el ejercicio de retrospección nos reorientamos de nuevo a lo largo de canales adecuados de conducta, creceremos considerablemente antes de que la Pascua vuelva de nuevo.

También nos aprovecharemos de la materia de deseos más refinada suministrada por el Cristo, y en esta forma también nosotros habremos purificado nuestros vehículos en algún grado.

Aunque es apropiado que dediquemos algún tiempo durante esta temporada a una apreciación de cómo podemos ayudar a aliviar los sufrimientos de Cristo, es correcto también que participemos en las alegrías de la Pascua.

La Pascua, como sabemos, señala la liberación anual del Espíritu de Cristo de la Tierra, y el comienzo de su periodo de ASCENSION y descanso.

Aquellos que están armonizados pueden ver el glorioso conjunto de las huestes angélicas que aguarda su salida de la Tierra y oyen el coro angélico de la salutación.

La humanidad y todas las cosas vivientes también tienen razón de regocijarse porque la renovada herencia de vida ha sido transmitida a la Tierra.

La infusión de su vida ha instituido un periodo de crecimiento y aumentando la actividad en la planta, el animal y el hombre.

Las plantas crecen y llegan al pleno florecimiento, los animales se propagan y multiplican, y el hombre es fortalecido e imbuido con energía y valor para enfrentarse a las lecciones de la vida y aprovecharse de ellas.

En las Enseñanzas Rosacruces se nos enseña que si el gran Espíritu de Cristo no hubiese venido a la Tierra para redimir a “los que estaban perdidos”, otra luna habría sido expulsada, porque el hombre bajo el régimen de Jehovah, había dedicado sus energías casi solamente a la búsqueda del provecho material.

La condición de su desarrollo espiritual era deplorable. Cuando Cristo, como Espíritu Planetario interno, difundió por primera vez su cuerpo de deseos a través de la Tierra, nos dió el material espiritual más fino con el cual mejorarnos y redimirnos.

Este continuo don hace posible para nosotros perseverar y progresar en la evolución. De este modo tenemos motivo para regocijarnos tanto en el plano espiritual como en el físico.

La comprensión de las actividades espirituales que culminan en esta estación es de infinito valor para el aspirante.

Comprende que no existe la muerte, sólo una transición de una esfera de actividad a otra. Sabe que, cuando esté preparado, alcanzará su propia verificación de la inmortalidad que recompensa a aquellos que llegan al pleno potencial de perfección posible en la vida terrestre.

La continua naturaleza del servicio y su importancia en la evolución también es puesta de relieve en este tiempo del año.

Cristo Jesús fue crucificado con el fin de que el Cristo pudiese continuar sirviendo a la humanidad desde dentro de la tierra y más intensamente que nunca.

Lejos de estar confortable y permanentemente entronizado a la diestra de Dios en un sentido literal, como algunos creen, el Cristo, después de la la crucifixión, se lanzó a lo que fue entonces el esfuerzo culminante de su ya insigne misión un esfuerzo que ha continuado a través de los siglos.

El hombre, Jesús, también continúa sirviendo en los reinos superiores, donde juega un papel vital guiando el desarrollo espiritual de sus semejantes.

De éste modo se nos recuerda que el principio del servicio es uno de los factores fundamentales de la evolución.

Cuanto más altamente evolucionado sea el espíritu, más grande es el papel que el servicio inegoista juega en sus actividades.

Vemos, entonces, que el significado de la Pascua es múltiple y trascendente, abarcando lo físico y lo espiritual, el presente y el futuro.

En el grado en que el Cristo haya nacido dentro de nosotros, podemos percibir y apreciar el verdadero significado de esta estación sagrada. Cuando por primera vez tomamos nuestra cruz y le seguimos, comenzamos a comprender sus sufrimientos, así como su determinación y constancia en el servicio.

Cuando viviendo como Él quisiera que viviéramos, finalmente nos liberamos enteramente de la cruz de la materia, avanzaremos hasta la plena comprensión de nuestra propia inmortalidad.

Sabiendo esto, entonces, que podamos todos aumentar nuestros esfuerzos por vivir la vida que conduce a nuestra liberación y a la Suya.

En Amoroso Servicio

El Centro de Estudios de la Sabiduría Occidental Mexico