AMA A TU PROJIMO COMO

A TI MISMO




CENTRO DE ESTUDIOS DE LA

SABIDURIA OCCIDENTAL MEXICO

AMA A TU PROJIMO COMO A TI MISMO

En San Marcos 12, versículos 30 y 31, leemos:

"Amarás, al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,

con toda tu mente, y con todas tus fuerzas: este es el principal mandamiento.

Y el segundo es éste:

Amarás a tu prójimo como a tí mismo.

No hay otro mandamiento mayor que éstos".

Todos conocemos bien estos mandamientos, y cada uno de nosotros, a nuestra manera hacemos lo mejor que podemos por adherirnos a ellos.

Lo que nos interesa no es que la mayoría de nosotros trate de amar a nuestros prójimos con variables de éxito, sino cuántos consideran alguna vez la importancia de amar "a tu prójimo como a tí mismo".

Al analizar este mandamiento, particularmente a la luz de sus dos palabras finales, parece estar implicado que tenemos un sentimiento positivo y bondadoso hacia nosotros mismos.

No indica ello que únicamente podemos amar verdaderamente a nuestro prójimo... y consecuentemente manifestar ese amor en forma constructiva si pensamos lo suficientemente bien de nosotros mismos antes de que comencemos?

Parece ciertamente razonable que cualquiera atormentado con la duda de sí mismo, o el auto aborrecimiento, no tenga una alta opinión de sí mismo.

Consecuentemente, si vamos a tomar la fraseología de ste mandamiento literalmente, por lo menos, no podemos tener una alta opinión de nuestro prójimo tampoco. o podemos amar a nuestro prójimo puesto que no nos amamos a nosotros mismos, sino que muy probablemente miraremos a nuestro prójimo con duda o también repugnancia.

Si alguno halla motivo para decir Yo me odio a mí mismo", puede decir cualquier cosa mejor acerca de su prójimo?

Si él, consciente o conscientemente, se considera ineficaz, inconsecuente, indigno, inferior, inadecuado, inartístico, sin talento, o cualquiera de docenas de otras características o atributos negativos, puede él salir del atolladero de la esperanza, repugnancia y semejante bajo amor propio, como para que tales sentimientos engendren suficientes pensamientos de verdadero amor a su prójimo?

Parece difícilmente probable.

Puede, por supuesto, y probablemente lo haga a menudo suficientemente, ver a su prójimo o a alguna otra persona conocida, como el resumen de todo lo que siente que él no es, y, en consecuencia, mirarle, o con go rayano en la veneración, o con envidia.

En ningún caso están sus sentimientos a tono con la característica gel VERADERO AMOR FRATERNAL.

La envidia, por supuesto, genera pensamientos negativos de toda clase, y obviamente, no conduce al amor.

Mirar a una persona con reverencia es atribuirle cualidades que pertenecen al triple Ser Supremo.

Tarde o temprano la ilusión está sujeta a hacerse añicos, y el individuo que se encuentre bajo la ilusión estará más desanimado que antes de comenzar a venerar a su amigo.

De nuevo, el amor fraternal no puede resultar de tal condición.

Además, puede una persona envuelta en una nube de duda de sí misma y de auto-repugnancia ver cualquier cosa con la adecuada perspectiva, sea otra persona, o cualquier manifestación material o espiritual?

Su deformado concepto de sí mismo no puede sino deformar su concepto de toda otra cosa de su alrededor, y este en un pantano de desconfianza y de negación, que se ensancha continuamente, que le hace ser cada vez es dispuesto a cuestionar motivos, a juzgar mal el carácter, exagerar aparentes errores y desaires, y volverse da vez más incapaz de reconocer la belleza y la bondad cuando las encuentre.

En tal situación sería imposible que el amor a su prójimo se desarrolle en su corazón.

Lo que hoy en día se denomina baja auto-estima, o sea tener de uno una pobre o baja opinión, es automáticamente negar la Divina Chispa Interna, y verse uno con una falsa luz.

Por supuesto es posible, y bueno, que una persona deteste el mal o los pensamientos y hechos negativos que haya cometido o traído a la existencia.

Pero una vez que estos males hayan sido reconocidos, depreciados y rechazados, viene rápidamente tiempo de procurar la restitución y dejar que los males queden atrás, prometiendo no permitirles tomar forma nuevo.

Pensar en ellos y en lo que algunos de nosotros somos propensos a considerar nuestra "indignidad" n gran frecuencia, no puede causar sino daño.

Es además importante reconocer y recordar las cosas malas que podamos cometer y el Ego o Espíritu, que es nuestro verdadero "Yo", son dos cosas diferentes.

Nada que nosotros o cualquier ser o circunstancia pueda crear puede cambiar la innata DIVINIDAD QUE ESTA DENTRO DE CADA UNO DE NOSOTROS, y no importa a que profundidad puedan hundirse nuestros Pensamientos y acciones, el verdadero Espíritu interno permanece puro, y con el tiempo alcanzará su divino destino.

En Amoroso Servicio

El Centro de Estudios de la Sabiduría Occidental Mexico